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El córner inglés
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Palacios voladores

El fichaje de Guardiola tiene un valor estratégico. Crece la sospecha de que la Bundesliga alemana reúne lo mejor de la Liga inglesa y la española: buen fútbol y estadios llenos

Guardiola, en la banda del Camp Nou
Guardiola, en la banda del Camp NouPIERRE-PHILIPPE MARCOU (AFP)

Golpe duro a la autoestima, por no decir soberbia, de la Premier League que Pep Guardiola haya optado por Alemania. El entrenador más codiciado no se dejó seducir por las millonadas o por la enorme fascinación que genera la Liga inglesa en el mundo. Prefirió irse a una Liga económicamente sólida, inmune a los caprichos de magnates que se compran clubes de fútbol como si fueran yates de lujo o aviones convertidos en palacios voladores, y a un club, el Bayern Múnich, con una tradición y una identidad muy definidas.

Una vez superado el estupor (“¿cómo es posible que un profesional del fútbol rechace una oferta salarial que duplica la que ha aceptado?”), los ingleses deberían aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre el rumbo que ha tomado su fútbol y preguntarse qué hacer para modificarlo. La Premier ingresa 10 veces más dinero en derechos internacionales de televisión que la Bundesliga y más del triple que la Liga española, pero esto no puede durar indefinidamente. O, si durase, la lamentable conclusión tendría que ser que el gran público futbolero es más inculto de lo que uno pensaba. Pagan más por fish and chips que por caviar.

“Los tontos que se ríen en la tierra llorarán en el infierno”.

Dr. Faustus, del dramaturgo inglés Christopher Marlowe.

Cuando uno pone el televisor para ver un Manchester United-Manchester City o un Chelsea-Arsenal lo hace con un alto grado de expectación. Partidazo a la vista. Pasados 15 minutos lo habitual es preguntarse si sería mejor cambiar a un canal de cine o, incluso, leer un libro. Ni hablar, claro, de un Stoke-Fulham. Los fans de cada uno de los equipos ingleses se emocionarán, pero para un espectador neutral lo que ofrece la Premier es fútbol ruleta: lancemos un pelotazo para arriba y a ver si hay suerte. El punto fuerte de la Liga es que los estadios vibran y casi nunca se sabe, hasta el último minuto, si el Norwich ganará al Chelsea. A diferencia de la Liga española (aunque hoy por hoy el Manchester United está bastante disparado) el campeonato no es cosa de dos, o de uno. Pero en cuanto a calidad —precisión, toque, inteligencia táctica— el Málaga, o el Betis o el Rayo Vallecano ofrecen un espectáculo deportivo superior.

Mientras tanto, crece la sospecha de que la Bundesliga alemana es la que reúne lo mejor de la Liga inglesa y la española. Buen fútbol y estadios llenos —más llenos, por cierto, que los ingleses—. Lo que le ha faltado es ese toque de glamour que hay en España e Inglaterra. La adquisición de Guardiola tiene, en este sentido, un valor estratégico. Bien decía esta semana Karl-Heinz Rumenigge, el presidente del Bayern, que Guardiola aportaría un valor agregado no solo a su club sino al fútbol alemán. Es una llamada de atención a los futboleros chinos, mexicanos, australianos, españoles. Aquí estamos: fíjense en lo que tenemos que ofrecer. Démosles tiempo, pero la desproporción entre los ingresos por los derechos internacionales de la Bundesliga y la Premier disminuirá.

El Bayern es el ejemplo a seguir si lo que se quiere es jugar bien y competir al máximo nivel no hoy, o mañana, sino siempre

El fútbol inglés, cegado por la promesa de felicidad instantánea, ha hecho un pacto faustiano. Caído en la tentación, ha vendido su alma. La inyección de enormes cantidades de dinero por billonarios rusos, árabes o estadounidenses a lo largo de los últimos 10 años les dio triunfos pasajeros. Como algunos ganadores de loterías, se lo pasaron bomba durante un tiempo, pero no construyeron algo que iba a durar. La moraleja es especialmente evidente en los casos de los más ricos, el Chelsea y el Manchester City, los que más dinero ofrecían a Guardiola. No se preguntan qué estilo de fútbol o qué valores quieren implantar en sus clubes. Quieren éxitos hoy. Y cuando las cosas no van bien, improvisan, sacando la chequera. Y a empezar de nuevo.

Hay que buscar un término medio entre el dinero, que sí es necesario para triunfar al máximo nivel, y la identidad, la escuela, la tradición. El Manchester United es el que más se ha acercado en Inglaterra, gracias a la presencia de Alex Ferguson como entrenador durante 26 años. Pero ellos también han hipotecado su futuro a inversores extranjeros, en este caso gente con especial desconocimiento de, o interés por, el fútbol. Por tanto, la pregunta cuelga en el aire: después de Ferguson, ¿qué?

El Bayern —financieramente independiente, administrado por grandes exjugadores y cuidadoso con la cantera— es el ejemplo a seguir si lo que se quiere es jugar bien y competir al máximo nivel no hoy, o mañana, sino siempre. El fútbol inglés debería tener la humildad, por su propio bien, de estudiar el modelo alemán. También, hablando de pactos faustianos, el Real Madrid.

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