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El traje se escapa del cuadro

El Museo Sorolla une en una muestra óleos del artista con maniquíes vestidos con los trajes que adquirió cuando pintaba los lienzos

Óleo titulado 'Los guitarristas, costumbres valencianas', de 1889. Ampliar foto
Óleo titulado 'Los guitarristas, costumbres valencianas', de 1889.

La joven novia mira al frente ataviada con sus mejores guardapieses, mantellina blanca cubriéndole la cabeza, ramo de oropel prendido en la gorguera, abanico en mano. La lagarterana está acompañada por dos mujeres y dos hombres, también en sus mejores galas: traje de calzón negro y camisa blanca que ajustan con una faja. Es el conocido boceto Tipos de Lagartera o Novia lagarterana, pintado por Joaquín Sorolla en 1912, que saluda al visitante a la entrada de la exposición Fiesta y Color. La mirada etnográfica de Sorolla, que se celebra en el Museo Sorolla hasta el próximo 25 de mayo.

La muestra se adentra en la faceta de coleccionista del artista y es una buena excusa para visitar el museo y conocer con detalle los trajes típicos de España, que, aunque ahora parezca imposible, un día vistieron nuestros antepasados. Con este fin, los cuadros están acompañados por unos impertérritos maniquíes ataviados con vestiduras similares a las que lucían los habitantes de los pueblos de varias provincias españolas, que el artista adquirió durante los ocho años que destinó a recorrer la geografía española. El encargo del norteamericano Archer M. Huntigton en 1911 para la biblioteca de la Hispanic Society de Nueva York fue el punto de partida de este periplo.

La exposición reúne alguna de estas pinturas con las piezas de vestuario que Sorolla adquirió buscando “una serie de paisajes de las provincias en las que se realzan los trajes típicos”. Parte se conservaban en el Museo Sorolla y otras han sido donadas a la Fundación Museo Sorolla por la familia Pons-Sorolla, que se exponen por primera vez. En total son 25 piezas de pintura (figuras y paisajes) y nueve conjuntos de indumentaria. Además, se exponen algunas de las joyas con las que se adornaban y una selección de fotografías y cartas. Durante estos años Sorolla además de pintar, se documenta, toma fotografías y recopila trajes típicos, joyas, y todo tipo de complementos. La comisaria de la exposición, Covadonga Pitarch, destaca el trabajo de recopilación e investigación que ha supuesto montar la muestra. “La exposición se encuentra en la línea que sigue el museo en cuanto a mostrar nuestras propias colecciones e investigar diferentes producciones del pintor”, declaró ayer Pitarch.

La exposición se divide en cuatro ámbitos: Castilla, Valencia, valles pirenaicos y Andalucía. En la zona dedicada a Castilla, “la región que más le emocionó”, según palabras del artista recogidas por los organizadores de la exposición, aparecen, además de los trajes de Lagartera, otro de la Alberca y dos trajes de charra salmantina, que evocan la escena que se desarrolla en el óleo Tipos de Salamanca y Novios salmantinos.

De Valencia, lugar del que siempre se sintió Sorolla a pesar de vivir en Madrid, la muestra ofrece varios óleos con escenas costumbristas, acompañados por el traje de fallera que perteneció a su hija, María Sorolla García, adquirida antes de 1906. El traje está acompañado por pendientes valencianos del siglo XIX y un aderezo de broche y pendientes del mismo siglo.

El periplo de Sorolla llevó sus pasos, también en 1912, a los valles de Ansó (Huesca) y Roncal (Navarra). Al pintor le impacta el traje de ansotana, uno de los más antiguos y singulares del país. Promete regresar y así lo hace en 1914. Durante sus estancias adquirió una cantidad importante de indumentaria. El museo conserva dos basquiñas y una saigüelo de Ansó, una camisa, varias escarapelas, churros (postizo para dar volumen al peinado) y una mantilla. Los vestidos ansotanos están confeccionados de una pieza y son muy pesados. La basquiña verde es el vestido más ligero y pesa alrededor de cinco kilos.

El broche a la exposición lo pone la sala dedicada a Andalucía, donde se expone Bailaora flamenca de 1914. A su lado, un traje que perteneció a la bailaora Encarnación López, conocida como Argentinita, con un cuerpo inspirado en un mantón de manila y una falda de tres volantes. El arte unido a la tradición más popular.

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