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La imprevisibilidad de Trump

El presidente electo de EEUU se dispone a cambiar de manera drástica la política respecto a Rusia y China

Donald Trump, durante un acto político en Michigan. AP

Los primeros pasos de Donald Trump en política exterior, a poco más de un mes para que asuma la presidencia de Estados Unidos, han causado una más que justificada inquietud. El mantenimiento de la paz y la seguridad internacional exige que los Gobiernos sean previsibles en sus acciones y que honren los acuerdos alcanzados por sus predecesores.

Nada de esto parece cumplirse en el caso de Trump, que ha dado sobradas muestras de querer cambiar de manera drástica la política de su país respecto a Rusia y China. En el primer caso, el millonario estadounidense ya había disentido durante la campaña de la línea seguida hasta ahora por Barack Obama y los países occidentales, caracterizada, entre otras cosas, por las sanciones económicas a Moscú motivadas por el expansionismo ruso contra Ucrania y la anexión ilegal de Crimea. La nominación ayer de Rex Tillerson —jefe de la petrolera Exxon— como secretario de Estado ahonda en las sospechas de una reconciliación con Moscú, que tan turbio papel ha jugado en la campaña electoral. Tillerson ha reforzado la presencia de Exxon en Rusia con una alianza con la petrolera estatal rusa Rosneft y ha sido condecorado personalmente por Vladímir Putin, lo que lleva a dudar sobre su capacidad de separar los intereses nacionales de EE UU de los de la industria petrolera.

En el caso de China, Trump lleva el camino inverso. Desde los años setenta, Washington ha entendido el pragmatismo como la mejor manera de entenderse con Pekín. Pero Trump, además de amenazar a los chinos con sanciones comerciales, ha provocado innecesariamente a Pekín cuestionando la política de Una sola China. Por si fuera poco, muchos de sus contactos con autoridades extranjeras ni siguen los conductos oficiales ni cuentan con asesoramiento diplomático alguno. Y todo ello sin ocupar aún el Despacho Oval.

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