La segunda casa de los leoneses

El nuevo parador de León, ubicado en el renacentista convento de San Marcos y con un gran peso en la ciudad, se alía con ella para conseguir que los de fuera contribuyan a la recuperación de los de dentro

La segunda casa de los leoneses

El nuevo parador de León, ubicado en el renacentista convento de San Marcos y con un gran peso en la ciudad, se alía con ella para conseguir que los de fuera contribuyan a la recuperación de los de dentro

Los leoneses estaban expectantes. Lo están aún. Hasta hace tres meses tenían obras en casa, en su segunda casa, en el parador. Ya se sabe que las reformas no se evalúan por su conveniencia sino por lo que salga de ellas. El hostal de San Marcos, o solo ‘el hostal’, como se conoce al parador de León, se ha puesto en forma en estos últimos tres años para ayudar a levantar económica y emocionalmente a la ciudad. Este antiguo convento sale convertido en un hotel con menos habitaciones, 51, pero más deslumbrante. Su colección de arte, reinterpretada por una comisión de expertos, brilla a la altura de maestros antiguos y contemporáneos como Juan de Juni o Lucio Muñoz. Y a través de la nueva y moderna cafetería situada en un atrio interior con luz natural se adentra en el siglo XXI, y en los que vengan, con rotundidad. San Marcos se reabrió a finales de 2020 y desde entonces todos los leoneses opinan. Y cómo no lo van a hacer si en el hostal se han casado, han asistido a ferias y presentaciones, han tomado café o han llevado a sus visitas nada más llegar, como esas bandas que deciden tocar la buena al principio del concierto.

Ordoño II fue rey de León en el siglo X y hoy da el nombre a una de las calles más céntricas y comerciales de la ciudad. Peatonalizada desde el octubre pasado, la próxima obra consiste en instalar 20 monolitos de piedra con nombres de reyes y reinas de León.
Ordoño II fue rey de León en el siglo X y hoy da el nombre a una de las calles más céntricas y comerciales de la ciudad. Peatonalizada desde el octubre pasado, la próxima obra consiste en instalar 20 monolitos de piedra con nombres de reyes y reinas de León.

El Parador y su ciudad

La reapertura del parador tiene efectos evidentes y no tan evidentes en esta ciudad bimilenaria de 124.028 habitantes. De los primeros, de los económicos, se hablará más adelante. Sirva como preámbulo indicar que los empresarios lamentaron que las obras se extendieran por tres años por la influencia que San Marcos ejerce en la economía de la ciudad, en palabras de Paula Martínez, segunda generación de la tienda de ropa local Adam’s, adonde acuden algunos visitantes sorprendidos por el viento y el frío de León. “Su reapertura era un clamor del sector turístico”, abunda en la idea el alcalde de León, José Antonio Díez. “Los leoneses aman su parador. Es mucho más que un hotel”, añade.

Los segundos efectos atienden a un componente emocional. Algunos leoneses, aún impactados por la reforma y por estos tiempos de reclusión, todavía no son conscientes de que esa obra maestra del Renacimiento ha reabierto para que todo empiece a volver. María José Díaz, que regenta desde hace 30 años la floristería Ijar en las inmediaciones del parador, resume la influencia sentimental de este lugar: “Imaginemos una pareja joven. Si uno de ellos es de León y vive fuera es común que piense en casarse en la catedral y celebrar la boda en el parador”. Y matiza entre risas: “Al menos es el sueño de toda madre”.

Donde tomarle el pulso a la ciudad

El hostal forma, junto con la catedral y la basílica románica de san Isidoro, el tridente monumental de León. Un cuarto de hora a pie separa San Marcos de la catedral, con la basílica muy pegada a esta última. La gran vía de San Marcos, que desemboca en la plaza donde se ubica el hostal, canaliza el flujo de lugareños y visitantes hacia este museo con camas, en palabras de su director Alberto San Sebastián. A orillas de esta gran vía se respira la ciudad y respira el visitante. Casa Blas ofrece desde 1960 unas patatas fritas en aceite de oliva con guindilla cayena que resultan tan simples como imbatibles. Se toman con un prieto picudo, uva local, o con un corto de cerveza mientras se habla de la relación de la provincia con Valladolid y con Asturias. O mientras se presume de equipo de balonmano y se lamenta el vagar de la Cultu por Segunda B.

