Kast, el presidente que infló las expectativas de un Chile impaciente y asustado
El republicano se declaró opositor al segundo Gobierno de Piñera en plena crisis social e irrupción de la pandemia, y es el primer mandatario electo que rompe el diálogo del cambio de mando con su antecesor


En el retrato oficial del presidente electo José Antonio Kast —que se exhibirá a partir del 11 de marzo en todas las reparticiones públicas del país y en las embajadas chilenas en el mundo—, aparece con la banda presidencial y el escudo nacional bordado al centro. Ningún gobernante desde el retorno de la democracia había incorporado el símbolo institucional, siendo el último el dictador Augusto Pinochet (1973-1990). El republicano, que defendió en su campaña que no se trataba sólo de una elección presidencial, sino de “devolverle la libertad a los chilenos”, se trasladará a vivir el mismo miércoles de su asunción al Palacio de La Moneda, algo que no ocurría desde hace casi siete décadas. Lo hará junto a su esposa, Pía Adriasola, con quien tiene nueve hijos. La abogada restablecerá el papel de Primera Dama, eliminado durante la Administración de Gabriel Boric, con quien Kast, en una acción inédita, cortó el diálogo para el traspaso de mando la semana pasada acusando falta de transparencia en la información que se le estaba entregando a su equipo.
Kast logró un triunfo contundente en su tercera candidatura presidencial bajo la promesa de un Gobierno de emergencia que responda a las principales preocupaciones de los chilenos: seguridad, migración irregular y economía. Las expectativas de la ciudadanía son altas y, en los últimos días, Kast y los suyos han comenzado a moderarlas a través de diferentes estrategias. Los chilenos ha mostrado consistentemente en el pasado reciente que no tiene fidelidades políticas y que, de no observar soluciones en el corto plazo, quitan el respaldo. Kast, como Boric hace cuatro años, deberá lidiar con aquella impaciencia.
Las derechas, tanto la tradicional, como la extrema del Partido Nacional Libertario, se alinearon por completo detrás de la figura del republicano para la segunda vuelta, que ganó con un 58% de los votos. Para cumplir sus compromisos ha nombrado a un Gabinete marcado por perfiles más bien independientes y técnicos —16 de los 24 ministros no son militantes—, aunque con lazos históricos y estrechos con la derecha económica y política. Los libertarios, tras recibir ofertas que no estaban en la primera línea, decidieron no entrar al Gobierno y ser una “oposición amistosa”. Es una tensión en curso.
El poder político, por su parte, está concentrado en las manos de un grupo pequeño de hombres: Kast se arropa de su ministro del Interior, Claudio Alvarado; Cristián Valenzuela, su estratega comunicacional; Alejandro Irarrázaval, quien diseñó el Gabinete y será jefe de asesores en La Moneda; y su ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, quien tiene el deber de cumplir con el compromiso de un recorte fiscal de 6.000 millones de dólares en los primeros 18 meses de mandato.
El ultraconservador, de 60 años, lleva media vida en la arena política. Las inquietudes vienen de su etapa universitaria en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica, donde conoció a su mentor, Jaime Guzmán, uno de los principales ideólogos de la derecha chilena y fundador de la Unión Demócrata Independiente (UDI). Por aquella época, en 1988, el estudiante de Derecho apareció en uno de los episodios de la campaña por el Sí a la continuidad de Pinochet en el poder en representación de la comunidad gremialista. El hermano menor de Miguel Kast, quien había sido ministro en la dictadura, decía estar “convencido” de que la obra del régimen militar iba en “directo beneficio” de su generación. El republicano es el primer presidente en democracia que ha respaldado la dictadura. Quienes le hicieron clases no lo ponen como alguien muy estudioso, ni menos un intelectual, pero sí muy detallista. De los que anotan todo en un papel y luego pasan la cuenta.

