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10 rituales mágicos

Emocionantes ceremonias y festivales místicos

Peregrinos hinduistas durante el Kumbhamela de Allahabad, India. Getty Images
Jóvenes de Kerala pintan un mandala durante la danza Thiruvathirakali en el festival Onam. AFP/Getty Images

Festival de Onam (Kerala India)

El rey Mahabali de Kerala era tan poderoso y querido por sus súbditos que despertó la envidia de los dioses, según cuenta una leyenda del sur de la India. Éstos enviaron al dios Vishnu para acabar con su imperio, pero el rey, para evitar la destrucción, ofreció a cambio su cabeza. Los dioses aceptaron, y por su generosidad le permitieron regresar una vez al año a sus antiguos dominios para visitar a los suyos. El festival de Onam, el más importante y colorista del sur de la India, se celebra todos los años a finales de agosto y primeros de septiembre en el Estado de Kerala, coincidiendo con la temporada de cosechas, y conmemora el retorno del rey Mahabali con 10 frenéticos días de bailes, cantos, procesiones, fuegos artificiales y alfombras de flores. Cada pueblo y ciudad lo festeja de una forma diferente, compitiendo en color y espectacularidad. En Trichur, por ejemplo, se organiza una procesión de elefantes maquillados con vivos colores, y también tienen el Pulikali o Danza del Tigre, donde grupos de danzantes con máscaras y el cuerpo pintado de amarillo escenifican una cacería al ritmo de los tambores. En Cheruthuruthy hay representaciones de Kathakali, un espectáculo gestual, musical y coreográfico cuyos intérpretes escenifican episodios del Mahabharata y del Ramayana siguiendo una tradición de cuatro siglos. Las fiestas culminan con el Vallamkali, una carrera de barcas de pesca, los estilizados Kettu Vallan o barcos serpiente, entre Aranmulai y Kottayam.

Uno de los 'boteiros' durante el entroido (carnaval) de Viana do Bolo, en Ourense.

Entroido (Galicia, España)

Las esquilas que llevan al cinto avisan de la llegada de los boteiros, con sus vestimentas multicolores y máscaras negras rematadas por enormes pantallas de enrevesados motivos geométricos. Lo aparatoso de los tocados —más de un metro y hasta 15 kilos de peso— no les impide correr y brincar entre el público y los folions, grupos de vecinos que acompañan a los boteiros con estruendo de bombos, azadas, guadañas y trébedes por las calles de Viana do Bolo (Ourense) y las parroquias vecinas durante los días que dura el entroido, como se conoce en Galicia el carnaval. Sobre todo en el desfile del Domingo Gordo, que este año cae el 7 de febrero.

Templo budista de Borobudur, en la isla de Java (Indonesia).

Vesak (Borobudur, Java, Indonesia)

Cada año, a finales de primavera, cuando la luna llena se alinea con la constelación de Tauro, miles de peregrinos acuden a la llanura de Kedu, en el centro de la isla de Java (Indonesia), para celebrar el Vesak, que conmemora el nacimiento e iluminación de Siddharta Gautama, el Buda. Allí, a 40 kilómetros al noroeste de Yogyakarta, se alza "el más bello monumento de Asia", según Mircea Eliade: el templo budista de Borobudur, erigido en el siglo VIII, cuando en Europa reinaba Carlomagno, por los soberanos de la dinastía Sailendra. "La construcción es tal que al recorrerla y meditar sobre cada escena de las numerosas galerías ornadas de bajorrelieves, el peregrino asimila la doctrina budista", escribe Eliade. Desde el aire, Borobudur se asemeja a un mandala, una representación del universo budista donde se muestra el largo camino a la iluminación. Los dos kilómetros y medio de corredores que conducen a la cima no permiten ver las terrazas superiores, de forma que la iniciación se produce de manera gradual, en una meditación ininterrumpida. Como una montaña cósmica.

Fiesta del solsticio de verano en Suecia.

Solsticio de verano (Suecia)

Hay pocas fiestas tan suecas como el Midsommar, el solsticio de verano, que, aprovechando los días más largos del año, suele marcar el inicio de las vacaciones en Suecia y se celebra entre guirnaldas de flores, canciones populares y bailes infantiles como el små grodorna (el baile de las ranitas) alrededor de los mayos (midsommarstång), cruces adornadas con hojas y flores que se plantan en los prados (en la foto).

