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La excelencia en aforismos

Hay dos opciones para lograr la excelencia: una de gran mérito consiste en la formación de sus miembros; la otra, de mérito algo más dudoso, en la simple selección de excelentes

Johann Sebastian Bach.
Johann Sebastian Bach.

Conozco bien una escuela que se forjó un prestigio de excelencia con un proyecto educativo que estimulaba el sentido crítico y la conversación en varios idiomas. Sus programas habían desterrado todo lo que era mera creencia y, con ella, también todos sus trasnochados símbolos de identificación colectiva. Los profesores se buscaban por su calidad humana, sus conocimientos y su vocación pedagógica. Sin embargo, había también una trampa evidente para garantizar resultados: del centenar de alumnos que iniciaban la enseñanza primaria solo una docena de héroes acababan sus estudios en el centro. El sistema era pues un híbrido entre la excelencia por formación y la excelencia por selección. Pero tras décadas de rutilante prestigio, los nuevos responsables decidieron reintroducir las creencias en el programa, desacreditaron la conversación con los alumnos y sus familias y, poco a poco, la genuina excelencia se fue esfumando. ¡Pero no renunciaron a la palabra ni al aura cultivada durante tantos años! Por ello, en esa escuela, los alumnos de todas las edades se divierten hoy anotando el número de veces que su actual director manosea la palabra en sus mensajes unidireccionales a padres y alumnos (¿cuántas excelencias has contado tú esta vez?).

1. Un sistema educativo puede presumir de excelencia si está pensado para formar en ella a todos sus alumnos, pero no si se deshace de todos aquellos alumnos que no la alcanzan por sí mismos.

2. En las aulas de prestigio en Occidente pasan de curso los alumnos que alcanzan la excelencia, en las aulas de prestigio en Oriente la tendencia pedagógica es otra: nadie pasa de curso hasta que todos los alumnos han alcanzado la excelencia.

3. La obsesión por la excelencia corre el riesgo de conducir hacia el pensamiento único, desde donde el riesgo es resbalar hacia el pensamiento nulo.

4. La perfección existe porque es imaginable, pero no es perfecta porque es inalcanzable.

5. La excelencia es un gran argumento cuando se demuestra en uno mismo y un viejo truco cuando solo se nombra para dudar de ella en los demás.

6. No por mucho insistir con la palabra excelencia se gana uno el derecho a identificarse con ella.

7. El camino hacia la excelencia está lleno de pedruscos que reclaman experiencia previa.

8. ¡Qué difícil es ganar experiencia en un mundo que no se olvida de reclamarla como condición previa!

9. Mira que si aquella piedra, en la que los humanos suelen tropezar por segunda vez, fuera justamente la experiencia previa…

10. La excelencia acaba cristalizando en un conjunto de reglas tan rígido que la hace inmune frente al cambio con lo que la excelencia se hace cada vez menos excelente.

11. La excelencia como imposición inicial dificulta la excelencia como resultado final.

12. Yasha Heifetz, el virtuoso; Joahann Sebastian Bach, el genio; Stradivarius, la excelencia.

13. La excelencia es el gran anhelo del especialista y la gran renuncia del generalista.

14. Muchos paquetes de normas se protegen a sí mismas con un grueso barniz de presunta excelencia.

15. La palabra excelencia se esgrime ad nauseam como arma contra posibles competidores.

16. La investigación horizontal difunde la excelencia en aras de la eficacia y de la eficiencia, la investigación vertical la esquiva para desbrozar nuevos caminos.

17. La excelencia, en sus dos diferentes acepciones (tratamiento de una dignidad o calidad extrema), es una palabra para iluminar lo que no brilla con suficiente luz propia.

18. Una vida dedicada a la excelencia se divide en dos fases ambas muy sacrificadas: la primera se invierte en persuadir a los demás de que uno ya la ha alcanzado, la segunda en autoconvencerse de que ésta aún sigue vigente.

19. La creatividad es una vocación, la excelencia una reputación.