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Qué ver en Japón en un viaje de 12 días

Claves para una primera aproximación a un país inclasificable y diferente a todos

Qué ver en Japón en un viaje de 12 días

Japón es un universo diferente a cualquier otro lugar que hayas visto antes. Un país que estuve 268 años cerrado al resto del mundo tiene necesariamente que ser muy especial. Y Japón lo es. Haría falta una vida para comprender a los japoneses, pero si solo tienes un par de semanas para viajar hasta allí, estas son mis recomendaciones de lugares imprescindibles para una primera aproximación a la realidad nipona.

Mi primer consejo es que entres por Osaka y salgas por Tokio, o viceversa. Hay varias compañías aéreas que vuelan a esos dos aeropuertos (yo lo hice con Turkish Airlines, vía Estambul) lo que permite hacer un recorrido lineal y aprovechar mejor el tiempo. El segundo consejo es que te saques el JR Pass, el pase de viajes ilimitados de los ferrocarriles japoneses. Ahorrarás mucho dinero si haces este recorrido que propongo; pero ¡ojo! solo puedes comprarlo fuera de Japón. Yo lo hice con esta agencia de viajes especializada.

Castillo de Osaka
Castillo de Osaka

OSAKA

No es la ciudad más turística de Japón, pero si entras por el aeropuerto de Kansai merece la pena dedicarle unas horas porque tiene algunas cosas de interés. La principal es su castillo, que aunque está reconstruido (lo dejaron hecho unos zorros en la II Guerra Mundial) refleja muy bien el espíritu de la arquitectura Edo. Lo rodean aún las ciclópeas murallas y unos cuidados jardines. Interesante el contraste entre el castillo y los rascacielos cercanos. Aparte de esto, hay que ir de día por el barrio de Umeda y comer en alguno de los muchos restaurantes de sus callejones. Y por la noche, al barrio de Dotombori.

KIOTO

Kioto está a 15 minutos de shinkansen (tren bala) de Osaka. Y es la joya de todo viaje por Japón. En Kioto puedes estar tantos días como quieras y no terminarías de ver la cantidad de templos, santuarios y lugares de interés que atesora. Mi consejo es dedicarle como poco tres días completos.

Uno de ellos se va visitando la ladera de Higashiyama, con sus múltiples recintos religiosos, incluido el santuario Chion-in (ojo, el pabellón principal está cerrado por reformas). De allí se puede bajar por los jardines de Maruyama kōen hasta Gion -el barrio de las geishas-, dedicar un buen rato a las compras en la calle principal y cenar luego en el concurrido nudo de callejones de Kawaramachi.

Kioto, barrio de Gion.
Kioto, barrio de Gion.

Otro día completo se va recorriendo la ladera opuesta, Arashiyama, con el celebérrimo bosque de bambú (os decepcionará lo pequeño que es) y sus muchos templos, entre ellos el bellísimo Tenryū-ji y su jardín zen.

El tercer día yo iría por la mañana a Nijō-jo, el castillo del sogunato Tokugawa, un maravilloso recinto de palacios, murallas y jardines que se conserva tal cual fue cuando desde este lugar los señores de la guerra ejercieron el poder durante la época Edo.

Y por la tarde tomaría la línea del JR para ir a Fushimi Inari, el famoso santuario cuyos torii anaranjados recorren más de cuatro kilómetros de caminos por el monte Inari (en fechas señaladas puede haber miles de visitantes que lo saturan todo). Merece la pena recorrer con calma sus caminos y subir a ver atardecer sobre Kioto desde la cima del monte sagrado Inari.

En Kioto disponte a andar más que en el Camino de Santiago. Solo hay dos líneas de metro (más otra de cercanías cuyos billetes son diferentes) y no llegan a todos los atractivos turísticos. La red de autobús es más extensa. Lo mejor es comprar una tarjeta de metro y bus combinada, que vale 1200 yenes por día y 2000 yenes para dos días (la de solo metro sale por 600 y la de solo bus, 500).

Nara, templo Nigatsu-dô
Nara, templo Nigatsu-dô

NARA

A poco menos de una hora en tren de Kioto, Nara es otra de las visitas imprescindibles. La calle principal es una agradable vía peatonal y comercial que desemboca en el Nara kōen, una especie de jardín de las maravillas con numerosos templos budistas, museos y unos mil ciervos que corretean en libertad y no dudan en robarle la comida a los turistas. Imprescindible el Tōdai-ji, donde aguarda el famoso Buda gigante de más de 16 metros de altura forrado con 130 kilos de oro. Y la pagoda de cinco pisos del Kōfuki-ji. Nara se suele visitar como excursión de día desde Kyoto, aunque tiene una buena oferta hotelera que permite disfrutar de un paseo más sosegado al atardecer, cuando ya se ha ido la horda de visitantes de día.

