Verónica Forqué: "Siempre supe lo que era el clítoris"

Una charla con la actriz sobre las excelencias de la Thermomix, el disfrute del sexo, hablar con las plantas y cuántos vinos hacen falta para aceptar un papel

Ilustración de la actriz Verónica Forqué. / TOMÁS ONDARRA

Pregunta. Dice que Shirley, la obra que está representando en Madrid, no es un monólogo, sino un solo. ¿Qué más le da, si está consigo misma y punto?

Respuesta. Decimos solo porque suena mejor, más ligero y divertido. Monólogo suena a cosa como muy larga y un poco aburrida.

P. Al margen del nombre, ¿Verónica/Shirley no tiene perrito que le ladre?

R. Ya la ve, la pared. Ella con la pared tiene una relación magnífica.

P. Sí, habla a la pared, pero la pared, ni caso. ¿Es casi tan insensible como su marido?

R. No. No se ve, pero la pared le contesta continuamente. Tienen una relación de amor.

P. Al principio rechazó el papel por miedo. ¿Luego lo aceptó porque pasó a encontrarse estupenda?

R. Lo rechacé y lo acepté en el transcurso de una hora. Primero dije no, nos tomamos dos vinos y dije que sí. Soy fácil de convencer.

P. Sobre todo con el vino. En la función está más presente que su marido.

R. Es que estas mujeres necesitan el vino blanco. Shirley está muy sola, le falta mucho amor. Al productor, Nacho Artime, le gusta el vino blanco, y con dos vinos se me quitó el miedo. El vino blanco viene muy bien.

A corta distancia

Hotel de convenciones de la zona norte de Madrid. Aparece con sombrero de paja, cubierta hasta los pies y vestida de oscuro. Ni gota de maquillaje: “Ya me pintan como un coche en el teatro”. Vegetariana militante, no se concede ni la menor patata frita con la que alegrar su agua con gas, sin hielo y con rodaja de limón. Es muy entusiasta y apasionada, pero habla con calma y convicción. Le encanta lo que hace. Y cuenta de su madre, de su hija y de su pareja. No cree en la Iglesia católica, pero son para ella la Santísima Trinidad.

P. ¿Y por qué se ha pedido este agua con gas, para disimular?

R. Cariño, porque no estamos en hora [dos de la tarde]. No soy alcohólica.

P. ¿A partir de qué hora se es alcohólico, por pedir un vino?

R. Yo siempre lo tomo a partir de las ocho de la tarde.

P. ¿Está tan chunga de autoestima como su protagonista?

R. Gracias a Dios, ya no. Pero nos cuesta. Yo he sido una jovencita con una autoestima inmunda. Me sentía un gusano. Afortunadamente, me desapareció hace unos años, mucho gracias a mi pareja, que encuentra que soy la mujer más fascinante del universo.

P. ¿Por qué dice que está aburrida de sí misma?¿Qué es lo más aburrido que tiene?

R. La vanidad, el ego. El sufrir por eso. P. ¿Qué pasa, que se cree ideal?

R. En absoluto. Y por eso se sufre.

P. ¿En casa habla con la Thermomix?

R. No, pero es el mejor regalo que me he hecho a mí misma en los últimos tiempos. No sabe lo feliz que soy haciendo pan. La Thermomix me hace muy feliz. Pero hablar, yo hablo con las plantas. Y mucho con mi hija.

P. Cuenta en escena que su amiga Joana piensa que el Papa es un violador en potencia. Será en potencia del alma, como decían los catecismos.

R. Soy muy poco del Papa y de la Iglesia católica. No me va nada la cosa jerárquica, con esos millones, esos vaticanos, y esos paseíllos con esos trajes que me llevan. Lo encuentro muy ridícu­lo, que Dios me perdone. Y soy una persona que cree absolutamente en el espíritu. Y que sea un violador no lo pienso, pobre hombre.

P. ¿Cuando usted era joven no existía el clítoris, como en la función?

R. Gracias a Dios, mi generación lo sabía per-fec-ta-men-te, y yo siempre lo supe. He tenido mucha suerte de estar en un ambiente donde lo sabíamos; y nuestros novios, sobre todo, también.

P. ¿Y qué opina del clítoris su maestro de meditación?

R. Ha muerto este año, aunque su enseñanza sigue ahí; y no es un maestro de meditación, sino un gurú, algo muy raro para los occidentales, y que nadie puede comprender, a menos que hayas estado allí. En la India es una figura muy popular. Y nunca habló del clítoris, pero sí del deseo, de la pasión.

P. ¿Y usted, de deseo y de pasión cómo anda?

R. Yo he sido una persona muy apasionada, he disfrutado mucho del sexo y del amor, y tengo una pareja maravillosa, y como todas las de 50, y también lo dice Shirley, eso ha pasado a un segundo término. Sería insoportable la vida si estuviéramos siempre en plena pasión. Qué horror.

P. ¿Y ahora qué es lo más importante?

R. Mi niña, mi mamá y mi compañero.

P. Le ladre o no, ¿tiene perro?

R. No, porque mi pareja es poco de perro, y para mí sería como otro niño. He tenido tortuga y ratón, y les he llevado al veterinario, y he estirado la pata a las tortugas para ponerles el antibiótico. A mí me gusta mucho el animal. Yo soy vegetariana, no como animales. Cuando sea más vieja todavía, tendré una casa con un cachito de jardín, y tendré un perro.

P. A los 18 años quería ser Katherine Hepburn. Y su marido [Manuel Iborra, director de Shirley Valentine], Stanley Kubrick. ¿Están desilusionados?

R. Sigo queriendo ser Katherine Hepburn, no he perdido la esperanza. Pero, francamente, yo he cumplido mi sueño. Era muy pequeña y quería ser actriz.

P. Tiene cuatro goyas. ¿Algún picasso?

R. Joé, ya quisiera yo.

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