Durante 20 años militó en las filas de la UDI. Fue concejal por el municipio de Buin y diputado por el partido por cuatro períodos y, según sus cercanos, uno de los pocos parlamentarios que dedicaba tiempo a motivar a los jóvenes que asistían a las sesiones de formación gremialista. En 2016, sin embargo, renunció a la UDI tras varios desencuentros con las dirigencias de la vieja guardia —la que intentó desbancar sin éxito en dos oportunidades—, convencido de que se estaban desviando de los principios morales del proyecto original. “Si logro influir en las personas, claramente seguiré con mis aspiraciones presidenciales”, advirtió en su carta de despedida.
Desde entonces ha recorrido 344 de los 345 municipios del país, algunos de ellos decenas de veces, siempre con La Moneda en la mira. Incluso cuando su proyecto político ultra parecía no tener espacio en el Chile del estallido social de 2019. Por esas fechas, en plena crisis social e irrupción de la pandemia, Kast se declaró opositor al segundo Gobierno de Sebastián Piñera (2018-2022), principalmente por haber apoyado un cambio de la Constitución como salida institucional al malestar ciudadano que tuvo a la Administración de centroderecha contra las cuerdas. Cuando en 2021 se presentó a la presidencia en representación del Partido Republicano, la formación que había fundado hablaba de una “nueva derecha” que hacía frente al “colapso institucional e ideológico” de su sector, y de una opción política “determinada” a retomar la batalla cultural, ideológica y programática, que defendiera los principios y valores sin complejos. El sector radical de la derecha llamaba a los históricos como “derechita cobarde.
En su tercera candidatura presidencial de 2025, Kast aplicó una estrategia diferente para conquistar el voto femenino, que le había sido esquivo. En la de 2017, como independiente, y en la de 2021 —donde pasó al balotaje y fue derrotado por Boric—, plasmó en sus programas de Gobierno sus convicciones morales. Proponía, por ejemplo, que en todas escuelas públicas hubiese un profesor de religión, derogar la ley de aborto en tres causales o eliminar el ministerio de la Mujer. Esta vez, los derechos reproductivos de las mujeres y los temas de libertades individuales quedaron bajo la alfombra, aunque reiteró que es un hombre de convicciones. “Defiendo la vida desde la concepción hasta la muerte natural”, sostuvo en un debate. También apuntó en un cierre de campaña: “Vamos a volver a hablar de Dios, de la Patria y de la familia”. Su ministra de la Mujer da una señal. Judith Marín, de 30 años, es una activista contra el aborto.
En su primer encuentro con Boric en La Moneda tras el triunfo, el pasado diciembre, Kast visitó la capilla del Palacio presidencial. A partir del 11 de marzo será utilizada por el sacerdote Mariano Irureta, del movimiento de Schoenstatt, el mismo del que son parte el futuro mandatario y su esposa. Esta histórica figura, el capellán de La Moneda, asesora a las autoridades en cuestiones de fe y ofrece servicios pastorales a los funcionarios.

Desde que resultó electo, Kast se ha reunido con un puñado de líderes de la ultraderecha global. Su primer viaje fue a la Argentina de Javier Milei, también visitó a Viktor Orbán en Hungría y a Giorgia Meloni en Italia, además de a Nayib Bukele en El Salvador, entre otros. Este sábado tuvo su primer encuentro con el presidente estadounidense Donald Trump en la cumbre Shield of the Americas celebrada en el hotel del mandatario en Miami. A comienzos de febrero participó en un foro ultraconservador celebrado en el Parlamento Europeo en Bruselas, donde instó a los partidos ultras afines de Europa a promover de forma conjunta la “vida, la familia, la verdad y la libertad” frente a los “ismos” de las izquierdas como el “feminismo ideológico” o el “indigenismo radical” que, según dijo, constituyen un “poder malentendido” ante el que hay que dar una “batalla cultural, política y moral”.
A pesar de que el relato de campaña siempre estuvo puesto en la seguridad, la economía y la migración irregular, las relaciones exteriores han cobrado un especial protagonismo desde que resultó electo debido a la contingencia local y la geopolítica mundial. El caso del cable submarino de fibra óptica que impulsan empresas chinas en Chile para conectar la región de Valparaíso con Hong Kong, estropeó las relaciones con el Gobierno de Boric que, dentro de los márgenes, se habían dado acorde a la tradición republicana. Kast se quejó de falta de información y llegó a abandonar la semana pasada una reunión con el mandatario de izquierdas por no aclarar unos dichos sobre cuándo le había comunicado del proyectó que enojó a Estados Unidos. Además, anunció una auditoría a las cifras que les lleguen a partir del 11 de marzo.
Ahora será la futura Administración, con el canciller Francisco Pérez Mackenna, de una vasta trayectoria empresarial, pero sin experiencia diplomática, la que tendrá que gestionar el asunto entre los dos principales socios comerciales de Chile en medio de la lucha por la hegemonía mundial.
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