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López Royo, de director de periódico a cerebro de los dos pelotazos urbanísticos de la Iglesia

David López Royo dirigió hasta hace un mes las 64 fundaciones dependientes del arzobispado. Dos de ellas han vendido inmuebles en Madrid por 106 millones

David López Royo.
David López Royo.

Por amor a Dios. Los allegados de David López Royo dicen que todo lo que hace es por amor a la Iglesia. “Así es”, ratifica el propio López Royo a este periódico, “he dedicado toda mi vida a ayudar”. Este hombre dirigió 64 fundaciones de la Iglesia madrileña hasta hace tres semanas. Bajo su mandato se han producido dos operaciones urbanísticas en el Arzobispado de Madrid por un valor de, al menos, 106 millones de euros, la venta de 14 inmuebles a través de Fusara y la venta de una residencia de ancianos con una parroquia a la Universidad de Nebrija.

La versión oficial es que su dimisión estaba prevista desde principios de año: “Sí, pedí ser sustituido en enero para dedicarme a la empresa privada”, reconoce López Royo. Otras fuentes eclesiásticas de Madrid, sin embargo, apuntan a que fue empujado por el cardenal Carlos Osoro, que confió en él la Delegación Episcopal de las Fundaciones en marzo de 2016, una especie de ministerio dentro del arzobispado con 1.200 trabajadores a su cargo. “La sociedad nos exige transparencia”, declaró tras su nombramiento al semanario eclesiástico de ABC AlfayOmega. “No podemos gestionar como se hacía hace 10 años. Los tiempos nos marcan un ritmo vertiginoso”.

La parroquia de San Jorge ha sido vendida a la Universidad de Nebrija.
La parroquia de San Jorge ha sido vendida a la Universidad de Nebrija.

López Royo, de estatura baja y complexión delgada —“ponga que corro todos los días casi 10 kilómetros a un ritmo muy bueno”— tiene el don de la palabra. Y el don de poner al arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en el punto de mira desde hace un mes. ¿Quién es David López Royo?, ¿cómo ha llegado tan lejos en el mundo eclesiástico? ¿Qué necesidad tenía el arzobispado de hacer esas operaciones urbanísticas?

El ritmo de López Royo ha sido, efectivamente, vertiginoso. En menos de 12 meses, dos de las 64 fundaciones que tutela el arzobispado venden su patrimonio sin necesidad aparente. Primero fue la Fundación Fusara, que enajenó los 14 edificios que tenía en el centro de Madrid a 14 sociedades interpuestas por más de 70 millones, y ha dejado en el limbo a 200 inquilinos. Luego vino la Fundación de Santísima Virgen y San Celedonio, ubicada en los alrededores del Bernabéu, que ha vendido a la Universidad de Nebrija por 36 millones una parroquia y una residencia donde conviven 163 ancianos y 19 monjas. “¿Qué sentido tenía esta parroquia si hay tres más alrededor?”, se pregunta López Royo.

“Es un encantador de serpientes con las monjas”, cuenta una exempleada de una de las fundaciones. El 15 de noviembre de 2021 los mayores y las religiosas de la Fundación de San Celedonio tendrán que marcharse. ¿A dónde? “Con los 36 millones construiremos una Ciudad de la Misericordia que contará con una gran residencia adaptada al siglo XXI”, dice un portavoz del arzobispado.Pero ni hay proyecto ni el arzobispado dispone de un terreno.

López Royo nació en Zaragoza hace 62 años, está casado y tiene dos hijos. Desde joven estuvo muy vinculado a la Iglesia. Diplomado en Filosofía y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, entró en Cáritas en los años noventa como director de Cooperación Internacional, donde llegó a coordinar la ayuda humanitaria del huracán Mitch. “Necesita viajar continuamente. Es un hombre pegado al teléfono”, cuenta una excolaboradora.

Meses más tarde dejó Caritas. Durante un tiempo fue responsable del área sociosanitaria del Grupo Eulen en la zona centro de la capital, hasta que entró en el mundo de las fundaciones eclesiásticas. Una de las primeras fue la Fundación Summa Humanite, una organización sin ánimo de lucro formada por laicos católicos. Dos años después, en 2012, dio el salto a los Hermanos San Juan de Dios, donde estuvo como coordinador de 72 centros durante seis años. “Y eso que David no aguanta más de cinco en un sitio”, cuenta una persona que estuvo en su círculo de confianza. “Yo si me voy de un sitio, me voy”, responde López Royo.

Portada de El Correo de Andalucía.
Portada de El Correo de Andalucía.

El 25 de abril de 2014 su vida dio un giro radical. Fue nombrado director del periódico El Correo de Andalucía. No había ejercido como periodista en su vida. Convenció al presidente del Grupo Morera & Vallejo —propietario del diario y de una correduría de seguros— para que hiciera unas pólizas a la Hermandad de San Juan De Dios, donde él estaba trabajando. “El presidente me llamó y me pidió que intentara trasladar al diario la doctrina social de la Iglesia”. López trabajaba de lunes a jueves en la oficina de la fundación en Madrid y, de jueves a domingo, en la redacción de Sevilla. “El periódico era insostenible”, sostiene.

“¡No tenía ni idea de Sevilla! Su gestión derivó en portadas vergonzosas”, cuenta un exredactor. El 9 de junio de 2014 abrió el diario con un titular de ocho líneas: “El Rey que sirve a todos los españoles y el Príncipe que ama a España son aclamados y vitoreados por la ciudadanía”. Fue objeto de mofa en las redes sociales. “Me acusaban de tener una ideología conservadora”, dice. Al frente de esta redacción de más de 50 periodistas estuvo unos ocho meses. El último día, según varios extrabajadores, salió del despacho para despedirse. “No sabéis escribir”, dijo. “Estáis escorados a la izquierda”. El diario sufrió un ERE año después con otro director. Ahora solo tiene versión digital.

— Yo sigo escribiendo. Mis artículos son muy leídos, dice él. 

Su fulgurante ascenso hacia la cúspide de la Iglesia llegaría meses después. López había conocido al arzobispo Carlos Osoro en Asturias y Galicia, cuando trabajaba para Cáritas. Desde entonces, mantuvieron contacto. En agosto de 2014, el Papa Francisco nombra a Osoro arzobispo de Madrid para emprender una renovación tras la era de Rouco Varela. En marzo de 2016 la Iglesia madrileña se apoyaba por primera vez en dos pilares laicos. Uno de ellos era López Royo, como Delegado de Fundaciones, y Julio Lage, como interventor, al que varios curas madrileños llaman “el Dios del dinero”. “López es una buena persona”, dice Lage. Los dos, según manifiestan, trabajan de manera altruista para la Iglesia.

López Royo afirma que solo cobra de Chávarri por el Bien Común, una fundación creada hace dos años por el despacho Chávarri Abogados, en cuyo Comité de Dirección figuran ambos. Pero este bufete es el que ha mediado en las recientes ventas de inmuebles del arzobispado, un hecho donde parece existir un conflicto de intereses, aunque ninguno de los intervinientes en la compraventa ha querido aclarar a este periódico si recibieron comisiones o entienden que hay un conflicto. “No, no me he llevado nada”, explica Royo, “para mí no es chocante estar en la Iglesia y estar en un bufete que ha mediado por estas ventas”.

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