KÔYA-SAN

Para comprender Japón me parece imprescindible pasar al menos una noche en este conjunto de templos, el lugar más importante del budismo shingon japonés. Se puede ir desde Kioto combinando el JR, luego una línea privada y finalmente un teleférico que sube a lo alto de estas ochos cimas de la península de Kii, con más de 110 templos. En la mayoría de ellos tiene shukubō (hospederías) donde pasar una noche rodeado de la espiritualidad y la sencillez budista; en algunos incluso invitan a orar con los monjes. Las shukubō suelen tener web propia, pero están en japonés. Lo mejor es reservar a través de la Koyasan Shukubō Association, que hace las veces de central de reservas. Reservad con tiempo, al menos unos 10 días antes de vuestra llegada, para asegurar.

Tokio, santuario Meji-jingū
Tokio, santuario Meji-jingū

TOKIO

La capital japonesa es una de las ciudades más activas y vibrantes de Asia. Particularmente confieso que no me gustan las grandes ciudades y me agobian las megaurbes por lo que no soy muy fan de Tokio y no le dedicaría más de un par de días. Pero en función del interés que tengas por museos, centros comerciales, tiendas de manga, moda kawaii, love hotels, neones y demás frikadas puedes estar no dos, sino veinte días sin aburrirte. Tokio es además una base perfecta para explorar el centro de la isla de Honshū en excursiones de día, aprovechando la excelente red de ferrocarril de Japón.

Takeshita street, Tokio.
Takeshita street, Tokio.

Lo imprescindible de ver en esos dos días: el barrio de Harajuku (con Takeshita Street y los jardines de Meji-jingū). El barrio de Yanaka-Guinza, el Nothing Hill nipón. Un atardecer en Shibuya, disfrutando del paso de peatones más loco del mundo y de sus muchos centros comerciales. Una noche de cena y copas en el alocado barrio de Shinjuku. Un paseo sosegado por los jardines de Ueno-kōen y otro por los jardines del Palacio Imperial. Y por supuesto, un madrugón para ver el mercado central de pescado de Tsukiji y almorzar en uno de sus estrechos, superconcurridos, caros pero excelentes restaurantes de sushi.

El monte Fuji
El monte Fuji

MONTE FUJI

¿Merece la pena ir al Fujiyama? Es la pregunta que hacen todos los viajeros. Y la respuesta es sí... siempre que vayas un día que esté despejado. Este volcán perfecto ha subyugado a todos los escritores japoneses y cuando lo tienes de frente, con su simétrica cumbre nevada recortada sobre un cielo límpido y azul, entiendes por qué. Pero verlo en un día así es una lotería, porque lo normal es que esté cubierto de nubes. Al Fuji te puedes acercar por varios lugares. Los más utilizados son Hakone, en la ladera sureste, y Kawaguchico, en la norte. Como a ambos se puede llegar en excursión de día desde Tokio combinando las líneas shinkansen JR con otras privadas mi consejo es consultar las previsiones meteorológicas en internet el día anterior: si tienes claro que va a hacer un buen día, adelante; si no, olvídate del Fuji. Darse el palizón hasta allí para no ver nada es una pérdida de tiempo. Es mejor cambiar de planes a tiempo e ir a otro lugar. Puedes volver igualmente feliz de Japón sin tu selfie delante del Fuji. Si decides ir por Kawaguchico -lo que hice yo- la mejor combinación es la línea Chuo del JR hasta Otsuki (una hora) y allí cambiar a la línea privada Fuyikyu Railway (1.140 yenes por trayecto), que lleva en otra hora hasta la estación final de Kawaguchico.

Nikko
Nikko

NIKKÔ

¡Visita ineludible! Me encantó el ambiente pausado y melancólico de Nikkō, con sus viejos muros de piedra comidos por el musgo, sus altos cedros y sus maravillosos templos. Desde luego, un lugar que no puede faltar en una primera visita a Japón. La entrada a los templos no es barata, pero merece la pena, al menos la del Tōshō-gū (1.300 yenes), el mausoleo de Ieyasu Tokugawa, el sogún que cerró Japón a los extranjeros e instauró un férreo régimen militar de samurais que duró más de dos siglos y medio. Gigantescos árboles escoltan pabellones, oratorios, altares y pagodas en este espectacular conjunto, mientras que el blanco de las puertas ceremoniales, el rojo de los torii y los bronces que rematan los tejados curvos adquieren tonalidades especiales con los rayos del atardecer. No merece tanto la pena el Rinnō-ji, otro templo centenario cuya mayor atracción es el pabellón de los tres grandes budas (8 metros). Además, está cubierto por andamios para una restauración que no finalizará hasta 2019. A Nikkō se llega desde Tokio en el shinkansen hasta Utsonomiya (una hora) y desde allí en el pequeño tren de la Nikkō Line (43 minutos), ambos abordables con el pase JR.

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