MUNDIAL 2014 | ESPAÑA-CHILE

La noche más cruel para Xabi Alonso

En otro partido nefasto de España, el de Tolosa protagoniza dos jugadas que deciden el duelo

Claudio Bravo detiene el disparo de Xabi Alonso.
Claudio Bravo detiene el disparo de Xabi Alonso. Clive Rose / Getty Images

Un mal pase y a España le pilló el toro, chileno, de nombre Maracanazo. De la cornada tardará en recuperarse el fútbol español porque la herida es de las que dejan huella, de las que hacen historia y se recuerdan toda la vida. España sufrió ayer su particular noche negra en Maracaná y la fatalidad se llevará por delante a más de uno de esta cuadrilla, a la que habrá que estar siempre agradecido por tanto arte, tanto trofeo. La noche fue especialmente cruel para Xabi Alonso, a quien resulta tan injusto señalar como culpable como evidente que su protagonismo en el desastre español de ayer fue siempre para mal durante los 45 minutos que jugó. Después fue sustituido por Koke.

Xabi Alonso le selló a La Roja el pasaporte de vuelta a España con un mal pase y le dio la tarjeta de embarque al cometer la falta que generó el segundo gol de los chilenos. Jugó medio tiempo que ni él ni España olvidarán nunca. Por el camino, llegó tarde a un balón dividido y se llevó una tarjeta amarilla de recuerdo. Quien pensaba que el descalabro español contra Holanda se gestó cuando Del Bosque decidió sustituirle ya sabe que estaba equivocado. Ayer, sin Alonso, España no perdió el control ni la cabeza. Sin Xabi fue más equipo, más grupo, pero tampoco le sirvió de nada, salvo para maquillar algo su imagen.

El equipo se acobardó cuando tocaba rebeldía y resulta evidente que está fuera de forma

Un equipo que ha vivido y se ha hecho grande a golpe de pases, con promedios de control del balón espectaculares, empezó a morir ayer en el minuto 20 del partido por el error en una entrega fácil. Alonso perdió el pase, Ramos el sitio y España empezó a hacer la maleta.

Tenía razón Del Bosque; los cambios en la alineación no debían interpretarse como un castigo para los sustituidos porque al final los cambios no mejoraron demasiado al equipo. Con Javi Martínez y sin Piqué a su lado, Ramos siguió dando la sensación de que se quedó en Lisboa; y sin Xavi en el campo, Diego Costa no rentabilizó ninguna asistencia (tuvo tres y las falló todas), aumentando la sensación de que le faltan kilómetros de vuelo para amoldarse a la idea de juego del campeón del mundo, que ya no lo será el 13 de julio.

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En un equipo que se acobardó a la primera el día que tenía que sacar la rebeldía, resultó evidente que algunos futbolistas han llegado a Brasil fuera de forma. Seguramente obedece a ello la suplencia de Piqué o el pobre nivel de Jordi Alba, lesionados los dos durante buena parte del último tramo del curso; o la falta de definición de Costa, duda hasta última hora por sus problemas musculares. Otros han comparecido castigados por el peso del campeonato, como Iniesta, Silva y Busquets, o el mismísimo Xavi, ausente del decisivo encuentro de anoche, y los del Madrid, extrañamente, han sido muy débiles a nivel anímico. Casillas, Ramos y Alonso, los tres campeones de Europa de La Roja, han sucumbido mentalmente de buenas a primeras, incapaces de aguantar el desplome de un equipo que ayer murió en la plaza, como los grandes, en otra faena que nada tuvo que ver con la de las grandes noches.

Xabi Alonso, cabizbajo, recibió en la puerta del túnel de vestuarios a sus compañeros y cerró el partido. Hace tiempo que dejó de ser uno más dentro del grupo, demasiadas cuitas pendientes. Ya no importa porque ya nada volverá a ser lo mismo. La obra que el propio Xabi ayudó a crear, la historia más grande de la historia del futbol español, terminó ayer en Maracaná. La función llegó al final con un mal pase de Xabi.

Casillas, Iniesta y Torres, tras la eliminación.
Casillas, Iniesta y Torres, tras la eliminación.ALEJANDRO RUESGA

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