PERSONAS Y LUGARES QUE CONSTRUYEN LEÓN


La tienda de comestibles El Manjar ofrece en 10 metros cuadrados todo lo rico que tiene la provincia de León. José Antonio Cuenllas, su propietario, a veces tiene que explicar que la cecina de León no es del felino sino de la vaca. “El mejor trabajo didáctico con esta chacina es darle a probar al cliente”, afirma rodeado de chorizos ahumados, vinos del Bierzo y pimientos y puerros de la zona. Si este colmado tuviera vitrinas sería una sala de trofeos. “El 40% o 50% de las ventas que realizaba el fin de semana era a clientes que se hospedaban en el parador”, asegura mientras emplaza a un viandante a tomar un vino un poco más tarde. Para llegar puntual a los sitios conviene ir con tiempo. Unos y otros se saludan y se paran por simpatía y porque toca comentar la peatonalización de la calle de Ordoño II, una de las más importantes. Cuenllas, con el delantal puesto, conversa sobre el parador con una clienta en la puerta de su negocio.

—Dicen que lo han dejado muy modernito.

—Hay que ir con los tiempos.

—Es una lástima que no hayan realizado la obra entera.

—En cualquier caso le han sacado mucho partido. Luce mucho más.

Cuenllas se refiere a la fase II que está pendiente de llevarse a cabo. El parador acometió una ampliación en 1964 que lo convirtió en un macrohotel de 224 habitaciones y 16 salones para celebraciones. El director del parador resume el objetivo de la remodelación: “Se ha devuelto el edificio a su estado natural. Se ha recuperado su esencia arquitectónica. Lo que se hizo en el 64 fue una burrada”. Tras las obras de 2017 a 2020 se han construido 51 habitaciones, mucho más espaciosas, y tres salones. Una ampliación que se corresponde con el valor histórico del hostal. A la espalda de este antiguo convento está previsto que se levante, durante esa fase II, un edificio para recuperar el espacio perdido y aumentar la capacidad de alojamiento del hotel. Mientras tanto, la cafetería, que ha triplicado su espacio, se abre a los ciudadanos.

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Arte que dialoga con el arte

Donde se ubica la cafetería, de entrada libre al público general —es muy común para los leoneses quedar a tomar un café allí—, antes había grandes salones de celebraciones. Se ha despejado ese atrio interior y luce imponente a 14 metros de altura un techo del artista madrileño Lucio Muñoz. Una pieza en madera tallada y pintura al óleo de 12,5 x 12,5 metros que antes estaba en uno de los salones y ahora adquiere la altura que merece. “Se le ha dado un discurso expositivo a la colección de arte”, afirma San Sebastián, que planea organizar una jornada de puertas abiertas para todos los ciudadanos y visitas guiadas para los clientes que se alojen. “Todo el mundo tiene un recuerdo del parador por alguna celebración a la que haya asistido. No lo hemos destrozado, lo hemos reconvertido”, se defiende ante algunos comentarios. “Lo que me gustaría es que vinieran y explicarles que lo de antes no tenía sentido y lo de ahora, sí”, añade este berciano.

A crear el discurso expositivo ha contribuido María Gimeno, responsable de la colección artística de Paradores. “La idea es que el cliente no diga: ‘¡Vaya cuadro tan bonito!’ y ya, sino que se dé un sentido a toda la obra, se contextualice”, afirma. “Hemos ubicado muchas de las mejores piezas en zonas a las que puede acceder el ciudadano sin estar alojado”, afirma Gimeno en un esfuerzo por mantener esa distancia estrecha entre el hostal y los leoneses.

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San Marcos guarda una relación histórica con sus ciudadanos y con los viajeros que realizan el Camino de Santiago. Tanto es así que en el siglo XII se levantó un hospital en esa plaza para atender a los peregrinos. El Camino recorre en paralelo la fachada del edificio y conduce a un puente romano sobre el río Bernesga, que separa el León viejo del nuevo. Un túnel del tiempo más acuciado este que el que se observa en el interior del hostal: cinco siglos de diferencia entre los muros de carga del convento y los elementos nuevos pero integrados con gran sutileza. Las ventanas nuevas de madera se acoplan a la piedra y desaparecen los 500 años de distancia.

Desde los balcones, que oxigenan y rematan la fachada plateresca, se divisa el Camino de Santiago. Tiene tanto peso esta calzada, una relación tan fluida con la ciudad y con el convento que lo arropa, que el visitante mira a izquierda y derecha antes de cruzarlo cuando entra o sale de San Marcos. No tanto así el lugareño, cuando entra o sale de su segunda casa.

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Créditos

Redacción y guion: Mariano Ahijado
Fotografía: Javier Casares
Coordinación editorial: Francis Pachá
Coordinador de diseño: Adolfo Doménech
Diseño y maquetación: Juan Sánchez y Rodolfo Mata

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