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Roca Rey será figura, pero seguro que no mandará en el toreo (si no cambia)

Le sobran condiciones para ser torero de época, pero para ello debe lidiar toros de todos los encastes

Roca Rey, en la feria de Zaragoza del pasado año.
Roca Rey, en la feria de Zaragoza del pasado año.

Andrés Roca Rey (Lima, 1996) cumplirá 22 años en octubre y ya es el torero de moda, imprescindible en todas las ferias, arrebatador, arrollador, heroico, que encuentra toro cada tarde, y cuenta sus corridas por triunfos incontestables. Su paso reciente por la Semana Grande de San Sebastián, en un inesperado y espectacular mano a mano con el veterano maestro Enrique Ponce, ha sido revelador de ese intenso momento que está viviendo a pesar de su extrema juventud. Es, además, uno de los pocos toreros que ilusionan al público, y las empresas lo tratan ya como una figura del toreo actual.

Quizás así sea. Esta es solo su tercera temporada como matador de toros -tomó la alternativa en septiembre de 2015-, y aún es pronto para que se le atribuya con seriedad la categoría de ‘maestro’, pero cierto es que disfruta de la cima del escalafón y se les espera con verdadera expectación allá donde se anuncia.

No es un exquisito en el manejo de los engaños; mueve con soltura, variedad y acelerado oficio el capote y la muleta, pero por encima de su todavía incipiente hondura, inspiración, estética y personalidad -no deja de ser un chaval- destacan su valor, disposición, torería, raza, pundonor, arrojo, entrega, dominio, poderío… Y es expeditivo y contundente a la hora de matar. Razones todas ellas para componer una figura del toreo inapelable con capacidad suficiente para seducir a los aficionados.

A Roca Rey le sobran mimbres para ello. Es verdad que no tiene mucha competencia el torero peruano, ni entre los veteranos ni entre los diestros emergentes, pero esta circunstancia no resta un ápice a los muchos méritos que atesora vestido de luces. Es más, la tauromaquia moderna necesitaría varios ‘rocarrey’ para alegrar el decaído ambiente taurino actual.

Mandar en el toreo es algo más, mucho más, que ser figura

Y no hay que olvidar a su descubridor, mentor, consejero, apoderado… a ese verdadero maestro del toreo y señor dentro y fuera de los ruedos que es José Antonio Campuzano. Habría que establecer un premio para reconocer trayectorias como la suya, impresionante como torero, y verdaderamente sorprendente como ‘inventor’ de nuevas figuras. Ahí quedó su labor con Sebastián Castella, y, aquí, ahora, junto a Roca Rey. Una tarea asombrosa.

Parece, pues, fuera de toda duda que el diestro peruano alcanzará más pronto que tarde -si no la ha alcanzado ya- la gloria reservada para los más grandes, para esos toreros que perduran por su desmedida afición y su compromiso con la tauromaquia.

Pero hace unos pocos días, un buen aficionado taurino y tuitero, Jesús María González, (@jesusmagon1982), colgaba un mensaje que llamaba a la reflexión: “Cómo va a mandar Roca Rey en el toreo si no sale de cuatro o cinco ganaderías del mismo encaste; para mandar hay que torear todos los encastes, comprometerse con ellos en todas las ferias importantes y, entonces, ya veremos”.

El torero peruano, al natural, en la pasada Feria de Abril.
El torero peruano, al natural, en la pasada Feria de Abril.

La frase es un torpedo en la línea de flotación del toreo moderno y mete el dedo en la llaga sobre el cáncer mortífero que sufre la fiesta y que se refleja en las flojas entradas de las ferias más importantes aunque se anuncien los espadas más sobresalientes, Roca Rey incluido. Aburrimiento, cansancio, hastío, agotamiento y desesperación de ver siempre a los mismos toreros con los mismos toros comerciales -nobilísimos, artistas, bondadosos, cuando no inválidos, tullidos, borrachuzos...- debajo del brazo.

Para mandar en el toreo hay que tener, primero, condiciones, y a Roca Rey le sobran; después, hay que dar un paso más, difícil sin duda, pero imprescindible: hay que torear todos los encastes. Mandar en el toreo es algo más, mucho más, que ser figura; no es solo elegir ganado, fechas, compañeros y caché. Mandar es gobernar, regir, imponer; mandar es capacidad de cambio y asumir con todas las consecuencias la condición de revolucionario.

Mandar es echarse la fiesta sobre los hombros y liderarla hacia el futuro con todas las de la ley. Mandar es potestad para demostrar que otra tauromaquia es posible, menos anodina y más emocionante. Pocos toreros han mandado a lo largo de la historia: Joselito/Belmonte, Manolete, El Cordobés… y ha podido serlo José Tomás, pero ha preferido refugiarse en Estepona.

¿Se plantean los mentores de Roca Rey -José Antonio Campuzano y Ramón Valencia, sus apoderados- que su torero mande en los toros en el siglo XXI o prefieren que sea el tuerto triunfador en el país de los ciegos? Es más cómoda, sin duda, la senda de las anodinas figuras modernas, pero de ese modo nunca será considerado un torero de época. Ganará dinero, se lo rifarán los empresarios, pero nunca ocupará un hueco en la memoria de los aficionados y pocos guardarán colas ante las taquillas. Al final, será uno más, una figura más, de las muchas que hay, aburrido como los demás. El hecho de que el nombre de Roca Rey no llene hoy las plazas ya debiera ser un motivo de reflexión para el torero y su equipo.

Parece que Roca Rey prefiere pertenecer al ‘sistema’ antes que disputar el gobierno del toreo

Claro que un asunto distinto es si el sistema imperante, ese malvado y maquiavélico gobierno en la sombra que maneja a su antojo el toreo, permitiría que un jovenzuelo peruano le disputara el mando; pero el objetivo -un revolucionario torero joven con deseos de cambiar la fiesta de arriba abajo y hacerla presente en el nuevo siglo- merecería la pena.

Pero algo está en el ambiente que dice a los cuatro vientos que esa es una fantasía; que Roca Rey es un hijo de su época, un chaval que solo quiere triunfar ante los toros que lidian los que supuestamente mandan, y no ante los hierros que solo matan los desheredados de la fortuna. Mejor ante las ganaderías bonancibles que ante las que, de verdad interesan a los aficionados. Vamos, que prefiere pertenecer al sistema y beneficiarse de él antes que meterse en camisa de once varas y disputar el gobierno del toreo.

Por ello, parece claro que será una gran figura del toreo si los toros lo respetan, como así es de esperar, pero no mandará en el toreo. No se le ven, al menos por ahora, intenciones de cambiar.

Por cierto, hace poco le preguntaron a Octavio Chacón si pensaba participar en el sorteo de la Feria de Otoño, y su respuesta fue la siguiente: “Madrid es Madrid. Le he dicho a mi apoderado que me meta en el bombo o en los desafíos, donde sea”. Apuesten lo que quieran a que esta posibilidad no se les ha pasado por la cabeza a Campuzano y Valencia, mentores de Roca Rey.

Por eso, -ojalá todo esto no sea más que un tremendo error- el peruano no mandará en el toreo. Una pena, porque el cetro está vacío…

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