El ‘mea culpa’ de Díaz-Canel
No es que el capitalismo sea la total panacea, pero el sistema ordenado de libre mercado ha sacado a varios miles de millones de personas de la pobreza absoluta

Muy curioso ver al presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, la semana pasada ante lo que parecía ser el pleno del Partido Comunista de Cuba, asumiendo la total responsabilidad del desastre económico del régimen por cuenta específica del accionar de su partido, y de forma tan aparentemente sincera.
Fue curioso, pues primero estuvo la admisión de que su población padece de todos los males ante un sistema ideado en la Unión Soviética hace 100 años y que en el mundo cayó hace ya casi cuatro décadas, precisamente por eso: por ineficaz. Pero sobre todo curioso al hacerlo solo tres días después de la captura de Nicolás Maduro y de las advertencias del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, sobre intervenir en Cuba ante la catástrofe humanitaria que sufre su población.
Pero aún más curioso son sus palabras específicas: que hay que arreglar esto, que hay que resolver aquello, en palabras gerenciales, “más mejoramiento continuo”. No hay un entendimiento en su discurso de que el problema es absolutamente estructural y que la cuestión es el modelo económico. Y como si en los últimos años desde la caída del muro de Berlín no hubiera habido no solo buenos sino excelentes ejemplos: primero China en 1979, que es un estado totalitario, pero absolutamente capitalista, desde la ascensión al poder de Den Xiaoping. Pasó de ser una economía rural y atrasada, aunque relativamente grande por su gran población, a rivalizar hoy con Estados Unidos en PIB, y superarlo en la paridad del poder compra.
Luego toda la cortina de hierro y Polonia en particular, el país que más sufría —hambrunas, incluso—, es hoy ejemplo en el sistema económico europeo en general, no solo de los antiguos satélites de la extinta URSS. Pero por otro lado está Vietnam, que es casi el mejor ejemplo de todos: grandes flujos externos de capital para reemplazar el aumento de costos de las cadenas de producción chinas, crecimiento económico de entre el 6-8% en 20 años, y obvio un aumento notable de la calidad de vida de su población. Y bajo un régimen totalitario.
Pero, como todas las tortas tienen cobertura y cereza, la cobertura es la afirmación de Trump este fin de semana diciendo que los van a intervenir, y la cereza, ¡que va a nombrar a Marco Rubio presidente!
Volvamos al modelo económico: en Francia se dice que tanto en la cocina como en la economía hay recetas que está demostrado que no funcionan. Y es el caso del absurdo estatismo cubano por miedo de perder el poder. Para la muestra un botón: hace unos meses Cuba logró que llegaran cruceros a visitar La Habana; pero al ver el gobierno que de un solo barco se bajaban 3.500 personas en un día, les pareció incontrolable, les entró terror y prohibieron las visitas.
No es que el capitalismo sea la total panacea, pero el sistema ordenado de libre mercado ha sacado a varios miles de millones de personas de la pobreza absoluta; y claro que se presta para abusos a pesar de las leyes de competencia, y de los controles de la libertad de prensa, además de no ser suficientemente asertivo en temas como el hambre, la pobreza y la desigualdad extrema, que claramente no solo deben ser de la órbita de los gobiernos. Por muchas razones a Deng Xiaoping no le pareció una buena idea la democracia sarcásticamente eludiéndola “por ser un experimento muy joven (200 años)”, pero se embarcó en el capitalismo sin un pero.
Sí, sigue pertinente el repetir, repetir y repetir que el capitalismo o “el sistema consciente” es un sistema de libre mercado donde las empresas tienen un triple balance, donde el financiero es idéntico al resto de la economía en desarrollo innovación, resultados financieros pero también tiene un balance social donde se mide ese impacto en las comunidades donde actúa; y finalmente el balance ambiental que busca que la empresa llegue lo más rápido posible al neto positivo en emisiones de CO2 en su cadena de abastecimiento del inicio al fin.
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