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Tus amigos de Facebook son idiotas, según diversos estudios

Recopilamos los mejores estudios psicológicos para analizar tus amistades en las redes sociales y el resultado es claro

“Tenemos que acabar con esto”, bramó el cómico Tom F. Tompkins. “Tengo un amigo cuyos estados en Facebook son exclusivamente quejas sobre Facebook. ¿Qué está pasando? ¿En qué tipo de mundo estamos viviendo?” espetó ante una audiencia que no sabía muy bien si reírle la gracia o abalanzarse sobre sus móviles para compartirla en sus redes sociales. Era el 31 de julio de 2012. Tres años después de ser pronunciada, la perorata de Tompkins tiene hoy más vigencia que nunca. A pesar de las quejas, los titulares llamativos y la supuesta migración de los millennials a prados virtuales más verdes (y con menos padres), Facebook sigue sigue siendo el ágora virtual más multitudinaria: más de 1.350 millones de personas continúan volcando aquí sus reflexiones y fotografías sin pensarlo demasiado. Pero en estos diez años de liderato 2.0 muchos otros han vigilado y analizado esas frases. No hablamos de la NSA y de las empresas de publicidad online, que también; sino de los psicólogos, que han encontrado en la red social de la gran F un filón para publicar estudios, cuanto menos, llamativos.

Hay cientos de estudios y conclusiones, pero si tienes que quedarte con uno, quizá el más importante sea el siguiente: “lo que publican nuestros contactos en Facebook puede afectar a nuestro estado de ánimo”, aseguraron desde la red social después de llevar a cabo un experimento durante más de un año. Esta afirmación no solo reviste de autoridad científica los sabios consejos de tu abuela (eso de “quien duerme con niños, amanece mojado”), sino que sirve de guía para interpretar el resto de estudios. Así que, tenlo en cuenta al leer las siguientes conclusiones y prepárate para hacer limpieza en tu agenda de contactos. Esto es lo que dicen los psicólogos de tus amigos de Facebook.

El maniaco del selfi es un maniaco a secas. A la cuarta autofoto en escorzo con morritos aumentan las ganas de matarlos, pero no te precipites porque igual son ellos los que te matan a ti. Según la Universidad de Ohio, los hombres que se hacen muchos selfis son más proclives a ser psicópatas. El estudio, realizado entre 800 varones de entre 18 y 40 años, concluía que publicar muchos selfis denotaba una mayor tendencia al comportamiento antisocial. Una breve ojeada a las redes sociales valdría para poner en tela de juicio esta afirmación, o para correr frenéticamente a la comisaría más cercana para poner una denuncia contra James Franco. Menos alarmistas son otros estudios que aseguran que de la publicación de muchos selfis solo se puede concluir una necesidad de validación importante y un narcisismo insoportable.

El que pone frases profundas es idiota. Lo decimos sin acritud, solo reproducimos la conclusión de cinco expertos en psicología y filosofía de la Universidad de Waterloo (Canadá) que aseguran que las redes sociales se han convertido “en un hervidero de idioteces”. Tal cual. Las frases intensas de Paulo Coelho y las tazas cuquis con mensajes positivos han hecho mucho daño, y se han trasladado al muro de Facebook sobreimpresas en imágenes de playas, atardeceres y famosos random. “La vida siempre te ofrecerá una nueva oportunidad de ser feliz, se llama mañana”, reza una. “La esperanza es desear que algo suceda, la fe, creer que va a suceder y la valentía es hacer que suceda”. pontifica otra. Ya que estamos definiendo conceptos proponemos este: la desesperación es seguir leyendo estas frases inspiradoras. Basta.

El yonki de la felicidad es un falso. Son múltiples los estudios que señalan que en las redes sociales tendemos a mostrar lo mejor de nosotros mismos, ocultando si hace falta la realidad, una tendencia aplicable también a la vida offline, pero que en la red se multiplica exponencialmente. Asumámoslo: nadie es tan feliz. El resumen anual de muchos usuarios de Facebook es un compendio de bacanales orgiásticas, sonrisas profident y fotos de pies en la playa, cuando la realidad se asemeja más a jornadas laborales maratonianas, problemas para llegar a fin de mes y a fines de semana que basculan entre la resaca y el consumo masivo de televisión. La vida misma, vamos.

El fotógrafo amateur es un inadaptado. Ese típico amigo que de un desayuno en el bar puede sacar un editorial que ríete tú de una revista de moda, ese cuyas vacaciones se resumen en un álbum con más de 300 fotos (incluyendo instantáneas del suelo, borrosas y desenfocadas) no es un artista frustrado: es un paria social. Es lo que asegura un estudio realizado conjuntamente por la Universidad de Birmingham, la Universidad de West of England y la Universidad de Edimburgo. Los ponentes llegaron a la conclusión de que aquellos usuarios que suben números ingentes de fotografías a Facebook podrían estar sufriendo problemas para disfrutar de sus relaciones en la vida real.

El que se pasa el día conectado es tímido. El estudio que así lo asegura es de 2009, cuando la explosión de las redes sociales comenzaba, pero aún no era el pan nuestro de cada día, así que igual conviene poner esta afirmación en cuarentena. En cualquier caso, los psicólogos afirman que mientras que las personas más sociables tenían muchos amigos en Facebook pero pasaban poco tiempo en él (algo bastante lógico) los tímidos e introvertidos dedicaban muchas horas a ver lo que publicaban sus pocos amigos, lo cual nos lleva al siguiente punto.

El que tiene más de 354 amigos va a acabar deprimiéndose. He aquí una razón extra para que hagas limpieza en tu agenda. La psicóloga india Mundra Mukesh fijó en este el número de amistades máximo antes de que las buenas noticias que sin duda van a compartir (que recuerda, son falsas) acaben por minar tu autoestima. Según Mukesh cada vez que añadimos a un nuevo amigo en Facebook sentimos una pequeña satisfacción, pero esta va decreciendo al hasta llegar a los 354 amigos, punto de inflexión a partir del cual, es mejor ir borrando amistades. Cabe añadir que en caso de hacerlo, mejor empezar por los sujetos descritos en apartados anteriores.