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Tribuna
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Un futuro de oportunidades para Colombia y sus migrantes

El país encabeza un cambio de paradigma en el enfoque mundial para los flujos migratorios masivos

Daniel Goyo está impulsando una academia de baile gracias al proceso de regularización migratoria de venezolanos en Colombia.
Daniel Goyo está impulsando una academia de baile gracias al proceso de regularización migratoria de venezolanos en Colombia.Séptima Films / Banco Mundial

“Estamos aquí para que nuestras hijas tengan un futuro”, dijo Karelis Mora. “Estamos felices de poder llegar a pertenecer a este país”, agregó Mairenis Chirinos. Las dos mujeres forman parte de un grupo de migrantes venezolanos con quienes tuve el gusto de conversar en un reciente viaje a Colombia.

Me hablaron de sus sueños de un futuro mejor y de cuánto anhelaban hacer de Colombia su nuevo hogar bajo la iniciativa Estatuto Temporal de Protección para Migrantes Venezolanos (EPTV), que brinda a los venezolanos un estatus migratorio regular, y con el acceso a la educación, salud, vivienda y oportunidades de empleo en igualdad de condiciones que sus anfitriones colombianos. Esta medida, válida por 10 años, coloca a Colombia entre los primeros países en adoptar un marco de políticas públicas verdaderamente amplio para la inclusión de los migrantes.

Tal como sugiere el título de este blog, este estatuto de protección temporal ofrece un futuro de oportunidades para Colombia y la población venezolana que acoge, la cual se ha visto obligada a dejar su país debido a la dura realidad social y económica que allí existe.

El Banco Mundial se enorgullece de apoyar esta iniciativa a través de un préstamo de políticas para el desarrollo de 500 millones de dólares, el primero en su tipo centrado exclusivamente en la migración transfronteriza y en políticas públicas como el EPTV, que promueven la inclusión a largo plazo de las poblaciones migrantes en lugar de una solución a corto plazo. Otro aspecto clave de nuestro enfoque —en comparación con la forma en que se ha dado respuesta tradicionalmente a las crisis migratorias y de refugio— es reconocer la importancia de focalizar conjuntamente la asistencia humanitaria de emergencia y medidas más sostenibles, de forma coherente y sistemática. Al préstamo se suma una donación de 26,4 millones de dólares otorgada por el Mecanismo Global de Financiamiento Concesional (GCFF, por sus siglas en inglés).

Como resultado, Colombia encabeza un cambio de paradigma en el enfoque mundial para los flujos migratorios masivos, ofreciendo renovadas esperanzas a los migrantes, contribuyendo a la aceleración económica del país, y aportando valiosas enseñanzas para el resto de América Latina y el mundo.

No olvidemos que siguen siendo millones los migrantes y refugiados venezolanos en toda la región que enfrentan niveles dispares de integración en sus comunidades de acogida, y que son varios los países receptores que podrían beneficiarse en muchos aspectos de la experiencia colombiana.

Las fronteras muchas veces nos recuerdan imágenes de alambres de púas, centros de detención arbitrarios y fuerzas de seguridad indiferentes. Al aportar algunas de las soluciones más progresivas, innovadoras e integrales del mundo a la migración masiva, el Gobierno colombiano, en lugar de ver el éxodo venezolano como una amenaza, considera a este fenómeno como una oportunidad.

A corto plazo, esto podría significar un mayor gasto por parte del Estado de alrededor de medio punto porcentual del PIB al año. Sin embargo, a medida que los venezolanos son regularizados e ingresan a la fuerza laboral, el crecimiento económico podría experimentar un impulso de casi un punto porcentual en el mediano a largo plazo.

En otras palabras, por cada dólar que Colombia invierte en la integración de sus migrantes puede obtener hasta dos dólares de beneficio para la sociedad.

No obstante, es evidente que existen retos significativos.

Algunos son económicos, dada la incertidumbre persistente en torno a los efectos a largo plazo de la pandemia de la covid-19. También hay retos políticos: como en muchas otras partes del mundo y la región, algunos líderes de opinión han estado jugando con los temores infundados de los locales respecto a la pérdida de puestos de trabajo o un aumento de la criminalidad.

Por suerte, ha prevalecido la sensatez. No olvidemos que, durante muchos años desde mediados del siglo pasado, Venezuela acogió a un gran número de migrantes colombianos, cuando disfrutó de un auge petrolero que creó muchas oportunidades de trabajo.

Colombia merece con creces el apoyo del mundo en sus esfuerzos por integrar a los migrantes venezolanos. El éxito de esta iniciativa loable le permitiría a un país de ingreso medio dar un brillante ejemplo de significancia verdaderamente mundial.

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