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Koné no hinca la rodilla

El delantero, que por culpa de su maltrecha articulación solo ha disputado 26 partidos en cuatro años, aún persigue su sueño de triunfar en la Liga en el Levante

"Quiero agradecer al Levante que me dé la oportunidad de volver a sentirme futbolista". Las palabras con las que Arouna Koné (Anyama, Costa de Marfil; 1983) se presentó a la afición granota, procedente del Sevilla, delataban el drama de un profesional que había dejado de considerarse parte del gremio al que pertenece. "Los últimos años fueron un infierno, pero solo puedo culpar a las lesiones y la mala suerte", confirma el delantero. "Ahora físicamente me encuentro muy bien, he trabajado este verano para llegar en plena forma", apunta el ariete africano, que la pasada temporada en Nervión jugó un solo partido, convaleciente de una lesión en la rodilla izquierda sufrida en 2010, cuando jugaba cedido en el Hannover, alemán. La misma rodilla que padeció una doble rotura de ligamientos al principio de su segundo curso en el club andaluz, en 2008, cuando empezó el calvario físico de un punta llegado a España para resquebrajar defensas y que acabó olvidándose de lo que significa ser futbolista.

Para el Levante, Koné representa una apuesta arriesgada, pero no un salto a oscuras. "Hemos conseguido la primera opción que queríamos para la delantera y va a ser una incorporación importante", afirma Manolo Salvador, director deportivo del club valenciano. Koné era pues el delantero que anhelaba el técnico Juan Ignacio Martínez. "Estoy encantado con su fichaje y vamos a necesitar muchas cosas de él", fueron las palabras del entrenador alicantino al conocer la incorporación que ha cerrado el mercado del club granota. "Cosas" que Koné puede darles si es capaz de reencontrarse con el jugador que era al comienzo de su aventura en la Liga.

Cuando desembarcó en España, en el verano de 2007, Koné representó el fichaje más caro de la historia del Sevilla. Del Nido desembolsó por él 12 millones de euros, una cifra que sería superada solo por el fichaje de Negredo, que llegaría dos años más tarde por 15 millones. El marfileño procedía del PSV, holandés, donde había demostrado una capacidad de desborde y una potencia física fuera de lo común. No era un goleador clásico (en el PSV y en el Roda, su anterior equipo, solía sumar unos 10 goles cada curso), pero su capacidad para abrir las defensas rivales con su ímpetu físico era notable. "Fueron dos años memorables en los que gané dos Ligas. Allí expresé mi fútbol, que depende mucho de mi condición atlética", analiza Koné. El primer año en Sevilla no demostró todo su valor (24 partidos y dos goles entre Liga y copas), pero, visto desde la distancia, ese curso se puede considerar la única etapa feliz de su paso por España. "Fue un año positivo, de adaptación al fútbol español y tengo un buen recuerdo de Juande Ramos", relata el delantero. Un recuerdo bonito y fugaz, dado que el técnico dejó el banquillo a los dos meses del comienzo de la temporada para aceptar una oferta millonaria del Tottenham.

Al principio del curso siguiente, una tarde aciaga de verano, durante un amistoso entre Costa de Marfil y Guinea, Koné sufrió la triada, es decir, la rotura de los ligamentos internos, externos y cruzados de la rodilla. Un momento que sesgó su carrera. Desde aquel agosto, solo disputó 26 partidos en cuatro cursos. Ocho de ellos en Alemania, con el Hannover, donde marcó dos goles antes de volver a lesionarse. Demasiado poco para sentirse un futbolista.

Arouna Koné, el día de su presentación con el Levante.
Arouna Koné, el día de su presentación con el Levante.KAI FÖRSTERLING (EFE)

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