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Montserrat Roig y la ‘tercera dimensión’

Un libro reúne las mejores entrevistas de la escritora, que desarmaba a los personajes, arrancándoles aspectos inéditos

Montserrat Roig con Josep Pla durante su entrevista para 'Destino'.
Montserrat Roig con Josep Pla durante su entrevista para 'Destino'. BIBLIOTECA DE CATALUNYA

“¡Ah, no, con pistola nunca! Le enseñaré un puñal que llevaba. Es un puñal muy bonito; cuando paseaba lo llevaba porque nos dijeron que era necesario ir armado. Mire, hay un tubo en el centro de la hoja que servía para poner veneno; es un puñal florentino…”. Llorenç Villalonga, el autor de Bearn, se lo muestra a la joven Montserrat Roig, que a sus 27 años le ha preguntado sin ambages: “¿Y la leyenda que corre de que usted se paseaba con camisa azul y pistola?”, en referencia a su pasado falangista. Llevaban rato hablando en una sala oscura de la tan señorial como monacal casa del gran novelista mallorquín, que es muy posible que cayera ante la estrategia de la periodista: “Inclinaba un poco la cabeza, sonreía, y hacía una pregunta con cierta inocencia aunque ésta no fuera nada inocente y conllevara mucha carga de profundidad”, recordaba el realizador Sergi Schaff, con quien trabajó en diversos programas en la época dorada de TVE-Cataluña.

“Escudriñaba a sus entrevistados como a sus personajes literarios: con una incansable ambición de entender y saber”, ha afirmado la periodista y escritora Rosa Montero sobre quien fue su amiga, para rematar: “Sus entrevistas parecen dotar de una tercera dimensión a los entrevistados”. Las revistas Serra d’Or, Oriflama, Jano, Destino y el circuito catalán de TVE fueron los afortunados medios en los que se prodigó Roig (Barcelona, 1946-1991) con un género que entrelazaba con los perfiles y que le dio para recopilarlos en cinco volúmenes: tres de Retrats paral·lels (1975-1978) y dos de Personatges (1979).

“El trabajo que me apasiona es remover el país, buscando alguna explicación que verifique el caos actual”, desliza en el texto de su encuentro con el histórico periodista de la República Eugeni Xammar. Visto en perspectiva, el friso que construye busca referentes de la tradición sociocultural catalana rota en 1939 y coserlos con algunos de los nuevos nombres que surgen de los inquietos últimos años del tardofranqusimo. Una liofilización de su proyecto vital puede comprobarse ahora en Retrats paral·lels, una antologia (Edicions 62), recopiladas por los escritores Gemma Ruiz y Albert Forns, con las fotografías que en su momento hiciera Pilar Aymerich.

“Lo primero que hacíamos cuando preparábamos una entrevista era llamarnos para comentar cómo nos vestiríamos (…) Montserrat quería que el personaje se sintiera cómodo; hacíamos todos los papeles para que se sintieran relajados y confiados”, recuerda Aymerich en un corto pero jugoso prólogo. Estaba presente durante las sesiones de fotos porque se daba en ellas un ambiente de intimidad en el que se decían cosas que no afloraban en la entrevista. También llamó la atención de Aymerich la documentación exhaustiva que demostraba la periodista: “Parecía que los conociera de toda la vida y se los metía en el bolsillo desde el primer momento”. Se trasluce en los 18 retratos recopilados, desde el primero, un coetáneo Pau Riba, del que da desde todos sus apellidos a fragmentos de sus canciones del álbum Dioptria I; o citándole referencias de cinco de sus libros al propio Josep Pla, o elogiando la obra de Carles Riba para romper el témpano de hielo con el que la viuda, Clementina Arderiu, recibe a esa chica “que dice cosas tan gordas en Serra d’Or”, pero que irá trufando la entrevista con versos de la sacrificada esposa del bardo.

