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La artesanía española se refugia en el extranjero

El aniversario de Teresa Helbig y el afianzamiento de Maria Ke Fisherman destacan en una jornada marcada por el “hecho a mano”

Kim Kardashian difícilmente sabrá el tiempo que implicó su encargo a la firma española Maria Ke Fisherman. Nada menos que 300 horas de trabajo se necesitaron para confeccionar ese conjunto de mini jersey y falda de punto inglés que el dúo de diseñadores María Lemus y Víctor Alonso ha presentado este domingo en Cibeles dentro de una colección que vuelve a revelar su pasión por la cultura japonesa. “Mi obsesión por desarrollar un patronaje que prescinda de costuras aumenta la complejidad de toda la producción”, apunta la diseñadora. Esta firma creada en Madrid en 2009 se hizo célebre no sólo por vestir a divas del pop como Miley Cyrus, sino por sus piezas de ganchillo confeccionadas en un convento de monjas de clausura en la Sierra de Huelva. Un claro exponente de que la tradición artesanal que posee nuestro país tiene cabida en el extranjero. Como afirma Alonso, sólo en EE UU facturan el 40 por ciento de toda su producción. “Aquí no vendemos. Nuestros compradores son internacionales, entienden mejor nuestro trabajo y piden tener nuestros modelos junto a firmas como Balenciaga o Missoni”, señala.


Desfile de Maya Hansen. AP

La técnica de bordado conocida como hojuela de oro, frecuente en la elaboración de vestimenta para las cofradías, viajó desde un taller de Huelva hasta la colección del próximo otoño-invierno de Teresa Helbig. Un gesto artesanal que, al igual que los cuellos y pendientes con flores de cera realizados a mano por Beatriz Natmar, acompañan a una colección de gran feminidad y matices que celebraba los 20 años de Helbig en el mundo de la moda. “Mi atelier y showroom del Eixample de Barcelona lo visitan clientas de diferentes lugares del mundo que quieren conocer de cerca cada prenda”, apunta la diseñadora catalana que lanzará próximamente su primer perfume.


Desfile de Teresa Helbig. EFE

El corsé que hizo célebre a Maya Hansen (Madrid, 1978) en su primer desfile de 2010 y que ha vestido a celebridades como Lady Gaga, sigue presente en su última propuesta presentada hoy, pero con miras a su mercado objetivo, el árabe. La diseñadora, de padre argentino y madre danesa, busca con esta colección dar un giro más lujoso a sus creaciones, pero como afirma, “sin renunciar al carácter arquitectónico que me define. Ahora pienso en un punto intermedio entre la artesanía y la producción en serie, porque cuando aumenta la demanda, es imposible mantener la elaboración a mano en su totalidad”. Con piezas que alcanzan los 1.500 euros, pero que son asequibles en el mercado árabe, según indica. Para su nuevo mercado, Hansen admite concebir sus creaciones para una mujer poco real en España, “ya que aquí se sigue pensando en los corsés y vestidos de noche sólo para ocasiones especiales. En lugares como Arabia Saudí, en cambio, se arreglan más y se les presentan más situaciones para llevarlos”.


El recién nombrado embajador de la Marca Castilla-La Mancha, Ulises Mérida, ha ahondado en sus recuerdos para confeccionar una de sus colecciones más voluminosas hasta la fecha. La pieza más importante del desfile, un refajo de 120 años que pertenecía a su abuela, fue modelada sobre un maniquí para adaptarlo a su propuesta otoño-invierno 2016. La presencia de sotanas, mantillas y otros elementos estéticos que heredó de las grandes mujeres de su familia, forman un cuadro costumbrista tejido en talleres artesanales de su tierra natal, Toledo. “Quise trabajar con bordadores de verdad, como los de Talavera de la Reina. Creo que en nuestro país existe una calidad espectacular que deberíamos dar a conocer. Si exportáramos nuestro concepto artesanal, todo cambiaría”, señala Mérida.

Andrés Sardá, galardonado con el Premio Nacional de Moda 2015 por toda su trayectoria, recurrió en esta ocasión a un hotel imaginario anclado entre las montañas, para dar a conocer su propuesta del próximo otoño. La actriz Bibiana Fernández se ha convertido en la huésped de excepción de un desfile en el que brillaron algunos de sus clásicos como las piezas en encaje de Chantilly y otras pinceladas más artesanales como los cristales de Swarovski, cosidos a mano, que envolvían los vestidos de encaje. “Cada prenda del desfile se termina de confeccionar en el último momento, tras la prueba final con la modelo”, señala Nuria Sardá, hija de su fundador y actual directora creativa. La firma, que en 2008 fue adquirida por el grupo belga Van de Velde, concentra su mayor número de ventas en Centro Europa, donde en países como Francia y Alemania triunfa su sentido sexy y sofisticado de la lencería de lujo. Otro ejemplo más de que la artesanía española parece valorarse más fuera que dentro del país.

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