EL ACENTO

Traduciendo los fraudes

El FBI también se dedica ahora a perseguir con ahínco las estafas financieras

SOLEDAD CALÉS

Desde los tiempos de J. Edgar Hoover (“Prefiero tener a Edgar dentro de la tienda meando hacia fuera que fuera de la tienda meando hacia dentro”, definió lapidariamente Lyndon Johnson), el FBI ha evolucionado que es una barbaridad. Ahora se dedica también a perseguir con ahínco los fraudes financieros. Recientemente, después de duros meses de trabajo, consiguió descifrar el código que utilizaban algunos bancos villanos para manipular la compra de deuda municipal estadounidense. Según los investigadores federales, los bancos acusados “hablaban en código, como la mafia o los traficantes de droga” para acordar los precios, manipular las subastas y engañar a los ciudadanos. La agencia ha detenido a tres empleados del banco suizo UBS y otras 19 personas están sometidas a investigación. Aseguran que Bank of America y JP Morgan Chase también están en la pomada. El FBI debería publicar el código, para que los contribuyentes se hagan una idea de la imaginación desplegada por los empleados defraudadores para burlar la vigilancia de las autoridades financieras. Con el FBI no han podido.

Algo no cuadra. ¿Necesitan de verdad los bancos e intermediarios financieros un argot o lenguaje encriptado para ocultar sus intenciones? ¿El lenguaje bancario no es lo suficientemente críptico como para despistar a los agentes de la ley y el orden? Si se han inventado un idioma propio para acordar los precios y burlar el mercado, debe ser extremadamente complejo. Como para que lo analicen los lingüistas del Instituto Tecnológico de Massachussetts. Quizá el FBI haya necesitado de intérpretes navajos, como el Ejército estadounidense durante la II Guerra Mundial, para leer los designios secretos de los defraudadores.

Puesto que el FBI ya ha conseguido lo más difícil y dispone de la decodificación del slang metabancario, podría ayudar a los consumidores españoles a descifrar el contenido de contratos e hipotecas, la letra pequeña de los préstamos y la interpretación de las comisiones bancarias. Todas legales, por supuesto, pero enigmáticas. Los clientes llevan decenios intentándolo y no lo han conseguido. Habrá que ser del FBI para entenderlos.

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