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OPINIÓN

La cicatriz que fragiliza el bíceps

Messi abandona el campo en presencia de Martino
Messi abandona el campo en presencia de Martino EFE

La lesión de bíceps femoral, uno de los músculos isquiotibiales, en la parte posterior del muslo, es típica del fútbol y de los velocistas, pues se produce al acelerar o desacelerar. En el fútbol el riesgo aumenta porque los tacos de las botas permiten desaceleraciones brutales, estiramientos excéntricos que acaban rompiendo la fibra muscular.

Otro factor de riesgo es la existencia de una lesión previa (y Messi ya ha sufrido varias en ambas piernas), pues la cicatriz que deja la lesión antigua es dura y fibrosa, menos elástica que el músculo original, y ello fragiliza las zonas periféricas de la antigua lesión. El músculo sería como una rama verde, muy difícil de quebrar; la cicatriz, en esta analogía, sería una rama seca, quebradiza. Por ello es fundamental estirar bien y trabajar muscularmente esta zona. Por eso el grito más repetido por los fisios de todos los equipos del mundo es ¡estirar isquios, estirar isquios! Los estiramientos son el trabajo preventivo fundamental para ablandar la cicatriz, pues cuanta más cicatriz más frágil es el músculo.

A un maratoniano nunca se le rompe este músculo; a un esprínter, frecuentemente

El fútbol, sobre todo para los delanteros, es un deporte anaeróbico. No es un deporte de carreras largas y lentas, sino cortas y explosivas, de sprints repetidos en ausencia de oxígeno. Ello, el funcionamiento sin oxígeno, produce acidosis metabólica en el músculo, lo que lo fragiliza más aún. A un maratoniano nunca se le rompe el bíceps, a un esprínter, frecuentemente, y no es extraña la imagen de un velocista en una carrera de 100 metros echándose la mano a la parte posterior del muslo gritando de dolor y cayendo al suelo redondo inmediatamente.

Las nuevas técnicas de tratamiento, con plasma rico en plaquetas (prp) u ortokhine permiten mejorar la curación y reducir el tiempo de recuperación. No es un tratamiento agudo, sino subagudo, es decir, que se practica entre la primera y la segunda semana después de producirse la herida, una vez que se ha reducido el hematoma de la lesión. Hasta entonces, el futbolista debe permanecer con la pierna afectada en reposo, aunque sí que puede seguir haciendo ejercicio con la parte superior y la otra pierna.

El día de la intervención se le extrae al propio futbolista una pequeña cantidad de sangre, que es inmediatamente centrifugada. Los glóbulos rojos y blancos se desechan y se conservan los factores de crecimiento contenidos en el plasma, que se reinyectan en la zona lesionada guiando la aguja con una ecografía.

Una lesión de este tipo, sin más tratamiento que el reposo, tarda en curar normalmente entre seis y ocho semanas. Con la inyección de prp este plazo se acorta hasta cuatro semanas y, por otra parte, se consigue una mejor reparación del músculo.

Luis González Lago ha sido médico del Atlético de Madrid de balonmano. Trabaja en el Baniyas, de la liga de fútbol de Emiratos Árabes Unidos.

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