EL ACENTO

El islam en la República laica

Francia expulsa a un imán mientras crecen las muestras de islamofobia

SOLEDAD CALÉS

Un imán tunecino, que oficiaba en una mezquita céntrica de París, fue embarcado el miércoles en un avión y enviado a su país de origen sin perjuicio de su edad, 77 años, y de que llevara varios decenios de residencia en Francia. Se le acusa de haber apelado a la yihad, de haber exhortado a los castigos corporales a las mujeres y también de antisemitismo. El expediente de expulsión, iniciado en época del anterior ministro del Interior, el conservador Claude Guéant, lo ha cerrado su sucesor, el socialista Manuel Valls, quien se declara en contra de los “militantes religiosos que propugnan un islam radical” y a los que niega sitio en el país porque sus discursos “ensucian al islam” y no respetan los valores de la República.

La decisión del ministro se produce tras varios meses de insistencia de la derecha, ahora en la oposición, sobre los peligros del islamismo. Lo cierto es que este sector político, en nombre de la seguridad y de la identidad, y la izquierda, como defensora del laicismo y de la igualdad entre hombres y mujeres, complementan sus argumentos sobre un asunto que inquieta a muchos. El 63% de los franceses está en contra de que las mujeres lleven velo en público y el 43% consideran “más bien una amenaza” la presencia de musulmanes, según un sondeo de Le Figaro.

Pero el islam es la segunda religión de Francia. Lo practican millones de personas, y las asociaciones contra la islamofobia están preocupadas de la campaña en su contra, intensificada a partir de marzo pasado, cuando un pistolero de 23 años, Mohamed Merah, mató a siete personas en la región de Toulouse (tres alumnos y un profesor de una escuela judía, y tres paracaidistas) antes de morir él mismo en un enfrentamiento con la policía.

Nada tienen que ver esas actitudes terroristas con la vida cotidiana de los millones de musulmanes que viven bajo un Estado laico. Pero las amalgamas entre ellos y el islam radical se recrudecen en un país que sigue sin resolver la integración de esta minoría, por más banderas francesas que agite. La situación preocupa tanto a colectivos que luchan contra la islamofobia que uno de ellos ha lanzado una campaña bajo el lema: “Nosotros (también) somos la nación”.

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