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Adiós Madame Carven

Los diseños de la modista, fallecida a los 105 años, constituyen un eslabón perdido entre la alta costura de los cincuenta y el 'prêt-à-porter' que brotó en los sesenta

Álex Vicente
Madame Carven, en una imagen de 2002.
Madame Carven, en una imagen de 2002.JOEL SAGET (AFP)

Madame Carven, fundadora de la marca del mismo nombre con la que triunfó entre las jóvenes de la posguerra francesa, ha fallecido este lunes en París a los 105 años, dejando décadas de innovadora creación textil a sus espaldas. Y eso que se convirtió en modista por accidente. Ella no tenía formación específica –había estudiado en la Escuela de Bellas Artes e iba para arquitecta y diseñadora de interiores– ni un gusto particular por la moda, aunque sí un grave problema para encontrar talla. Al no dar con modelos que se ajustaran a su metro y medio de estatura, decidió crear una marca para mujeres menudas. “Si hubiera sido alta y hermosa nunca habría creado mi propia firma de costura”, dijo una vez.

Imagen de Carmen de Tommaso, conodida como Madame Carven, en 1940.
Imagen de Carmen de Tommaso, conodida como Madame Carven, en 1940.STF / AFP

Nacida en Châtellerault (al sureste de Francia) como Carmen de Tommaso, un nombre que nunca le gustó, esta hija de editor italiano decidió rebautizarse como Marie-Louise Carven, contracción de su nombre y del apellido de su tía, Josy Boyriven, que solía llevarla a ver escaparates de pequeña. Con los años terminaría erigiéndose en uno de los grandes nombres de la moda de la posguerra francesa, además de en una de las escasas mujeres que lograron rivalizar con Dior, Balmain, Givenchy o Saint Laurent, pese a que no siempre la tomaran en serio. “Fui una mujer pequeña entre grandes hombres. Si me aceptaron, fue solo porque creé un estilo sencillo. Yo no les molestaba en absoluto, porque trabajaba para las jóvenes de mi época”, explicó a Le Monde en 2010. Vistos con perspectiva, sus diseños constituyen un eslabón perdido entre la alta costura de los cincuenta y el prêt-à-porter que brotó en la década posterior, del que ella fue una de las pioneras, ya que lo abrazó hasta 15 años antes que Saint Laurent. Durante la Segunda Guerra Mundial, escondió a uno de sus empleados judíos y a varios miembros de su familia. Por eso, en 2000 sería nombrada justa, la condecoración oficial concedida a los gentiles que ayudaron a salvar vidas de judíos durante la persecución nazi.

Al terminar la ocupación, abrió tienda en los Campos Elíseos de París, donde triunfó con sus diseños juveniles y desenfadados, que coincidían con el deseo de ligereza propio de la posguerra. Carven declaró la guerra al negro. Igual que el rosa fue el color de Elsa Schiaparelli y el azul el de Jeanne Lanvin, su tono preferido fue el verde. Vistió a estrellas de talla menuda como Édith Piaf o Leslie Caron y diseñó el vestido de boda de Anne-Aymone Giscard d’Estaing, futura primera dama francesa. Una vez dijo que su primera inspiración había sido Lo que el viento se llevó. Su propia labor terminaría inspirando a Edith Head en sus diseños para las películas de Hitchcock.

Imagen de archivo, tomada en octubre de 1964.
Imagen de archivo, tomada en octubre de 1964.AFP

Carven acentuó la cintura, pronunció el busto y acortó la falda. Participaría así en un regreso a la feminidad tradicional tras los años de la guerra, como la mayoría de modistos de su época, con Christian Dior en cabeza. Pero, a diferencia de muchos de ellos, también privilegió la comodidad y la movilidad de quien los vestía. A partir de los setenta, su prestigio se fue extinguiendo. Extremó el rédito económico de sus creaciones a través de las licencias y diseñó hasta 40 uniformes para compañías aéreas e incluso para las agentes de policía parisinas. Su fama de diseñadora de tercera quedó invalidada a principios de la década pasada, cuando una exposición en el Museo Galliera de París permitió redescubrir la modernidad de sus diseños. Carven estaba retirada desde 1993, cuando dejo de diseñar a los 84 años y se dedicó al coleccionismo de antigüedades.

La resurrección de su marca se completó en 2009 con el nombramiento de Guillaume Henry, superdotado modisto de 29 años que durante media década volvió a situar Carven en la cúspide de las tendencias y vistió a mujeres tan distintas como Beyoncé, Rihanna o Isabelle Huppert. En enero, su nombramiento al frente de Nina Ricci provocó su recambio por un dúo de jovencísimos diseñadores, Alexis Martial y Adrien Caillaubaud, ambos de 30 años. Ya decía su fundadora que la marca llevaba a la juventud inscrita en su código genético.

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Sobre la firma

Álex Vicente
Es periodista cultural. Forma parte del equipo de Babelia desde 2020.

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