Desolación en el entorno de Rajoy ante el tropiezo en Andalucía y Asturias

El golpe a la gestión del presidente complica el futuro de Javier Arenas

Dolores de Cospedal comparece en la sede del PP en Génova (Madrid) tras los resultados. / Claudio Alvarez (El País)

Mariano Rajoy empezó a descubrir anoche las consecuencias de gobernar un país en crisis y tomar medidas impopulares, precisamente esas que siempre quiso ocultar para poder ganar las elecciones. Cuando llegó a la sede de la calle Génova con su esposa, Elvira Fernández, todos los dirigentes le vieron relajadísimo. Los datos que les llegaban de Andalucía auguraban una mayoría absoluta cómoda de 58 o 59 escaños. Varios ministros, dirigentes del PP e incluso el banquero Rodrigo Rato, un habitual de las noches electorales, se acercaron al despacho del presidente a celebrar una victoria histórica.

Pero en cuanto empezó el recuento, las caras de alegría empezaron a cambiar. Después llegó la desolación: Andalucía se escapa de nuevo.

Un enorme chasco al que se sumaba el catastrófico resultado asturiano: de nuevo tercera fuerza. Otro varapalo para Rajoy en su lucha personal con Francisco Álvarez Cascos, al que él decidió apartar.

Javier Arenas fue el único de los dirigentes clave que nunca estuvo del todo seguro. Y por eso presionó para que Rajoy retrasara a después de las andaluzas las medidas más impopulares. Pero Bruselas, Angela Merkel y los mercados también presionaban, y Rajoy adelantó su medida más polémica, la reforma laboral. Aunque sí dejó los recortes más brutales de los Presupuestos para después de estos comicios.

Perder 170.000 votos era algo que nadie en el PP podía imaginar ni con los recortes

Lo cierto es que la estrategia fracasó. Dolores de Cospedal trataba anoche de sacar partido al hecho de que el PP ha ganado las elecciones, pero nadie podía disimular una enorme decepción.

La mayoría absoluta ha quedado muy lejos. 50 escaños no los daba ni el peor de los augurios para el PP. Ahora, salvo un improbable modelo a la extremeña, esto es que IU y el PSOE no pacten, Arenas se irá de nuevo a la oposición.

El futuro político del dirigente de mayor confianza de Rajoy, su gran consejero, el hombre fuerte del PP, estaba anoche en el aire. Tanto que Cospedal, su principal rival interna —ambos mantienen hace tiempo una pugna por el control del partido— se mostró dubitativa cuando se le preguntó por él: “Ha hecho un magnífico trabajo, y a partir de ahí hablaremos de todo lo que quiera hablar Javier Arenas”.

Si Arenas quiere recuperar poder en el partido, chocará con Cospedal

Internamente el líder del PP andaluz, que fracasa de nuevo en su cuarto intento, en condiciones políticas inmejorables —con el PSOE a la baja y el escándalo de los ERE en plena campaña— puede quedar muy debilitado. Anoche ya había críticas soterradas al partido en Andalucía y a la campaña de Arenas. Que el PP, en estas condiciones y con la ola de la victoria aplastante el 20N y un PSOE dividido y con escándalos, haya perdido 170.000 votos sobre las últimas elecciones autonómicas era algo que nadie lograba asimilar anoche. Si se compara con las generales de hace solo cuatro meses —aunque la participación siempre es mayor— el PP ha perdido 420.000 votantes.

Cospedal se convierte así en la única dirigente del PP que ha logrado ganar con mayoría absoluta en una de las tres históricas comunidades socialistas —Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía—. Y probablemente este resultado reabra una batalla interna en el PP.

Si Arenas quiere seguir al frente de la oposición en Andalucía e intenta volver a recuperar papel interno en el PP, se encontrará con la oposición frontal de Cospedal, que ya en el último congreso movió los hilos para apartar a los fieles al dirigente andaluz de puestos clave del partido. Aún así, Arenas, dirigente muy respetado, siempre encuentra su hueco.

El varapalo es también importante para Rajoy, que anoche abandonó Génova para viajar a Seúl, donde se encontrará con Barack Obama y podrá olvidar las penas andaluzas con una apretada agenda internacional.

No solo se lleva un enorme chasco después de meses de buenas noticias. Además ve que su rival, el PSOE, muy debilitado tras las generales, salva su plaza clave y desde allí reconstruirá su oposición. El golpe puede animar a la izquierda para la huelga general del jueves y alienta la batalla contra los recortes de los Presupuestos del viernes.

Cospedal no quería admitir que los primeros tres meses del Gobierno, centrados en recortes y una polémica reforma laboral hayan impedido ganar a Arenas. Y desmentía que haya voto de castigo: “El cambio en España es imparable. Hay un Gobierno que está haciendo las reformas que España necesita y tiene el respaldo mayoritario. Una cosa son las generales y otra las autonómicas”.

Sin embargo, en el PP muchos admitían en privado que ahí está la clave. Aunque hay diversas teorías. Algunos sostienen que la idea de jugar a dejar lo más duro para después de las andaluzas ha sido demasiado evidente. Otros, que algunas cuestiones troncales para el electorado del PP, como la subida de impuestos que Rajoy siempre negó, han calado. Y otros incluso hablaban de las polémicas sobre el fichaje de familiares en empresas cercanas al Gobierno como elemento que ha molestado mucho al electorado del PP.

Cada uno daba su propia explicación, pero todas iban en el mismo sentido: un enorme chasco que demuestra que, nada más llegar al poder, el PP ya ha empezado a sufrir desgaste.