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Nadal tiene hambre

El número uno devora 6-1 y 6-3 en 1h 9m a Hewitt en su debut en Miami

Rafael Nadal, en su partido contra Hewitt.
Rafael Nadal, en su partido contra Hewitt. EFE

Rafael Nadal ganó 6-1 y 6-3 en 1h 9m a Lleyton Hewitt, exnúmero uno mundial, en su debut en el Master 1000 de Miami. A falta de nuevas pruebas, como la que ofrecerá el uzbeko Istomin en tercera ronda, el español recuperó ante el número 44 algunas de sus señas de identidad y pareció competir sin pensar en los dolores de espalda que le atenazaron en la final del Abierto de Australia. Estuvo intenso, eléctrico de piernas y afilado en el drive. Tras caer en tercera ronda de Indian Wells, se vio una versión mejorada del número uno mundial. Del Nadal impreciso y desdibujado que dejó California se pasó a uno mucho más reconocible en Miami, donde remató con más contundencia que en la cita precedente, sacó con más potencia, se movió con más fluidez y el sorteo también fue más amable pese a que le colocó frente a un competidor de prestigio.

Desde el ritmo solo Djokovic, Ferrer y Murray pueden inquietarle

Si en Indian Wells la suerte enfrentó sucesivamente al número uno mundial con Stepanek, que cerca estuvo de ganarle, y Dolgopolov, que lo logró, en Miami el debut le citó con Hewitt. Todo un contraste de estilos. Si el primer Master 1000 del curso le hizo levantar el telón contra tenistas anárquicos, que juegan desde el talento y la intuición, el segundo torneo de la categoría le permitió arrancar contra un competidor que basa su discurso en el ritmo, el esquema repetitivo y la intensidad. Nadal, que ni siquiera tuvo que defender una bola de break ante Hewitt, al que le rompió el saque en los dos primeros juegos, agradeció el cambio, pese a que el australiano subió el nivel en la segunda manga, haciendo honor a su fama de tenista fiero. Puesto ante un jugador más predecible y con una propuesta más cómoda para sus características, el campeón de 13 grandes fue encontrando su sitio en la cita sin agobios. Sin obligarse a heroicidades. Caminando por terrenos conocidos. Desde el ritmo solo Novak Djokovic, David Ferrer y Andy Murray pueden inquietarle. Hewitt quiso hurgar en sus dudas jugando con agresividad y contraatacando como en sus buenos tiempos, pero solo encontró solidez granítica.

El torneo de Miami ha cobrado un significado inesperado para Nadal, que a principios de año decidió que competiría o no en él en función de sus resultados previos. Es una cita en la que el español se mide a sí mismo. La juega, entre otras cosas, porque Indian Wells fue una decepción. Como no la disputó en 2013, le permite sumar puntos en un año en el que tendrá pocos caladeros en los que regocijarse con vistas a defender el trono del tenis frente a la candidatura de Djokovic. Hoy el torneo es un examen: a Nadal, que aún busca mejorar sus porcentajes de primer servicio, le sirve para saber dónde está, cómo está y qué debe exigirse en la gira europea de arcilla, su terreno de caza preferido, que arranca justo después del torneo americano.

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