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La triste despedida de Vicente

El mejor jugador español en 2004 deja Mestalla tras siete años de decadencia

No ha cumplido todavía los 30 años, pero Vicente Rodríguez (Valencia, siete de julio de 1981) parece un jugador viejo y cansado. Rendido ante el sinfín de pequeñas lesiones que lo han arrastrado a casi siete años de decadencia. El mejor jugador español de 2004, cuando solo había cumplido 22 años, según la votación de los entrenadores de la Liga, se despide hoy de Mestalla ante su exequipo, el Levante, cargado de cicatrices en el cuerpo y en el alma. Con la frustración de querer volver a ser el que fue sin conseguirlo, enfrentado por ello a los servicios médicos y a los entrenadores en diferentes etapas, Ronald Koeman y Unai Emery sobre todo. A pesar de que todos quisieron ayudarle, no encontraron la manera de evitar tantas lesiones. Y se fue alejando hasta que hoy se despida de sus compañeros y un público que tanto lo quiso, aunque poco a poco se fuera olvidando de él. Apuntillado su prestigio profesional en marzo pasado, por una pelea en una discoteca en la que se vio envuelto a altas horas de la madrugada.

Venía de disputar la Eurocopa de Portugal con España y de ganarlo todo con el Valencia (la Liga y la Copa de la UEFA) cuando, el 29 de septiembre de 2004, todo cambió. En el Weserstadion, del Werder Bremen, comenzó marcando Vicente y liderando al Valencia en la primera fase de aquella Champions en el instante en que sintió un impacto muy doloroso en el tobillo izquierdo. Se retiró, el Valencia perdió el partido, cayó eliminado y comenzó una etapa muy negra en el club coincidente con el calvario de su principal estrella por acabar con las secuelas en ese tobillo dañado. Desde ese fatídico 29 de septiembre, todo fueron intentos en vano por volver a ser ese extremo zurdo rápido, habilidoso y resistente.

Ese futbolista mimado desde niño, en la escuela del Levante, donde le llamaban "la joya de la corona". Lo descubrió el técnico Vicente Tarín en un pueblo montañoso del interior de Castellón, Eslida, donde el chico veraneaba. Inició una carrera fulgurante. "Era muy bueno en el uno contra uno y tenía un gran cambio de ritmo", recordó después Teodoro Nieto, el primer entrenador que lo llevó, con 15 años, a la selección. "Todos lo mimaban y él solo pensaba en su lucimiento personal. Yo hice de malo de la película con él", añadió Pep Balaguer, el técnico que lo hizo debutar en el primer equipo granota, con 17 años, después de que el Levante lo hubiera llevado al Centro de Alto Rendimiento de Barcelona para que creciera porque "era muy poquita cosa".

El Valencia pagó por él 4,2 millones de euros, adelantándose al Arsenal, a pesar de que Arsène Wenger trató de persuadirlo personalmente en Londres de que aceptara la oferta de los gunners. Llegó a Mestalla y compitió, y de qué manera, con un jugador muy consagrado, Kily González, un volcán por la banda izquierda. Hasta que Vicente se fue imponiendo, ganándose la confianza del preparador, Héctor Cúper, y forzando a Kily a dejar Mestalla.

"Tiene disparo y calidad para los centros, controles y tiros", subrayó Rafa Benítez, el entrenador que le sacó todo el jugo en tres temporadas magníficas que lo coronaron como mejor español de 2004, con 13 goles y 10 asistencias, tomando el relevo de Raúl. En el Valencia, marcó 50 goles en 328 partidos. En la selección, tres en 38. "Me hubiese gustado despedirme de otra manera; siendo titular y compitiendo, no estando tres meses sin ser convocado. Me quedo con todo lo bueno que he vivido en estos 11 años. Soy valencianista y lo he dado todo; espero que la gente me aplauda", proclamó en su adiós Vicente, que cierra una puerta y espera abrir otra. Tal vez jugando en el extranjero, un escenario muy alejado donde pueda recomponer el formidable futbolista que fue.