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En un paraíso continuo

El actor Borja Luna busca rincones en Madrid para olvidarse de sí mismo

El actor Borja Luna, frente al Palacio de Cristal de El Retiro. Ampliar foto
El actor Borja Luna, frente al Palacio de Cristal de El Retiro.

1. Calle de Eugenio Salazar. Cuando ensayaba allí con el Clásico, el planazo era ir a comer al restaurante La Tachuela, donde lo hacen todo con mucho cariño, y después a la pastelería Astur, que tiene unos tés y una bollería riquísimos. Luego puedes acercarte al Teatro Pradillo, que tiene una programación fantástica, y para terminar, tomarte algo en El Garaje Hermético, un garito con rock del bueno, bueno.

2. Calle de Serrano. Me encanta bajarla en bicicleta, es uno de los momentazos del día porque es cuesta abajo y pillas todos los semáforos en verde. También me gusta recorrerla en la San Silvestre. Vas meditando sobre el año que se va, te reubicas y coges fuerzas para lo que viene.

3. Museo del Prado. Para ir en soledad o en muy buena compañía. Me gusta muchísimo Ribera, cómo pinta la expresión, la mirada… Cuando contemplo sus cuadros y paso al siguiente, a veces tengo que volver porque hay algo que me llama. Me olvido de mí mismo al abordar esas maravillas (paseo del Prado, s/n).

Entre la tele y las tablas

Borja Luna (Madrid, 1984) empezará en enero a girar por la red de teatros de la Comunidad de Madrid con la compañía Venezia Teatro, de la que es cofundador. Este año ha participado en la última temporada de la serie Isabel.

4. Parque de El Capricho. De pequeño hacíamos muchas excursiones desde casa hasta allí y me parecía como ir a otra dimensión. Lo que más me gusta es su flora que en otoño y primavera es espectacular. Parece el paraíso (paseo de Alameda de Osuna, 25).

5. Sala El Sol. Siempre hay un momento de la noche en el que mi cuerpo se pone a bailar por el musicón que ponen. La selección es bastante cambiante y siempre me sorprende. Me lleva también a ese lugar en la linde entre olvidarme de mí y, al mismo tiempo, estar conmigo mismo del todo (Jardines, 3).

6. Sala Siroco. No estoy muy puesto en la música, pero siempre que voy, me sorprenden con grupos que me encantan. Hay muy buen ambiente y todo fluye. Me gusta sobre todo por la energía que vibra allí (San Dimas, 5).

7. Naves del Español. Es un espacio de diálogo de los artistas con el público, de disfrute, apertura y teatro. La historia que tiene detrás es importantísima y como espectador me siento muy a gusto. Tuve la suerte de hilar un par de trabajos allí y desde entonces me siento siempre como en casa (plaza de Legazpi, 8).

8. Parque de El Retiro. Cuando estudiaba en la Resad, me escapaba con mi tupper o mi bocata a comer enfrente del Palacio de Cristal y luego me pasaba por la exposición que hubiera en ese momento. Me gusta la sensación que me dejan los cipreses que hay en el lago, ahora en otoño se ponen de un color anaranjado espectacular.

9. Pico Peñalara. Voy con familia o amigos. Está bien cerca de Madrid pero, de repente, te descubres en la naturaleza más salvaje. Tanta grandeza te hace olvidarte de ti, ver a la vez lo pequeño y lo grande que eres. Es un lugar para dejarte estar y disfrutar, que te sobrecoge y te abruma. Si tienes suerte, hasta puedes ver un grupo de cabras montesas.

10. Cerro del Tío Pío. Es un lugar idóneo para pasar una tarde tranquila en primavera o verano. Me llevo un buen bocata, algo de beber y veo la puesta del sol. Es otro de esos rincones en los que te das cuenta de que vivimos en un paraíso continuo (Benjamín Palencia, 2).

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