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El héroe que lo dio todo por el mar

Sir Peter Blake, que murió defendiendo el medio ambiente, está considerado por muchos como el participante más importante de la vuelta al mundo a vela

Sir Peter Blake levanta la Copa América de 1995.
Sir Peter Blake levanta la Copa América de 1995.

Para muchos, era el más experto, el más emblemático y el mejor de los navegantes que ha pasado por la Vuelta al Mundo a Vela. El neozelandés Sir Peter Blake, ese capitán alto, rubio y apacible que mantenía la calma a bordo aunque el mundo se le cayese encima, marcó un antes y un después en la competición. Y dicen quienes le conocieron que, además, era un perfecto caballero. Su muerte de forma violenta, en un barco en el Amazonas, lo convirtió, si cabe, en una leyenda aún mayor.

Forjado en pequeñas regatas en su Nueva Zelanda natal, como joven promesa de la vela que era a principios de los setenta, estaba llamado a formar parte de una nueva aventura de la que algo había escuchado: se trataba de la primera edición de la Whitbread World Race, el precedente de la Volvo Ocean Race, que partió en 1973 del puerto de Portsmouth (Reino Unido). Blake había dado el salto a Europa tras deshacerse de una embarcación que él mismo había construido.

Murió en manos de un grupo de piratas, que abordaron el 'Seamaster' para llevarse solo un motor y relojes

El inicio de su leyenda coincide con el comienzo de la competición: fue el ganador de la primera etapa de la primera edición. Eso sí, en la siguiente etapa, que partió del puerto de Sydney, tuvo que abandonar por unos problemas estructurales del barco.

Era un habitual en las primeras ediciones de la Whitbread, a la que siempre llegaba apurado y con unas embarcaciones algo endebles. Durante esos años, combinaba su pasión por el mar, que tenía desde niño, con otros trabajos terrenales: fue empleado en una fábrica e intentó obtener la licencia de piloto aérero.

Pero su destino estaba en el mar. Se sobreponía a las adversidades con las que se encontraba en sus barcos en plena competición y mantenía la misma serenidad tanto si había que rescatar a un compañero de tripulación como si había que achicar agua de la embarcación. Tal fue su tesón que Sir Peter Blake ya estaba listo para dar el siguiente paso: tras años de aprendizaje, en la edición de 1981-1982 ya era capitán a bordo del Ceramco. Y en 1989-1990 se convertía en el primer hombre en participar en cinco vueltas al mundo... y en arrasar ganando las seis etapas de la competición.

Tras su paso triunfador por la primeras ediciones, Peter Blake, ya toda una leyenda en su país, prefirió dedicarse a otros asuntos: ganar otras competiciones en los noventa para su país como la Copa del América.

Pero, sobre todo, cada vez se fue interesando por otras materias, que poco tenían que ver con la competición y por lo que hoy es más recordado: consciente de lo que el mar le había dado, luchó en los últimos años por la concienciación sobre la protección del medio ambiente. Sus actividades filantrópicas, su concienciación y sus logros en el mar lo hicieron caballero del Imperio Británico en 1995. Pese al título, era habitual verlo navegar cerca de la Antártida o en el Amazonas con el fin de concienciar a la comunidad internacional sobre la necesidad de conservar los oceanos.

En 1990 se convirtió en el primer hombre en participar en cinco vueltas al mundo

Precisamente, su final llegó en medio de una de estas batallas: murió a los 53 años de manos de un grupo de piratas en un ataque en plena expedición en el Amazonas. Era el 5 de diciembre de 2001, en medio de una viaje en el que pretendía alertar de los perjuicios del cambio climático y la contaminación. Estaban anclados en el puerto de Macapa, en el brasileño delta del Amazonas. Viajaba con una tripulación formada por 14 personas, su hija incluida. A las nueve de la tarde de ese día, un grupo de seis encapuchados se subió al Seamaster, la embarcación que había ordenado construir. A gritos de “dinero, dinero”, uno de ellos apunto a la cabeza de un miembro de su tripulacion. Blake vio lo que pasaba y, alertado, salió a borda con un rifle en la mano. Disparó en la mano de un agresor. Otro de ellos lo disparó por la espalda y lo mató, solo para robar un motor y unos relojes.

Convertido en una institución, miles de neozelandeses acudieron a su funeral en Auckland, aunque sus restos reposen en una localidad costera al sur de Inglaterra. Allí acudía a preparar sus expediciones y a poner a punto sus embarcaciones. Y allí acuden hoy los seguidores neocelandeses, para rendir culto a todo un héroe nacional.

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