Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

¡Chinchín por ‘Cheers!’

La colección de personajes que pululan alrededor y dentro de la barra cuadrada del bar es soberbia

Frasier, Cliff, Carla y Sam en Cheers, fumando tranquilamente (eran otros tiempos). En vídeo, la introducción de la serie.

“¡Noooorm!” Norman Peterson, contable a menudo desempleado, recibe el saludo a voz en grito, una costumbre ya entre la clientela y la “tripulación” de Cheers. El mejor cliente acaba de entrar en el bar, su (¿segunda?) casa. Parece que ya están todos, como cada tarde después del Telediario de TVE-1: la melodía nos despereza, cada uno en su rincón del sofá, hasta el punto de que la cabezadita de mi padre de después de comer, media hora, no más, nunca llega a producirse. Las primeras notas al piano de Where Every Body Knows Your Name nos hipnotizan y nos trasladan a ese encantador bar de Boston regentado por Sam Malone, ex pitcherde los Red Sox y mujeriego empedernido, rodeado de sus empleados y sus clientes habituales.

La colección de personajes que pululan alrededor y dentro de la barra cuadrada es soberbia: un puñado de ilusos, perdedores y aburridos tipos y tipas que desgranan en el bar sus ilusiones, sus derrotas y sus miserias. Sam viene a ser el “puto amo”, un tipo alto, guapo y todavía famoso, en realidad un exalcohólico, triunfador solo en la cama pero admirado por la fauna de su bar: el Entrenador, camarero veterano, genuino e inocente; Carla Tortelli, la autoproclamada jefa de camareros, multiparturienta (en varias temporadas está embarazada de alguno de los ocho hijos que llega a acumular a lo largo de la serie), descarada, cáustica y despiadada y esposa, en la vida real, de Danny de Vito (había que decirlo); Norm, el bebedor impertérrito de cerveza; Cliff, el cartero orgulloso sabelotodo; Frasier, el psicólogo hipocondríaco que acabará enrollado con una colega y triunfará en un spin-off de la serie que llevará su mismo nombre. Luego está Diana, la camarera de espíritu noble, soñadora e intelectual que no encaja pero que caerá en las garras del “atracativo” Malone, con quien vivirá una intensa y tensa relación de amor-odio.

Un fucker de hoy en día no llevaría nunca los jerseys que llevaba Sam, pero la serie resiste el paso del tiempo

La serie, de episodios independientes, mantiene una trama genérica en la que los personajes van evolucionando. Así, en sucesivas temporadas, entrarán nuevos protagonistas: el Entrenador será substituido por Woody, un camarero de Indiana (lo que aquí sería “de pueblo”), con su misma genuina ingenuidad. O Rebeca, que se convertirá en propietaria de Cheers después de que Sam lo venda para olvidar a… Diana.

El gran trabajo de los guionistas de la serie fue perfilar a esos personajes. Da la impresión de que, una vez trazados, bastaba dejarlos a sus anchas por el bar para que ellos mismos creasen los enredos de situaciones, siempre inteligentes y divertidas.

Las pullas de Carla y las machadas de Sam

1. Año de estreno y origen. 1982 en los Estados Unidos; 1989 en España.

2. Actor/actriz protagonista. Ted Danson, Shelley Long, Woody Harrelson, Rhea Perlman…

3. Edad que tenías cuando la veías y con quieén. 20 años, en familia.

4. La mejor escena que recuerdas. Cualquier apreciación del Entrenador o de su sucesor, Woody; o una pulla de Carla; o una machada de Sam; o...

5. Qué serie ves ahora. Ninguna en concreto, la que dan cuando enciendo la tele: The Big Bang Theory, Moderno Family… ¡Aparecen a todas horas!

Han pasado… ¡30 años! Es inevitable que nadie hablara con móviles ni se conectara a Internet, por ejemplo, y es evidente que un fucker de hoy en día jamás llevaría los jerseys que lucía Sam, pero la serie resiste al paso del tiempo, algo que no ocurre con otras. Hace poco pude ver un capítulo de Los Ángeles de Charlie y se me desmoronó el mito (¿por qué, amada Kelly, en realidad érais tan cutres?).

Socialmente, Cheers, desde el lejano Massachussets, nos plasmaba a nosotros mismos, españolitos de los 90, ante la vida. Me consta que no soy el único que soñó con poner un bar. Me queda el consuelo de que jamás he tenido un grupo de amistades tan amplio y variopinto como en la época de Cheers, cuando gentes de los pelajes más raros nos reuníamos, ¿inconscientemente?, en el Iot, un bar de copas en Pau Claris que se convirtió en nuestra casa nocturna.

Para los curiosos, hay que decir que Cheers estuvo a punto de ser retirada por su baja audiencia en la primera temporada pero acabó en 1993 con un episodio final que fue el programa más visto del año en Estados Unidos. Y, sobre todo, que el bar no existe: lo único verdadero es el cartel de la calle, tras la puerta, todo era un decorado. Y que muchos (ignorantes, desde luego) aprendimos que cheers quería decir chinchín (que, dicho sea de paso, no viene del ruido de las copas al chocarse, sino del chino…). Así que no nos cabe otra que lanzar un chinchín por Cheers y una petición a esas plataformas que tantas series repiten hasta la extenuación: repongan Cheers, harán una tarea social importante.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >