Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete

La disputada herencia del marqués de Paul

Una batalla legal enfrenta a los herederos del noble por un legado de miles de hectáreas de suelo. Varias decisiones judiciales han torcido su última voluntad

Ampliar foto
Terrenos de la Dehesa de Los Llanos, en Albacete, propiedad del Grupo Mazacruz.

El documento manuscrito que el Marqués de Paul añadió en 2004 a su testamento parecía haber dejado su última voluntad bastante clara. “Mis hijos, Pepe y Carlos, ante su repugnante actitud, lo único que se merecen es la querella criminal interpuesta por falsedad y estafa, nada más”.

Carlos Gutiérrez-Maturana-Larios y Príes, marqués de Paul y propietario de miles de hectáreas de tierra en España, murió ese mismo año con la sensación de haber dejado todo bien atado: su esposa Bárbara Gutiérrez-Maturana Kalachnikoff y sus dos hijas, Cristina y Bárbara, se llevarían la mayor parte de la herencia y el control de su legado. A Pepe y Carlos, hijos de un anterior matrimonio y con los que estaba enfrentado, solo les daría lo mínimo exigido por la ley.

Carlos Gutiérrez-Maturana-Larios y Príes, marqués de Paul.

Pero desde la muerte del marqués, los dos hijos han sabido dar la vuelta a los deseos de su padre en los juzgados. Año tras año, sentencia a sentencia, los jueces han ido otorgando a los dos hijos varones más poder en la empresa que gestionó su padre, el Grupo Mazacruz, un conjunto de sociedades que posee, entre otras cosas, un suculento negocio inmobiliario de 10 millones de metros cuadrados de suelo en la costa malagueña, herencia de los marquesados de Larios y Paul.

El conflicto ya lleva 12 años de vida judicial y ha dado lugar a decenas de litigios. Por un lado, hay un procedimiento abierto en Albacete sobre la partición de la herencia. Aunque ese asunto aún no ha concluido, los jueces han decidido esta semana que la esposa del marqués, Bárbara, debe abandonar la joya del marquesado, la Casa Palacio de la familia en La Dehesa de los Llanos (Albacete).

También esta semana, y en otro procedimiento abierto en Madrid sobre el control de la empresa, el Tribunal Superior de Justicia ha resuelto que ambas partes deben someterse a un arbitraje, un proceso extrajudicial que podría suponer a la postre algún tipo de repartición de las sociedades de Mazacruz.

La Dehesa de los Llanos se encuentra a unos cinco kilómetros de Albacete. La hacienda, de más de 10.000 hectáreas, es uno de esos lugares inabarcables donde uno se encuentra a su paso con gamos, liebres y perdices campando a sus anchas. En un extremo se encuentra la Casa Palacio, restaurada por los Larios a finales del XIX; junto a ella, una iglesia en el lugar donde dicen que allá por el siglo XII se encontró milagrosamente la imagen de Virgen de los Llanos, patrona de Albacete.

En un vestíbulo de la casa, donde destacan los trofeos de caza, las fotos de familia y los retratos al óleo, uno puede hacerse un esquema histórico para entender esta complicada historia llena de nombres con apellidos compuestos donde padres e hijos suelen llamarse de la misma manera.

En la zona, que fue lugar de peregrinación desde el siglo XII, se instalaron primero los franciscanos, en 1647. Allí estuvieron hasta que, tras la desamortización de Mendizábal, el Marqués de Salamanca adquirió las tierras, a mediados del XIX. A finales del mismo siglo, las tierras pasaron a ser propiedad del Marqués de Larios que las compró por 130.000 pesetas. El siguiente hito no llega hasta 1954. Es el año en que fallece el cuarto marqués de Larios, José Antonio Larios Franco, que no había tenido descendencia pero que dejó su herencia al hijo que su esposa había tenido de un anterior matrimonio: Carlos Gutiérrez-Maturana-Larios y Príes, el marqués de Paul, con el que arrancaba esta historia.

El marqués, que se casó dos veces, tuvo problemas con su primogénito, Carlos. Hay varios asuntos personales entre ambos que atestiguan esa difícil relación. En 2000, el marqués sufre una crisis cardíaca de la que está a punto de no salir y que le postra en una cama de la Clínica Ruber. Es el momento que su hijo Carlos aprovecha para conseguir que el marqués le firme unos documentos que le hacen propietario de 135.352 acciones del Grupo Mazacruz. Otras 14.746 acciones van a parar a su hermano José Antonio, que posteriormente se las cederá a su hermano mayor.

