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Poder y tragedia de los Rockefeller

La influyente dinastía afronta la muerte en accidente de uno de los suyos

Abby O´Neill y David Rockefeller y, a la izquierda, otro familiar. GETTY

Dinero, poder y filantropía han sido durante generaciones el pan de cada día de los Rockefeller, una de las dinastías financieras y políticas más poderosas de la historia contemporánea de Estados Unidos. Desde este mes, el nombre de los Rockefeller se asocia también a otro tópico habitual de los ricos y famosos: la tragedia.

La noticia de la muerte de su hijo Richard le llegó a David Rockefeller, nieto del magnate petrolero patriarca de la dinastía John D. Rockefeller y a su vez influyente banquero y filántropo, cuando acababa de celebrar su 99 cumpleaños.

El bisnieto del fundador de la Standard Oil falleció el 13 de junio a los 65 años al estrellarse la avioneta que pilotaba poco después de despegar de un aeródromo a unos 55 kilómetros de Nueva York. Regresaba a su casa en Maine tras haber celebrado con el resto de su extensa familia -eran seis hermanos- el casi centenario de su padre, el miembro de más edad del todavía poderoso clan.

El fallecido heredero renunció a su estatus para trabajar en Médicos Sin Fronteras

Richard Rockefeller había decidido desviarse de la carrera en finanzas y política a la que se ha dedicado buena parte de su familia y prefirió volcarse en la medicina. Pero siendo miembro de una familia largamente asociada a causas benéficas, no sorprende que durante años trabajara en la ONG Médicos Sin Fronteras, aunque en los últimos años prefirió dedicarse a tratar de mejorar los tratamientos para el trastorno de estrés postraumático de veteranos de guerras como Irak o Afganistán.

El fallecido Richard Rockefeller, en un hospital de Nigeria. CORDON

Las circunstancias de la muerte de Richard Rockefeller, un experimentado piloto, siguen siendo investigadas. Pero el accidente trae recuerdos inmediatos de otro drama que sacudió la opinión pública estadounidense hace casi 15 años: la desaparición en el Atlántico a bordo de su avioneta y junto a su esposa del heredero de otra familia “real” estadounidense, John John Kennedy, hijo del asesinado presidente John F. Kennedy.

La “horrible tragedia”, como la definió un portavoz de los Rockefeller, ha sacudido a la poderosa familia. Aunque no es la primera que afecta al legendario clan, cuya influencia, aunque quizás más discreta que décadas atrás, sigue siendo algo habitual en la vida estadounidense.

Michael Rockefeller era el hijo menor de Nelson Rockefeller, hermano del ahora jefe del clan David, vicepresidente estadounidense bajo el gobierno de Gerald Ford (1974-77) y que también fue largo tiempo gobernador de Nueva York. El joven Michael desapareció en 1961 cuando volcó la canoa en la que se desplazaba durante una expedición antropológica en Nueva Guinea. Tenía 23 años y nunca se halló su cuerpo. En su momento se afirmó que habría logrado llegar a la orilla pero que fue atacado -y comido- por caníbales, aunque su familia siempre negó esos rumores.

El propio Nelson Rockefeller moriría casi dos décadas después en circunstancias poco claras. Oficialmente fue un ataque al corazón, pero en su momento se rumoreó que había fallecido en presencia de su asistente y presunta amante de 25 años, Megan Marshack, quien tardó hasta una hora en pedir ayuda. El ex vicepresidente fue enterrado sin que se le practicara una autopsia pese a las dudas, recordaba el New York Post tras la última tragedia en el clan.

La historia de la familia se parece en influencia y desgracia a la de los Kennedy

Un año antes, en 1978, otro hermano de Nelson y David Rockefeller, John D. Rockefeller III, también falleció trágicamente en un aparatoso accidente de tráfico. Era el padre de Jay Rockefeller, actual senador por Virginia Occidental y el único de la dinastía Rockefeller que milita en el Partido Demócrata.

Elieen Rockefeller, otra de las hijas del actual patriarca David y la hermana menor del fallecido Richard, hablaba en un libro publicado el año pasado, “Being a Rockefeller” (Ser un Rockefeller) de las dificultades que conlleva un apellido de tanto peso como el suyo, pese a los inmensos privilegios que también comporta.

“No hay duda de que los privilegios superan de largo las responsabilidades y dificultades. Pero creo que donde comparto algo con los oyentes es que todos sufrimos por algo cuando crecemos. Y no importa si tenemos dinero o no, sufrimos a nuestra propia manera. Y el valor neto de nuestra cuenta bancaria no es ni mucho menos tan importante como el valor propio”, dijo en una entrevista con la cadena CBS con motivo de la publicación de sus memorias.

El patriarca de la saga, de 99 años, acumula una fortuna de 3.000 millones

En la entrevista, Eileen Rockefeller reconocía sin embargo no tener “ni idea” de cuánto dinero tiene, una despreocupación que sólo los muy ricos se pueden probablemente permitir. La fortuna de los Rockefeller hoy en día ya no es, comparativamente, tan grande como la del magnate John D. Rockefeller, considerado uno de los primeros multimillonarios de Estados Unidos. Con todo, con un valor neto estimado de 3.000 millones de dólares, el actual patriarca y padre de Eileen y el malogrado Richard, David Rockefeller, sigue figurando en las listas de los más ricos del país y del mundo.

Una prueba de que el nombre de los Rockefeller sigue siendo legendario es la estrambótica historia de Christian Gerhartstreiter o, como se le conoce en Estados Unidos, el “Fake-feller” o “Crockefeller”, el “falso Rockefeller”. Aprovechando la extensa genealogía del clan, este alemán llegado en los 70 a Estados Unidos se construyó una falsa identidad como Clark Rockefeller, supuestamente uno de los descendientes de la dinastía, y bajo ese alias se hizo durante más de una década un nombre en el mundo de las finanzas. Incluso logró engatusar a una alta ejecutiva con la que se casó y tuvo una hija.

La historia se destapó cuando, tras un duro divorcio, el falso Rockefeller secuestró a su hija y su ex mujer puso tras su pista al FBI, que acabó descubriendo su verdadera identidad. Desde 2013 Gerhartsreiter cumple 27 años de cárcel por un asesinato cometido en los años 80, cuando aún no era siquiera un falso Rockefeller. Aunque sigue gozando de la fama de la familia de la que tanto rédito sacó durante años, ya que su historia incluso inspiró una película, “¿Quién es Clark Rockefeller?” rodada en 2010.