EDITORIAL

Un modelo cuestionado

El preconcurso de Fagor muestra la incapacidad de reacción del cooperativismo ante la recesión

La crisis de Fagor, en preconcurso de acreedores para reducir la deuda de 1.100 millones y con 5.600 trabajadores amenazados de desempleo, es algo más que el hundimiento de una empresa de electrodomésticos. Fagor fue el germen histórico de la Corporación Mondragón y el ejemplo más convincente de que el cooperativismo vasco era una vía posible hacia el éxito económico. Fagor era, en suma, la encarnación de la mística industrial del País Vasco. Desde 1955 la historia de Ulgor-Fagor y la Corporación Mondragón —una cooperativa que tiene hoy unos 33.000 socios— ha sido una imagen triunfal. Hasta que Fagor, dañada por el desplome del consumo y obligada a cerrar plantas por no pagar a los proveedores, ha entrado en preconcurso.

El diagnóstico de esta crisis —que no es un concurso de acreedores ni una declaración de insolvencia— señala como responsable principal a la dirección del grupo. Fagor lleva en una situación continuada de pérdidas desde 2009 y, si atendemos a sus balances, en un tobogán de caída de ingresos prácticamente desde 2007. El estallido de la burbuja inmobiliaria, lógicamente, arrastró en su caída al mercado de electrodomésticos. A pesar de tan malas perspectivas, el grupo no reaccionó con la presteza debida para ajustar plantillas, prescindir de actividades con escaso valor añadido o cerrar rápidamente plantas de producción abiertas durante un periodo de expansión internacional que ha resultado un error estratégico. Hoy no se puede competir en la fabricación de lavadoras solo con calidad técnica y know how.

La defensa del empleo, núcleo ideológico del cooperativismo, es un argumento muy débil para explicar la parálisis de la dirección. Fagor necesitaba un plan de salvación en 2009 o 2010 y quizá, de haberse aplicado entonces, el empleo se hubiera conservado. Hoy sigue necesitando ese plan de viabilidad, pero como las circunstancias han empeorado el plan no garantiza el mantenimiento de la fuerza laboral —las previsiones más optimistas arrojan una pérdida de entre 800 y 1.000 puestos de trabajo—, ni siquiera la supervivencia.

Quedan cuatro meses de negociación. Fagor conseguirá seguramente quitas en la deuda e incluso asistencia financiera institucional o privada. Pero lo que Fagor y su Corporación necesitan (la asistencia a los desempleados puede afectar gravemente a Lagun Aro, otro de los pilares de MCC) es, sobre todo, un nuevo modelo de negocio que recoja opciones industriales distintas.