ATLETISMO | MUNDIAL DE OSAKA

Bekele prolonga su reinado en los 10.000

El etíope obtiene su tercera corona consecutiva e ingresa definitivamente en el olimpo del atletismo

Bekele, instantes después de cruzar la línea de meta
Bekele, instantes después de cruzar la línea de metaAP

Kenenisa Bekele refrendó su incontestable dominio del fondo mundial con su tercera corona consecutiva en los 10.000 metros en los Mundiales de Osaka, en una carrera espectacular que propició un nuevo doblete del país africano, al igual que hace dos años en Helsinki, con la segunda plaza de Sileshi Sihine. Bekele respiró profundo cuando el keniata Martin Irungu Mathathi, invitado de honor a la lucha por las medallas, realizó su último cambio dentro ya de la última vuelta. El etíope, con su rostro asomando cansancio, se alejaba un metro de Mathathi y Sihine. Uno de los mitos del atletismo mundial parecía derribado.

Sin embargo, Bekele debe contar con una estirpe que le hace único, o al menos en la misma línea de grandeza que Haile Gebrselassie. Redobló su esfuerzo para acompasar su ritmo al de los dos primeros y más tarde, cuando Sihine pretendía 'sublevarse', levitar sobre la pista japonesa para coronarse campeón. Una nueva exhibición de Bekele, no de superioridad como hace cuatro años en París, pero sí de supervivencia, de esfuerzo agonístico para cumplir con una hazaña al alcance de muy pocos y especialmente en el fondo donde los africanos renuevan curso a curso los pretendientes a la medalla.

La prueba le debe además un reconocimiento al eritreo Zersenay Tadese, capaz de derrotar al gran Bekele en los pasados Mundiales de campo a través en Mombasa. El atleta ''madrileño'' marcó la pauta de la carrera durante prácticamente nueve kilómetros, a un ritmo infernal que fue dañando a todos y cada uno de los participantes.

Tadese realizó la selección, en la que se integraron los etíopes y los keniatas, hasta que sólo quedaron los elegidos para lucir sus mejores galas en el último ''mil''. Mathathi lo intentó, y Sihine también, pero Bekele no concedió. El etíope lo festejó elevando tres de sus dedos, en señal de sus tres Mundiales consecutivos, y a imagen y semejanza de otra estrella, el marroquí Hicham El Guerrouj en Atenas. La señal de los más grandes, de aquellos que ingresan en el olimpo del atletismo.

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