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Cómo sobrevivir a Cibeles (sin morir en el intento)

Hablamos con novatos, expertos y famosos sobre sus trucos para aguantar las duras jornadas de moda

Cibeles se parece a un casino de Las Vegas: no sabes ni qué hora es ni qué tiempo hace fuera. Todo ello despista bastante. Acabas de salir de un desfile y, entre que esquivas a la marabunta, te cuelas en el Kissing Room —la sala donde acuden los invitados tras el show a tomar una copa y atender a los medios— y vuelves a la sala de prensa, comienza el siguiente. “¿Pero no había una hora y media entre desfile y desfile?”, me pregunto todos y cada uno de los días que estoy aquí. Claro, una cosa es lo que ponga en el calendario y otra, la realidad.

Vamos por partes.

La MBFWM está pensada, sobre todo, para tres tipos de personas: los que vienen a curiosear, los que vienen a trabajar y los famosos (de poco o mucho pelo). Los dos primeros terminan, indudablemente, con un intenso dolor de pies. Los terceros llegan en taxi, se sientan en el desfile, saludan en el Kissing Room y se marchan. Por eso llevan esos tacones y esos modelitos, qué pensáis.

El espacio principal del pabellón 14 de Ifema está lleno de expositores de marcas y medios de comunicación: se puede curiosear, tomar café, comprar joyas, fotografiarse como una modelo de portada, leer revistas y dejar que te maquillen y peinen. La gente que va es mucha, y las colas son eternas. Es fácil que disfrutar de esta experiencia te ocupe buena parte del día, con paseos de aquí para allí. Hemos preguntado a jóvenes, mayores, extranjeros y seniors de este evento qué llevan en sus bolsos para sobrevivir a la jornada, y casi todos coinciden: agua, tiritas, cargador de móvil y maquillaje (para retoques).

Carmen Lomana cuenta que lleva yendo a las pasarelas desde que tenía 14 años (ahora tiene 68, o eso dice Google) y que lleva tacones, sí, pero cómodos (y caros, son de Dior). En su bolsito nunca faltan los polvos matificantes: “Llevo unos polvos por si hace calor para matizar los brillos”. Y sí, aquí hace calor y entre tanto foco, la cara se pone enseguida como las cocinas de la Freiduría Manolo. “Llegas y a las dos horas estás para los leones”, reconoce la socialité. Otra de los personajes famosos que más se dejan ver en los eventos de Cibeles es Esperanza Aguirre. Ella, dice, no se deja nunca el agua, las gafas y el teléfono móvil.

La otra cara de la MBFWM en Ifema se descubre al cruzar la sala de prensa: medios nacionales y extranjeros, fotógrafos, cámaras de vídeo y un pequeño catering (sí, el suministro de agua, café y té es ilimitado). Este año, por primera vez, tenemos wifi. Sé que lo hemos destacado en las crónicas previas hasta la saciedad y que pensáis que menuda novedad, pero por raro que pueda parecer, hasta ahora no lo había. Y eso facilita mucho nuestro trabajo: los que funcionamos con portátil ya no tenemos que tirar de la lenta conexión de los datos móviles y para informar a través de las redes sociales ya no tienes que suspirar por cada mega de tu plan de telefonía que se esfuma.

Las redes sociales son otro de esos must have de cualquier semana de la moda que se precie. Este año, como novedad, la cuenta oficial de Twitter (@MBFWMadrid) emite en directo los desfiles y, con la herramienta Periscope, lo hace con vídeos en 360 grados. No es fácil sacar fotos durante un desfile (las luces blancas juegan malas pasadas), colgarlas en Instagram, añadir un comentario, preparar un Instagram stories y luego seguir con Twitter y Facebook. Los invitados a un desfile nos hemos convertido en hombres y mujeres orquesta. Por eso, además del cargador, una batería portátil no viene nada mal. Y un aprovechamiento de los recursos: ratito que te sientas al ordenador, ratito que no se te puede olvidar cargar el móvil.

Los desfiles en Ifema nunca empiezan a la hora indicada. Suelen retrasarse unos 10 minutos como máximo, cosas del directo. —La única excepción que he conocido (cuatro ediciones) es la de Felipe Varela, en febrero de 2016. Volvía a desfilar después de muchos años, convertido en el modisto de la Reina. Y aunque no se había movido durante todo ese tiempo de su taller en la madrileña calle de José Ortega y Gasset, parecía que volvía del Olimpo. Que si no quiero hablar con los periodistas, que si no quiero que me vean, que si no os voy a contar nada… Total, más de 30 minutos de retraso que dieron tiempo para especular, sobre todo, si es que Letizia Ortiz estaba en el front row (o si estaba de camuflaje entre el público). Lo primero no pasó, lo segundo nunca lo sabremos—. Y duran unos 20 minutos. Sentarse, incluso para los periodistas que tenemos el sitio reservado, es una batalla constante. No hay vez que llegues al lugar que te corresponde y no haya alguien ya sentado (a no ser que vayas el primero a, literalmente, guardar cola). Pero para los que no tienen su nombre escrito en un asiento, después de una larga espera fuera de la pasarela para conseguir entrar, la cosa se pone tipo Juego de tronos.

En el primer día en Ifema, caminé 11,71 kilómetros y quemé 537 calorías (esto último está bien), y lo sé porque tengo la aplicación S Health, que te cuenta toditos los pasos que das. A veces la moda está reñida con la comodidad, por eso mi consejo es apostar por lo segundo. Más vale zapato dado de sí, que monería que te deje los talones sangrando (#truestory). La sensación que te queda al final del día es que esto ha sido como un iron man: hemos esquivado obstáculos, nos hemos peleado, hemos pasado hambre, hemos corrido y nos duele la espalda porque no hay asientos para apoyarla. Pero qué divertido es (dos veces al año, que no hacen daño).