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ANÁLISIS i

Retorciendo el lenguaje…

En Cataluña algún observador de la política sube hasta diez el número de convocatorias a las urnas desde 2012, cuando Artur Mas zarpó desde el puerto de CiU al triángulo de las Bermudas del procés

Artur Mas en el Palau de la Generalitat, en 2017. Ampliar foto
Artur Mas en el Palau de la Generalitat, en 2017.

La vida política nos propone un ejercicio fascinante para cualquier lingüista o incluso para cualquier aficionado a la lectura, a condición de tener una considerable capacidad de tomar distancia con lo que se lee.

España ha tenido tres elecciones generales (Congreso de los Diputados y Senado) en menos de cuatro años, más otras autonómicas, y más recientemente, municipales y europeas. En Cataluña algún observador de la política sube hasta diez el número de convocatorias a las urnas desde 2012, cuando Artur Mas zarpó desde el puerto de CiU al triángulo de las Bermudas del procés, en el que se sabe como se ha entrado pero no como salir.

Otra variante está en Barcelona, donde es cierto se han visto envueltos en un endiablado ‘trilema’

En cada ocasión hemos visto, no como excepción sino como norma generalizada, una cosa bien sorprendente. En los días siguientes los portavoces y líderes salen intentando afirmar que han ganado. Bueno, a veces es opinable, pero a veces no. Si cada vez que hay elecciones, Podemos pierde otro millón de votantes, algo habrá que decir (y hacer). Si Casado hablaba de “remontada” y se encuentra con la mitad de los escaños que tenía el añorado Sr. Rajoy, algo habrá que decir. Y así sucesivamente. Pero con el paso de los días, asistimos a otro artificio. Los primeros días los líderes suelen dedicarlos a establecer (ante los medios) todo tipo de líneas rojas, a cual más gruesa, para luego pasar a decir que nunca se pactará con el PSOE, o que para hacerlo “en algunos sitios”, los socialistas “deberán renegar de Pedro Sánchez” o de sus obras y sus pompas. Otra variante es la de estos días en Barcelona, donde es cierto que unos y otros se han visto envueltos en un endiablado trilema (el famoso dilema a tres bandas). Y esto que, visto desde los márgenes, la cosa es simple, y digamos de pasada que el único que ha hablado claro es el cartesiano Sr. Valls: “Aquí tienen seis concejales sin otra condición que la de no hacer alcalde al Sr. Maragall”.

Ahora bien, la palma de esta suerte de etapa de un “Tour” imaginario se la lleva la ANC, con un documento (al que me refiero según las citas entrecomilladas publicadas en medios ponderados y fiables) que merece ser citado, pues cuando se conozca la sentencia del Supremo se exigirá “al president de la Generalitat de elecciones anticipadas [...] con un renovado mandato hacia la unilateralidad”. Son 19 páginas, aquí algunas muestras: “Una gran manifestación para revertir el relato que se está intentando instalar de necesidad de ampliar el apoyo hasta tantos por cien imposibles, para intentar pactar un referéndum con el Estado que nunca aceptará”. Más adelante: “Nuestro Govern y los partidos que lo apoyan no están en este momento en condiciones de liderar un nuevo embate”, cosa que parece un poco contradictoria. Y lo es, vean sino: la ANC “tiene que ser capaz de llegar a la discriminación positiva de unos partidos respecto a otros que no defiendan esta línea unilateral”.

En el discurso independentista se ha instalado como minuto cero del “relato” lo que pasó el 1-O

¡Uf! Se habla, en un tono algo menos espeso, de “establecer una intercomunicación fluída y regular con la presidencia de Generalitat” (¿todavía más?) y de que “el ejemplo de Quebec debería hacernos reflexionar” (¿en qué sentido?), para añadir que la sociedad catalana está “folklorizada en el victimismo”, por lo que “con fórmulas democráticas blandas y de diálogo no saldremos adelante”. Puntilla final: “Los actores que lideran el movimiento han derivado mucho en la decadencia de las ambiciones y en la disolución de las convicciones, de las luchas. Han liderado la victimización”. Tal cual. Observemos que hace ya un tiempo en el discurso independentista se ha instalado como minuto cero del “relato” lo que pasó el 1-O, de todo lo anterior no se habla, y no solo de lo acontecido en 2017. Repasar ahora con cierto detalle el calendario de citas desde 2012 hasta hoy daría para varios artículos más, así como algunos libros que son referencia.

Algunos lectores opinarán seguramente que faltan comas (muchas), y faltan pausas para respirar correctamente, sin lo cual no llegará suficiente oxígeno al cerebro para entender tal documento y sus muchos matices. Dos expertos nos pueden ayudar a salir de este mareante mar de dudas. El primero es el amigo Álex Grijelmo, respetado experto de este diario en temas de lengua, gramática y ortografía; el segundo sería el Dr. Adolf Tobeña, catedrático de Medicina de la UAB, con su canónico libro Neuropolítica.

Pere Vilanova és catedràtic de Ciència Política a la Universitat de Barcelona.

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