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Tristan Ulloa: "Si la depresión me pilla solo igual el hoyo es muy profundo"

El actor español, icono del cine español de la década pasada, relata su periodo más oscuro y anuncia la segunda parte de 'Lucía y el sexo

Tristán Ulloa viste abrigo Anglomanía, camisa Mirto, pantalón, cinturón y zapatos Marciano Guess y corbata Hackett.
Tristán Ulloa viste abrigo Anglomanía, camisa Mirto, pantalón, cinturón y zapatos Marciano Guess y corbata Hackett.

Tristán Ulloa ha pasado por una depresión. Profunda y oscura, como lo es cuando te golpea de frente esta enfermedad perra. Las razones para caer en ella no tienen nada que ver con su trabajo en la dirección y la interpretación. Se trata de asuntos personales. Probablemente es el precio a pagar en la vida por un hombre curtido, inteligente, que se cuestiona muchas cosas y que no se conforma con afrontar la realidad desde la confortable distancia.

A Ulloa le gusta sortear las oscuridades del alma, aún sabiendo que lo que acabe encontrando seguramente no será agradable. “Si la depresión me llega a pillar solo igual el hoyo es demasiado profundo como para salir. Puedes quedarte realmente muy jodido. Lo peor de todo es sentirse solo. Y no me refiero a que no tengas pareja. Puedes no tenerla pero no sentirte solo. Yo he tenido mucha suerte. Siempre he estado muy bien rodeado”. Y cita como salvadores a su chica y a amigos como el actor Javier Cámara.

Puedes quedarte realmente muy jodido [con la depresión]. Lo peor de todo es sentirse solo. Y no me refiero a que no tengas pareja. Puedes no tenerla pero no sentirte solo. Yo he tenido mucha suerte" 

Pero Ulloa salió ya de las zonas sombrías. De hecho, vive, a sus 45 años, un momento de luminosidad. En lo personal cumple una relación de más de 10 años con su pareja, la actriz argentina Carolina Román, con la que tiene un hijo de siete años de nombre muy teatral, Max (por Max Estrella, el personaje de Luces de bohemia, de Valle-Inclán); en lo profesional está al mando de dos compañías, Adentro Teatro y Teatro del Invernadero. “Ambas salen del underground, de recursos propios y de las ganas de hacer lo que nos gusta con la gente que nos apetece”, apunta. Ulloa es un entrevistado atractivo. No arguye excusas para tratar temas íntimos y proporciona frases como “el miedo me moviliza mucho” que incitan a tirar del hilo. “A mí, la responsabilidad y el miedo de no estar a la altura me hacen ponerme las pilas. Puedo tener ataques de pánico, pero no me puedo quedar quieto. Tengo que estar en progresión de algo, porque siento una gran responsabilidad con la gente que viene detrás. En este caso, mi hijo. Y también tengo a mi madre con un problema… Son responsabilidades que no pienso eludir”.

Es un hombre que ha vivido en continuo movimiento. Nació en Francia (nieto de exiliados), a las dos años se trasladó a Madrid, luego residió en Vigo (siguiendo a su padre, que trabajaba en un banco), donde pasó su adolescencia. A los 19 regresó de nuevo a la capital. “Recuerdo cuando estaba en Madrid, montado en el autobús a Colmenar Viejo para visitar a mi padre, que hacía allí la mili. Yo tendría tres años. A todos los que veía de uniforme les llamaba papá, para bochorno de mi madre”, cuenta entre risas.

En esta foto, el actor lleva traje, camisa y corbata Mirto, y zapatos Glent.
En esta foto, el actor lleva traje, camisa y corbata Mirto, y zapatos Glent.

A finales de los noventa, Ulloa se convirtió en un intérprete con tirón. Todavía no había cumplido los 30. Con la arrogancia de la juventud pasó por Abre los ojos, Mensaka, Los sin nombre, Km. 0, Lucía y el sexo Esta última le convirtió en un tipo sexy para cierta audiencia. Si se repasan entrevistas de la época se comprueba que tuvo que responder a preguntas del tipo: "Tristán, ¿cómo te gustan las chicas?". “Sí, fue una película que pegó fuerte, pero me resulta bastante ajeno todo aquello. En ningún momento me he creído sexy. La sex symbol era Paz Vega. Yo era el consorte: Paz era Lucía y yo el sexo, pero no necesariamente sexy. Fue todo un poco raro. Por cierto, vamos a hacer una segunda parte”. Cierto. El director de aquella película, Julio Medem, quiere experimentar: qué fue de los personajes 15 años después. Va a ser gracioso, porque Ulloa no ve a Paz Vega “desde hace mucho tiempo”.

Ya que hablamos de mujeres, el actor nos recuerda que a él y a su pareja les casó Pedro Zerolo. De hecho, fue la primera boda que ofició el dirigente socialista fallecido el pasado 9 de junio. “Pedro leyó un poema de Benedetti precioso, Táctica y estrategia. Fue una ceremonia muy bonita. Era 2004, cuando estábamos en los prolegómenos de la ley del matrimonio homosexual”.

A mí, la responsabilidad y el miedo de no estar a la altura me hacen ponerme las pilas. Puedo tener ataques de pánico, pero no me puedo quedar quieto"

Ahora, el actor trabaja en uno de los proyectos teatrales con su mujer. “Hemos pasado muchas crisis y continuamos. Y eso nos ha hecho más fuertes. El riesgo de no tenernos asegurados el uno al otro nos mantiene vivos. En el momento que piensas que algo lo tienes asegurado te acomodas y es fácil perderlo. Nos ponemos un poco a prueba continuamente, y eso es bueno”, señala en una nueva demostración de franqueza. Con ella sigue en gira con Adendro, él dirigiendo y Carolina interpretando. El teatro le ocupa todo su tiempo. En el cine reconoce que ha hecho películas malas (y buenas). “En 2004 rodé Diario de un skin, y cuando la vi dije: ‘¡Qué he hecho!’. Pues bien: de mis películas, es la que más adolescentes han visto. Fue una especie de éxito en videoclubs. Todavía me encuentro a chavales, con monopatín, que se me acercan y me dicen: ‘Tío, tú eres el de Diario de un skin”.

¿Hablamos de política? También se implica: “He votado a Manuel Carmena y espero no haberme equivocado. Es importante tener ilusión, y hacía tiempo que no la tenía por la clase política. Creo que Podemos hizo bien en desprenderse de Monedero. No me gustan los extremos”, dice mientras se atusa la barba. “Aprendí un buen truco de un barbero. Me dijo: ‘Sigue echándote after shave, porque la piel se escama debajo de la barba. Hazte lociones como si te afeitases. Y me va mucho mejor”. Cuando terminamos la entrevista pregunta: “¿Vas a poner el tema de la depresión? Si lo haces me gustaría que añadieses que salí de ahí gracias a mi mujer”.

 

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