Músicos y danzantes durante el festival Perahera de Kandi (Sri Lanka). Getty Images

Esala Perahera (Kandi, Sri Lanka)

La ciudad cingalesa de Kandy, en Sri Lanka, es conocida por su Esala Perahera: más de 10 días de celebraciones que llegan a su apogeo durante la luna llena del mes de Esala (julio/agosto). Decenas de elefantes procedentes de todos los rincones de esta isla del Índico desfilan por las calles de la ciudad adornados con bombillas y sedas de colores, junto a un cortejo de antorchas, músicos, danzantes, monjes budistas y acróbatas. A la cabeza de la procesión va el elefante de mayor tamaño, que porta el cofre donde se guarda un diente de Buda.

Faroles de papel en el Festival de las Linternas de Loto, en Seúl, Corea del Sur.

Yeon Deung Hoe (Seúl, Corea)

Miles de farolillos multicolores de 'hanji', papel tradicional coreano fabricado a mano con la corteza de la 'Broussonetia papyrifera', una variedad de morera, adornan cada año las calles del centro de Seúl durante los preparativos del Yeon Deung Hoe, el Festival de las Linternas de Loto, que se celebra desde hace más de mil años en Corea para conmemorar el nacimiento de Buda. Los festejos incluyen talleres de 'hanji', exposiciones de faroles artesanales y el espectacular Desfile de las Linternas, que convierte en un mar de luces el centro de Seúl. Según las creencias budistas, el acto de encender un farol de papel con forma de loto ilumina las zonas más oscuras del alma y contribuye a disipar el sufrimiento en el mundo.

Ofrenda ritual durante el Aarti Ganga de Benarés. Getty Images

Aaarti Ganga (Benarés, India)

Mark Twain escribió que Benarés era "más antigua que la historia, más antigua que la tradición, más antigua aún que la leyenda, y parece el doble de antigua que todas ellas juntas". Kashi, su nombre clásico (también se la conoce como Varanasi y como Anandvana, el bosque de la alegría) significa ciudad de la luz, una luz mágica en las mañanas del Ganges, alegre en sus crepúsculos poblados de cometas, misteriosa en el resplandor de las piras nocturnas. La luz que Jean Renoir supo captar como metáfora de la vida en la maravillosa película El río. La naturaleza y los ritos tántricos acompañan al Ganges a lo largo de 2.414 kilómetros, desde su nacimiento en el Himalaya hasta su desembocadura en la bahía de Bengala. En la austera Haridwar, al igual que en Benarés, cada tarde se celebra el Ganga Aarti, la ofrenda de luz al río que aquí fluye rápido como un torrente.

Peregrinos cruzando el Ganges en Allahabad, India. Getty Images

Kumbhamela (Allahabad, India)

En Allahabad, a 150 kilómetros de Benarés, el curso del Ganges se cruza con otros dos ríos sagrados de la India, el Yamuna y el Sarasvati, el río de la iluminación, en un encuentro que atrae cada año a millones de peregrinos durante el Kumbhamela, celebración hinduista de 45 días que se celebra cada seis años (el último, en 2016) y reúne a 70 millones de personas. Las fechas precisas del Kumbhamela están determinadas por métodos astrológicos basados en las posiciones del Sol, de la Luna y de Júpiter.

Tres monjes preparan un globo de papel durante el Loi Krathong.

Loi Krathong (Sukhothai, Tailandia)

Papel de arroz sobre una ligera estructura de bambú. Dentro, una lamparilla que calienta el aire del interior, haciendo que el farol se eleve. Más de 1.500 años antes del famoso vuelo de los Montgolfier (1782) en Versalles, los globos de aire caliente flotaban en los cielos de China. Se dice que fueron inventados por Zhuge Liang (181-234), ministro y estratega de la corte imperial, como armas de guerra, aunque su uso más extendido es en ceremonias como las del Loi Krathong, un festival budista que se celebra en Tailandia con la luna llena del duodécimo mes del calendario lunar tailandés, en noviembre.

Pagoda de la Roca Dorada, en Myanmar.

Ofrendas en la Pagoda de la Roca Dorada (Kyaiktiyo, Myanmar)

Las personas que parecen empujar una pepita de oro gigante en la foto son fieles budistas que guardan turno para hacer su ofrenda: finísimas láminas de pan de oro, de unas pocas micras de espesor, en la base de una enorme bola de granito de más de 600 toneladas. Con ello esperan conseguir salud y fortuna. La roca, de 7,6 metros de alto y 15 de circunferencia, está recubierta de oro y se sostiene en precario equilibrio sobre la cima de la montaña Kyaikhtiyo, en la provincia de Mon, en Myanmar (la antigua Birmania). Sobre ella se alza una estupa (construcción funeraria budista) conocida como la Pagoda de la Roca Dorada, de 7,3 metros de alto, donde, según la tradición, se guarda un cabello de Buda.