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La primera dama de México, una gaviota de altos vuelos

Angélica Rivera dejó de ser actriz de culebrones para casarse con Enrique Peña Nieto

Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto. REUTERS

Angélica Rivera era una de las actrices más populares de la televisión mexicana cuando conoció al actual presidente de la República. Corría el año 2008 y Enrique Peña Nieto, entonces gobernador del Estado de México, ideó una campaña publicitaria para promocionar su gestión a través de varios personajes famosos y Rivera fue elegida para participar. El tiempo pasó, la relación comenzó, y unos meses después, tras un encuentro con el papa Benedicto XVI en el Vaticano, donde un micrófono indiscreto descubrió sus intenciones, anunciaron a la prensa el compromiso.

“El momento y el lugar fueron los precisos para impulsar a estos dos personajes”, señala Alberto Tavira, periodista y autor del libro Las mujeres de Peña Nieto. “Las telenovelas en México son la religión más venerada, llegan a todos los sectores socioeconómicos. Mucha gente podía no saber quién era Peña Nieto y gracias a Angélica, lo conocieron. Desde un principio, los medios hicieron una cobertura informativa permanente de la pareja".

La boda se ofició en 2010 en la catedral de Toluca, capital del Estado de México, y tras una ceremonia íntima, la multitud congregada a las puertas del templo se abalanzó hacia el interior para hacerse con las flores y demás adornos encargados para la ocasión, recoge el relato de Tavira. Desde entonces Angélica Rivera (Ciudad de México 1969) dejó aparcada su carrera artística. La actriz había comenzado a trabajar a los 15 años, al ganar el concurso El Rostro de El Heraldo, lo que le valió para aparecer de modelo en el vídeo del cantante Luis Miguel Ahora te puedes marchar. Después de numerosos títulos en la pequeña pantalla, alcanzó el estrellato en 2007, con la novela Destilando Amor, donde dio vida al personaje de La Gaviota, apodo por el que popularmente se la conoce aún hoy. Ese mismo año inició los trámites para divorciarse del productor José Alberto Castro, con quien tiene tres hijas.

Tras conocer a Peña Nieto, Rivera dio un cambio de 180 grados también a su estilo. “En los años ochenta y noventa Angélica se producía acorde a los excesos de la moda, con el maquillaje recargado, las cejas tatuadas, los mechones rubios, los escotes pronunciados, las lentejuelas y las telas brillantes”, señala Tavira. “Desde que se hicieron novios se oscureció el cabello, empezó a llevar un maquillaje más limpio, trajes sastre y telas lisas. Se sofisticó para proyectar una imagen mucho más conservadora”, reconoce el periodista. No en balde, Angélica Rivera se ha implicado con el proyecto político de su esposo desde el primer día.

En la última campaña a la Presidencia de México, la otrora actriz ha desempeñado su propio papel. La web del candidato albergaba una sección bajo el epígrafe: “Lo que mis ojos ven y mi corazón siente”, una serie de vídeos grabados por ella misma desde el teléfono móvil donde se veía al candidato de forma cercana, en el antes y el después del acto público. Estas imágenes mostraban de forma recurrente los gestos de complicidad y cariño entre ambos. La página de Facebook de Angélica tiene cerca de 570.000 seguidores. En ella continúa publicando ahora las fotos de los eventos del ya presidente de México, combinadas con breves discursos en clave política.

No obstante, Sara Sefchovich, autora del libro La Suerte de la consorte no considera que su papel vaya a ser más destacado que el de las anteriores primeras damas [aunque el cargo no existe oficialmente en México, las esposas de los presidentes sí tienen un rol concreto]. “Ni siquiera veo intención de que vaya a ponerse al frente de alguna institución social, como sí lo han hecho otras”, señala.

“Una mexicana de cierto ámbito social y económico puede identificarse con ella", decía durante la campaña un asesor político que prefiere no ser citado. De ahí que desde el inicio de la relación se haya especulado con la posibilidad de que todo fuese un montaje.

Entre otras críticas, Peña Nieto ha sido acusado de haber posicionado su imagen rumbo a la candidatura de 2012 mediante contratos millonarios con Televisa. “No podemos montar nada en el corazón”, respondía Angélica Rivera a Alberto Tavira en una entrevista concedida en 2009. Ya el mismo día de la boda, una encuesta del diario Reforma dio el visto bueno a la pareja. En aquel momento, el 48% de los ciudadanos contestó que desearía que Rivera y Peña Nieto fuesen la siguiente pareja presidencial. Dos años después, como si de una telenovela se tratase, las urnas concedieron el deseo.