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LIGA | OSASUNA 0 - BARCELONA 0

Este Barça no despega

El equipo de Rijkaard, en el que debutaron Giovani y Bojan, no pasa del empate (0-0) ante un buen Osasuna

El Barcelona 2006-2007 se ha convertido en una película de suspense, en la que la indecisión, la incertidumbre y la tensión que afloran en el equipo de Frank Rijkaard pueden desembocar en una fatal pesadilla o en el sueño más hermoso. Una peligrosa concentración del todo y la nada. En el Reyno de Navarra, terreno poco propicio para las grandes gestas, el partido del conjunto azulgrana ofreció ambas interpretaciones. Desde el fútbol celestial de Iniesta hasta la precariedad defensiva de un Thuram ya entrado en años. Dos caras, un peligroso juego de opciones poco recomendable para un equipo que aspira, o afirma aspirar desde sus altas esferas, a una temporada de ensueño.

En Pamplona, frente a un rival aguerrido de la talla de Osasuna, el Barcelona exhibió un nivel decreciente. Giovanni debutó en el once inicial, apuntando buenos detalles y aportando la verticalidad de la que adolece su equipo. La incursiones del joven mexicano y el protagonismo de Ronaldinho en los compases iniciales invitaban al optimismo. Sin embargo, toda la presión, el insistente dominio de balón y el juego colectivo de los de Rijkaard fue consumiéndose como una vela con el paso de los minutos.

Muy temprano, cuando el público todavía se acomodaba en los asientos del Reyno, Osasuna pudo adelantarse en el marcador a través de un un ajustado remate de cabeza de Flaño que salió lamiendo el poste derecho de la portería de Víctor Valdés. Instantes después, el colegiado Pérez Lasa pitó una inexistente falta de Juanfran sobre Thuram que dejaba solo al osasunista en boca de gol. El central francés, superado toda la noche, ofreció infinidad de huecos en la retaguardia y dejó muy clara la importancia del retorno de Puyol.

El Barça perdió la posesión. Cedió metros y espacios a un oponente que se mueve como pez en el agua en el terreno del contragolpe y que comenzó a generar oportunidades. El juego directo de Osasuna acorraló al equipo azulgrana, que sobrevivía a duras penas gracias a ramalazos de inspiración procedentes de las botas de Giovanni o Iniesta. Precisamente, el mexicano tuvo una magnífica ocasión para marcar al filo de la media hora, pero Ricardo apeló a su experiencia para vencer en el mano a mano. Poco le duró el sobresalto al cuadro navarro, que después tuvo el 1-0 en sus manos si Portillo hubiese afinado la puntería ante el enésimo error de Thuram. Ya al borde del descanso, un magistral pase de Iniesta habilitó a Deco para lograr el gol, pero el toque con la puntera del portugués no sorprendió a Ricardo.

Ronaldinho, al banquillo

La segunda mitad transcurrió bajo los mismos compases. El Barça, una máquina encasquillada, era el máximo representante del querer y no poder. Ante este panorama Rijkaard movió el banquillo. Introdujo a Xavi y a Oleguer a falta de treinta minutos para el final, pero lo más sorprendente fue uno de los descartes. Al margen del cuestionable cambio de Zambrotta por el de Sabadell, el técnico holandés adoptó una decisión impopular al retirar a Ronaldinho del campo, que enfiló el banquillo cariacontecido y entre visibles muestras de incredulidad.

El desconcierto azulgrana obtuvo una rápida respuesta por parte de Osasuna. Javi García, uno de sus efectivos más destacados, probó un potente lanzamiento escorado que fue desviado providencialmente por Víctor Valdés. No obstante, la parada del arquero catalán no detuvo la ofensiva navarra, que tuvo su prolongación con dos nuevos remates de Pandiani y un nuevo disparo de Javi García.

Agotados todos los recursos, Rijkaard apostó por Bojan. Excesiva responsabilidad para el joven ariete, quizá. Pese a la entrada del imberbe crack, el marcador no varió un ápice. El Barcelona arañó un punto del Reyno de Navarra. O, desde una perspectiva opuesta, se dejó dos muy valiosos en el camino. Ni Henry -muy intermitente- ni Giovanni ni Bojan consiguieron perforar la portería rival y el equipo azulgrana todavía desconoce lo que es marcar a domicilio. Un bólido de bello chasis, pero al que, de momento, le falla el motor.

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