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¿Por qué nos da ahora por el enoturismo?

Vino, vacas y actividades al aire libre son el nuevo reclamo publicitario del turismo rural

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La buena vida se riega con vino. Vistas desde Matarromera, en Valladolid.

La buena vida se riega con vino. Vistas desde Matarromera, en Valladolid.

En invierno no hay vacaciones. Pero, curiosamente, es llegar el frío y perdemos la cabeza por salir por ahí los fines de semana hasta enganchar el primer puente que haya. Y aunque muchos aún no os habéis enterado, lo que mola en invierno es escaparse al interior rural y ponerse fino filipino a vino, aprender a ordeñar una vaca, mortificarse en un spa, visitar una bodega, hacer queso casero o simplemente salir de farra con los lugareños. La última moda: la escapada rural con vino, el enoturismo. ¿Sabéis cuantas formas divertidas hay?

A mi lo que me gusta es ordeñar una vaca

Ni Londres ni Nueva York ni Tenerife ni la mismísima cerveza artesana de Madrid se pueden comparar con la fiebre del enoturismo. Cada vez hay más hoteles rurales que ofrecen estancias donde pasar un puente rodeado de vacas, ponerte gocho a lechal y catar el vino de sus bodegas como todo un profesional. Súper bonus track aquellos lugares donde te enseñan a ordeñar una cabra o te pasean por un secadero de jamones, paraíso de hipsters pizpiretas como japoneses que van a retratarse con la Gioconda.

Castilla León es un hervidero de destinos molones. Los amantes del rollo granja y el buen vino, tienen un filón en la Hacienda Zorita, en la provincia de Salamanca. Zorita, cuna de los vinos Marqués de la Concordia, te ofrece una escapada en la que tú, moderno que haces queso en tu casa, puedes aprender mucho sobre una materia prima tan insólita como la leche de búfala. Además de que las bodegas son un espectáculo, te enseñan a catar el vino desde cero en un entorno donde la ecología y el cuidado a la naturaleza luchan a nivel dios. Y si te cansas de comer y de beber, atraviesas el Tormes, te vas al spa y arreglado.

Vino, lechazo y ¿cremas?

No se puede hablar de enoturismo si no se visita la milla de oro de la Ribera del Duero. Entre los destinos más curiosos, no puede faltar la visita a Vega Sicilia o Matarromera, en Valbuena de Duero (Valladolid). El concepto de una instalación auto sostenible que genera más energía que la que consume es el reclamo para aquellos que quieren reconciliarse con el medio ambiente. Pero Matarromera puede llegar a ser un destino más interesante y, a su vez, un poquito más marciano. Resulta que con los hollejos de las uvas fabrican productos gourmet que se usan en alta cocina, como el Vinesenti, y además aprovechan su materia prima para hacer su propia línea de cosméticos. Ah, claro, y ese vino de primera división maridando con un lechazo que no se lo salta un gitano

Irse de ruta por los pueblos: la nueva fiebre moderna

El tercer y último destino preferido dentro del moderneo del enoturismo es el pueblo molón. Haciendo justicia, el zar de estas ‘Rusias’ es sin duda La Rioja, con una fabulosa colección de pueblos que ofrecen escapadas de diversión, historia y vino a caudales tan escandalosos como el propio Ebro. Calahorra, Briones o Nájera son buenas opciones, aunque, sin duda, San Vicente de la Sonsierra se lleva la palma. El pueblo ya es famoso por esas semanas santas que salen en los telediarios en las que los cofrades se flagelan (los llamados picaos) y además cuenta con una auténtica orgía de bodegas fabulosas como Contador (¿Quién no conoce El Predicador?) o Carlos Moro, también Matarromera. Teniendo en cuenta que un vino en un bar apenas cuesta un euro, os podéis imaginar el festín. Vinazo del rico. Y la noche la terminas en un garito que se llama Armstrong, donde las copas son obras de arte, la barwoman se llama Guru y todo el pueblo ya es colega.

Y el problema no es beber y conducir. Aquí son infinitamente más sabios que en el resto de España. La Casona del Boticario, que es el hotel rural chulo del pueblo –más bien un museo vivo– ofrece escapadas en las que no has de usar el coche durante la estancia; perfecto para caminar un poco, catar unos vinos, cerrar todos los bares y tener la conciencia y la coherencia en el mismo lugar que la resaca: en la cabeza. Y lo regenta una dicharachera mujer que se llama Mayang, ¿no será San Vicente de la Sonsierra el nuevo pueblo Aquarius de los nombres pintorescos? Muy fan.

Lo dicho, hoteles con actividades, bodegas espectaculares o fiestorro en un pueblo. Tú eliges.

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