Iba tan documentada sobre los personajes que “parecía que los conociera de toda la vida”, dice  Pilar Aymerich, que fotografiaba a sus  entrevistados

A la documentación se añade una cultura apabullante que la autora de El temps de les cireres ya lleva de serie y que le permite, por ejemplo, hacer un símil con los modelos del pintor Xavier Nogués al ver el porte de Xammar; tender desde La Plaça del Diamant puentes con la narrativa de Joyce, Woolf y sacar a colación una crítica francesa para satisfacción infinita de Mercè Rodoreda en la quizá mejor entrevista por forma y fondo; identificar un grabado de Brueghel en casa de Pla; mentar con toda la intención El Misántropo de Molière y El Gatopardo de Lampedusa a Villalonga, o convocar la figura de Alexandre Cirici Pellicer en su charla con Oriol Bohigas.

Quizá no tuviera tanto mérito si no fuera porque la entrevistadora contaba en esos momentos entre 24 y 27 años; fue culturalmente precoz en todo: iniciaba sus colaboraciones periodísticas en 1968 y en diciembre de 1970, mientras estaba encerrada en Montserrat, en protesta por el juicio de Burgos contra militantes de ETA, se hacía ahí mismo público que aquella joven anónima entre 200 intelectuales acababa de ganar el premio Víctor Català de cuentos por Molta roba i poc sabó, su debut literario. Al poco, colaboraría en el combativo Tele-eXpres como crítica de literatura en catalán, lo que reforzaría su ya nutrido poso libresco.

A caballo en muchos casos entre la entrevista directa de pregunta y repuesta (si el personaje le da para sostener el ritmo), la de estilo indirecto y el perfil, los textos suelen empezar con una exquisita escudella en la que se entremezclan escenario geográfico, detalles psicológicos o sociológicos y descripción física del entrevistado, con especial fijación en las manos. Ya ahí o durante la charla, el encuentro se verá, además, pespunteado por unas frases-retrato casi poéticas: así, “Calders té una cara ocellívola”; Arderiu aparece como “una dona feta amb la suavitat de la porcellana i el tremp del roure”; Maria Aurèlia Capmany, “l’esplèndida antitesi de la Ben Plantada”, luce “mans expressives com les d’una venedora de mercat”; Xammar ríe “amb un ritme tallant i la seva metralla oratòria és esfereïdora”, y la figura de Rodoreda se le antoja “feble i dura com una estalactita”.

Sus textos son una excelente mezcolanza de escenario, psicología y descripción física de las personas con las que dialoga

El doble resultado es que los entrevistados cobran volumen y acaban confesando, gracias al clima creado por la entrevistadora, lo que no querrían, transparentándose. Asoman entonces naturalezas inesperadas, como una cómica Mary Santpere lectora seria del Quijote, Galdós, el Amadís de Gaula, el Tirant lo Blanch y Simenon; el punto altivo de un ambicioso Josep Maria Flotats, que en enero de 1973 y desde París, no duda en afirmar que "Todo lo amateur me aterroriza" para referirse a la entonces significada Agrupació Dramàtica de Barcelona, que “no tengo vocación ni de apóstol ni de mártir… Si me dan la oportunidad de hacer teatro en nuestra casa, iré”. Y va adornando su discurso: “¿Estás de acuerdo? Bueno, tanto me da”.

La entrevista con Pla será dura. El escritor acaba de cumplir 75 años y va menospreciando a la joven de pelo corto y minifalda: “Vostè ha llegit molt?”. Pero también acabará rendido, a pesar de la famosa anécdota nunca escrita según la cual le respondió a su pregunta sobre si le daba algún consejo para ser buena escritora que con aquellas piernas no era necesario que escribiera. Durante la charla, el autor de La vida amarga sí le dijo: "Si sus cosas duran 30 años en literatura ya puede estar segura que lo que escribe es realmente importante”. Los retratos con tercera dimensión de Montserrat Roig duran ya más de cuarenta…

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