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Se filman fantasías sexuales (razón aquí)

Nos colamos en uno de los rodajes de XConfessions, la web donde Erika Lust hace realidad en forma de corto porno los deseos y secretos sexuales que la gente le cuenta de manera anónima

Ilustración: David Uzquiza.

Tengo una escena con Amarna Miller en una peli porno. Aunque los directores la aman por su aspecto de niña buena, ha sido su talento expandido de playmate y poeta admiradora de Panero lo que la ha convertido en carnaza de modernos, en la Sasha Grey patria. Tener una escena con Amarna en junio de 2015 es como haberse dejado tocar el culo por Nacho Vidal en 2005.

Así que estamos bien, llegando a punto. En la escena estoy sentada en una sala de espera. Sostengo un libro. Amarna está vestida y eso da una sensación rara; atraviesa la puerta acristalada con una canasta en la que lleva el casco de la bici y una baguette, símbolo fálico donde los haya. “¿Te vas a hacer la cera?”, le pregunta la recepcionista algo borde. Amarna asiente. Aquí viene mi parte. Mi papel es eso que la gente suele saltarse con el forward: la historia, la parte sin porno de una peli porno. Veo a la actriz hipster venir hacia mí, meneando su corta coleta pelirroja, sentarse a mi lado, rozar la tela que cubre mi cadera, mirar por encima de mi hombro lo que leo. Y corte. Erika quiere repetir la escena.

La directora elige cada mes dos fantasías para devolverlas convertidas en cine con sexo explícito

Estoy en medio del set montado en un antiguo taller mecánico de la Plaza Tetuán, en el centro de Barcelona. Me siento dentro de Vicky Cristina Barcelona. Los guiris tienen ese no sé qué en la mirada. Ponen música española y comida de diseño en el guion. No podía ser sino una sueca pija y guapísima y feminista la que hiciera porno con buen gusto. Yo hubiera pensado que no había necesidad, pero ella persistió en su cosmovisión nórdica y hoy graba dos películas de porno cool al mes, tiene en plantilla a una decena de mujeres y allá afuera miles de seguidores que aprecian su elección de actores y actrices no (todos) normativos, el protagonismo de una mujer sexualmente empoderada y su estética de piso del Borne. Atrás quedó la etiqueta porno para mujeres —algo así como Sex and the city pero con sex de verdad— que la hizo célebre. El 60% que ve sus películas son hombres, “el porno no es una cuestión de género, sino de sensibilidad”, admite.

Dos chicas rellenan una bañera de cubos de hielo. Aquí se rueda un nuevo cortometraje de XConfessions, la red social creada por Lust en la que los usuarios comparten de forma anónima sus deseos y secretos sexuales. La directora elige cada mes dos fantasías para devolverlas convertidas no en realidad pero sí en cine con sexo explícito a través de la web homónima. El espíritu es el del script colaborativo o crowdsourced. Imagina a gente de todo el mundo masturbándose en sus casas con algo que se originó en los pantanos de tu imaginación. Mola.

Josephine15 envió su confesión, An appointment with my master, en la que revelaba su deseo: “Me gustaría hacer una cita con un maestro de BDSM [Bondage Disciplina Sado Masoquismo], una vez al mes, como se hace con un dentista o un peluquero. Vol- ver a casa relajada, hacer la cena y leer un cuento a mis hijos antes de ir a la cama”. Por supuesto, Lust visualizó a una mujer normal, joven, madre, que en medio de sus tareas diarias pide cita para “hacerse la cera” pero que en realidad espera ver derretirse gotas calientes de una vela en sus pezones. Y en eso estamos. Por ello Amarna espera a su hombre, a su correctivo semanal, como alguien esperaría en las puertas de la esteticién. Con dinero y, sobre todo, sin amor.

A las protagonistas de Erika el sexo las libera. A la de '50 sombras de Grey', de E.L. James, la esclaviza

La maquilladora se esfuerza con el make up del culo de Miller. Ella suelta frases de backstage: “Casi todo me da alergia”. “Soy poliamorosa”. “No soy sumisa, soy masoquista listilla, lo que me gusta es rebelarme”. “Soy adicta a la piña”. “No me depilo”. Se mueve de un lado a otro del set con el problema del arnés que le tira de los pelillos púbicos. Y es complicado tratar de ayudarle. Habla con Mickey Mod, el actor negro que hoy es su partner, lo besa, ríen, el calentamiento consiste en enrollarse. Ambos han trabajado para Kink.com, esa web de glam porn sadomaso a la que es adicto mi marido. Así que Lust ha dejado a los expertos ir a su bola. Me siento a su lado. En la pantalla que está frente a nosotras se ve a Mickey y Amarna en la cama; si giro mi cabeza unos grados los puedo ver a pocos metros de nosotras. El porno real. Quince mujeres absortas en el set. Esto es lo más parecido a hacerse pajillas con los amigotes. Mickey mete a Amarna en un baúl, repasa un instrumento dentado sobre su pezón, deja caer gruesas lágrimas de cera roja sobre sus pechos, le asesta unos buenos cachetes en las tetas, en la cara y en el coño. El set de féminas se llena de ohs y auchs solidarios. El make up del culo de Amarna ha sufrido los embates del látigo y yace sonrojado. Entonces, ella se supone que se corre. Le toca al tío. Pasan los minutos. Su propia mano hace el trabajo. Se está tardando. Varias bostezamos. La corrida necesitará una buena edición. La vida real.

Si te conectas a XConfessions.com a partir del 15 de julio podrás ver mi escena con Amarna Miller. Esta no es mi fantasía, es mi spoiler. El libro que leo según el guion es Cincuenta sombras de Grey. Ya lo intenté una vez y es doloroso. Hay cosas que duelen más que un gato de nueve colas. Acción. Amarna se sienta a mi lado, reconoce el libro, me estudia con condescendencia y me dice resabida: “Tú eres nueva, ¿no?”. En la película yo represento el escalón más bajo de la iniciada, la que lee “porno para mamás”. A través de mi personaje, Lust dialoga con la obra de E.L. James. En realidad, le increpa cosas, haber engañado a las mujeres. Le dice que la ha decepcionado, que en lugar de encontrar una historia erótica, halló en sus páginas la típica historia romántica en la que una mujer se enamora de un hombre y por miedo a perderlo acepta su estilo de vida “enfermizo”, sin que ella misma se sienta motivada a descubrir otras facetas de su sexualidad. A las protagonistas de Erika el sexo las libera. A la de James, la esclaviza. Mi personaje está a punto de descubrirlo, de tirar el libro a la basura y de hacerse la cera. Aunque eso ya no se verá en la película. Por el momento le digo “sí” a Amarna y escondo mi cabeza detrás de 50 sombras.

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