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Sin oposición

Los franceses dejan manos libres a Macron para acometer sus reformas y su programa europeísta

Emmanuel Macron posa para una foto antes de depositar su voto este domingo en Le Touquet.
Emmanuel Macron posa para una foto antes de depositar su voto este domingo en Le Touquet. EFE

Imparable, la ola Macron se ha impuesto en Francia. Los franceses o han apostado por ella o han favorecido su triunfo con una abstención récord, dado que la victoria estaba cantada. El programa socioliberal centrista del movimiento La República en Marcha va a poder abrirse camino sin oposición real en el Parlamento.

En el camino ha quedado herido de muerte el Partido Socialista y muy diezmado el de Los Republicanos. Ambos presentaron líderes con pies de barro y han sido víctimas de su propia división interna. Por el camino han quedado también frustradas las ambiciones de la extrema derecha y, en menor medida, de la extrema izquierda, castigadas por sus propuestas antieuropeas y los errores de sus dirigentes Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon.

Desde que Emmanuel Macron ganó las elecciones presidenciales el 7 de mayo, ha desplegado prometedores gestos y mejores palabras. Tras las definitivas elecciones de este domingo para la Asamblea Nacional (principal Cámara legislativa, ya que el Senado juega un papel muy secundario), ha llegado el momento de gobernar. Las primeras propuestas están listas para cumplir con un programa que intenta conciliar medidas de la derecha, especialmente en economía, y de izquierda en el terreno social. Es un proyecto relativamente novedoso del que los franceses, alarmados por el paro y la debilidad de la economía, esperan respuestas con cierta premura sin que su modelo social se vea menoscabado. Macron, sabedor de la urgencia, ha acelerado la puesta en marcha de sus proyectos.

La apuesta europea, para la que también Macron ha recibido un masivo respaldo en casa, llega en un momento difícil, cuando las costuras de la Unión Europea se ponen a prueba con el Brexit, las tensiones con Moscú y Washington y el conato de rebelión de los países del Este. Llegada la hora de gobernar, el resto de los socios de la UE deben cerrar filas en torno al nuevo aliento europeísta de París.

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