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Día de gigantes

La selección española de baloncesto se clasifica para su tercera final, y los éxitos de la sincronizada, el taekwondo, la vela y el piragüismo elevan a 16 el medallero

El equipo de Natación sincronizada muestra el bronce, Nicolás García se mete en la final de -80, Echegoyen, Toro y Pumariega, clasificadas para la final de la Match Race y los jugadores de baloncesto celebran la victoria ante Rusia. Ampliar foto
El equipo de Natación sincronizada muestra el bronce, Nicolás García se mete en la final de -80, Echegoyen, Toro y Pumariega, clasificadas para la final de la Match Race y los jugadores de baloncesto celebran la victoria ante Rusia.

En un día de excelente cosecha, España, dio ayer otro estirón en el mercado olímpico. Una crecida similar a la de aquellos júniors de oro que en 1999 hicieron pasar por el aro a Estados Unidos en un Mundial y mañana, a las 16.00, ya como séniors de oro, disputarán su segunda final olímpica, la tercera del baloncesto español. Una generación única, sin complejos, descarada y talentosa, con un fervor competitivo extraordinario: la que tiene asegurada en la final de Londres será la octava medalla en un gran reto internacional (dos olímpicas, una mundial y cinco europeas). Y será en el duelo soñado contra Estados Unidos, que se merendó a Argentina (109-83). 

La natación sincronizada española continúa encandilando por su innovación y originalidad

Como tantos otros deportistas españoles de la actualidad, los chicos que deslumbraron en aquel juvenil torneo de Lisboa y los que llegaron después nunca se pusieron barreras, nada que ver con aquella España retraída, apocada ante lo desconocido, que se sentía y veía perdedora, inferior, víctima de un fatalismo crónico. Si Barcelona 92 cambió la mirada al deporte español —la propia y la exterior—, los Gasol, Nadal, Alonso y tantos otros han contribuido a que la marca deporte sea el principal cartel de España ante el mundo.

Marc Gasol lanza a canasta. ampliar foto
Marc Gasol lanza a canasta. AFP

Las nuevas generaciones han aprendido a competir como los grandes, como recientemente se ha visto con el equipo absoluto de fútbol y ahora con el de baloncesto, que ha tenido, como aquel, más de un desliz, algunas penurias y censuras y reproches mediáticos. Fortalecerse en los torneos significa maquillar con astucia los malos días, gestionar cada encuentro con las luces largas, sacar provecho de aquello en lo que otros ni siquiera reparan, de un lance del juego, de un mensaje de la caseta, de toda rendija.

En estos Juegos, la selección de Scariolo no ha tirado de su mejor repertorio, no ha sido el conjunto sinfónico de otras veces. Pero está en la final, la que tenía grapada en las entrañas desde Pekín. Derrotado por Rusia en la fase inicial, casi sonrojada por Gran Bretaña y cuestionada por un supuesto abandono interesado ante Brasil, el equipo aún tuvo que superar otra barricada, su horrible primer tiempo en su reencuentro de ayer con los rusos. Con solo 20 puntos en dos cuartos, con un 21% de efectividad en el tiro, el desenlace parecía apocalíptico. No fue el caso, Calderón cogió al equipo por la pechera, Rudy mejoró la puntería, los Gasol se blindaron bajo los aros y Llull fue un jabato por toda la cancha, síntoma ejemplar de que este equipo tiene nervio, que puede ser febril cuando no tiene acierto. Al final, igualada al término del tercer cuarto (46-46) y escapada hasta el glorioso desenlace final para los españoles (67-59). Y a esperar a Estados Unidos.

Tras la plata de Yagüe y el oro de Joel González, el taekwondo sumó un nuevo metal al casillero español

El descorche del baloncesto fue el lazo a una jornada que arrancó con el bronce en la natación sincronizada por equipos, una maravillosa rutina la de este concurso, siempre un valor seguro, y prosiguió con otras dos medallas. Por un lado, la de otro taekwondista, el canario Nicolás García, de 24 años, que alcanzó la plata en su categoría. De momento, no ha habido en Londres deporte más prolijo para España, que se ha demostrado que en lo marcial también tiene arte. La de García supuso la tercera medalla tras las de Joel y Brigitte. No parece fruto de la casualidad, sino de un trabajo de fondo, de un método y una planificación. Un deporte que ha tomado el relevo, entre los de combate, del yudo, antaño caladero de premios. Siempre lo ha sido la vela, que ayer sumó su 19ª medalla en la historia del deporte español, cuyo ránking olímpico encabeza. Tamara Echegoyen, Sofía Toro y Ángela Pumariega derrotaron a Rusia (2-1) y hoy (14.00) disputarán con Australia la final de Match Race. Un caso excepcional. Puro ingenio. Una tripulación reclutada a la carrera con una embarcación inventada a la medida.

Las mujeres, protagonistas indiscutibles, superan con creces a los hombres en medallas: 10 por seis

Ellas, las mujeres, protagonistas indiscutibles de estos Juegos, superan con creces al otro género en medallas: diez por seis. El cesto ha engordado hoy con la plata de Saúl Craviotto en K-1 200m, y puede hacerlo más con Ruth Beitia en salto de altura y con el balonmano femenino. Suma y suma, con 16 medallas, España ya está a un bingo de su techo en Atlanta y a dos de Pekín. Más o menos, en la media desde la efervescente Barcelona del 92. Eso sí, con algunas generaciones de oro de más, como la que ayer dio otro paso de gigantes.

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