Ya recuperado, el marqués tiene noticia de ese documento y se siente estafado. Por eso presenta una querella en un juzgado de Madrid en la que señala que no era consciente de lo que estaba firmando cuando estaba en el hospital. Los jueces archivaron la querella. Carlos inició entonces una demanda para conseguir que se diera por buena la donación. En 2012, cuando hacía ya ocho años que el marqués había fallecido, el Tribunal Supremo le dio la razón.

Aún faltaba otro hecho que le serviría al primogénito, Carlos, para revertir la voluntad de su padre. Su hermano le cedió las acciones. Incluso con eso, el primogénito solo poseía el 27% de la compañía. El resto se lo repartían la esposa del marqués y sus hermanastras, Cristina y Bárbara. Es decir, las mujeres mandaban en la compañía. Pero dos años después, Carlos sacó otro documento al que supuestamente le habían dado validez las demás propietarias la misma noche de la donación firmada por el marqués en el hospital. Ese escrito concedía a las primeras 135.352 acciones de Mazacruz el derecho a cinco votos por cada participación. Fue firmado por las tres mujeres a la salida de la Cínica Ruber, según ellas, sin ser conscientes de lo que en realidad estaban firmando. Ese documento se impugna en los tribunales por considerar que no hay una escritura pública de él. Las hermanas ganan en primera instancia. Un segundo juez vuelve a dar la razón a Carlos y este se hace con el control de la empresa en 2011. El juez argumenta que a las mujeres se les había pasado el plazo para recurrir, aunque estas no supieron de la existencia del escrito hasta dos años después.

El tema de los cinco votos está recurrido ante el Supremo que aún no ha dictado sentencia. En cualquier caso, Carlos Gutiérrez-Maturana-Larios Altuna, de 57 años, es desde 2011 el presidente de Mazacruz.

El asunto de la herencia es todavía más complicado. A pesar de la contundencia que el marqués empleó en el manuscrito que añadió al testamento, Carlos nunca fue desheredado del todo. “Quiero dejar a mis hijos, Pepe y Carlos, solamente la legítima estricta a la que me obliga la ley, insisto además que se pague en metálico”, escribió el marqués.

Las últimas resoluciones a ese respecto señalan que las legítimas deben pagarse: unos 20 millones de euros a cada hermano. Pero la valoración que se ha hecho en sede judicial de los bienes que heredaron las hermanas resulta insuficiente para cubrir esas cantidades. El resultado es que las dos hermanas que obtuvieron la mayor parte de la herencia se hallan ahora con sus bienes embargados hasta que se resuelva un nuevo juicio sobre el testamento.

Durante los años en los que la esposa del marqués y sus hijas gestionaron el Grupo Mazacruz, valorado ahora en unos 650 millones de euros, la Dehesa de los Llanos pasó por ser un modelo sostenible de explotación agrícola. Las tres mujeres iniciaron empezaron a producir queso, vino, aceite, miel y hierbas aromáticas. El queso manchego acabó logrando en 2012 el premio internacional al mejor queso del mundo y uno de sus vinos también ha sido galardonado este año. En ese tiempo, además, las mujeres cuadruplicaron los beneficios de los negocios inmobiliarios en Málaga.

Los frutos de ese trabajo han sido recogidos por el presidente de la compañía. Quienes han trabajado en la finca con él señalan que siempre ha sido escéptico con esos negocios y que siempre se ha interesado más por la caza, otro de los puntos fuertes de la Dehesa. A pesar de ello, ha mantenido al director de la finca y la línea empresarial, por ahora, parece continuista. El presidente del Grupo Mazacruz ha declinado la oferta de este periódico para dar su versión. Un portavoz alega que, puesto que el asunto está en los tribunales, prefieren no hacer comentarios.

“Han sido años de trabajo para mantener la rentabilidad y los puestos de trabajo”, explica una de las hijas, Bárbara, de 36 años. Suena el móvil y Bárbara contesta. “Es una buena noticia”, sonríe. Le acaban de comunicar que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha concedido el arbitraje, quizás el anuncio de un final a esta enrevesada batalla legal por la herencia del marqués.