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Teresa Romero supera la infección de ébola  El segundo análisis practicado hoy a la auxiliar de enfermería da negativo, según fuentes médicas citadas por la agencia EFE.

Tía Pecu, la “peculiar” hermana de la reina Sofía

Sus sobrinos la llaman tía 'Pecu', por peculiar; ella misma se define como excéntrica

Irene de Grecia vive discretamente en la Zarzuela y es un apoyo en los momentos difíciles

Le interesan la cultura maya, los libros de ovnis y la medicina alternativa

La reina Sofía, acompañada de Irene de Grecia, su hermana, en una imagen de mayo de 2008. / SMB (KORPA)

No es una princesa al uso. No se pasea por los salones con trajes elegantes y valiosas joyas. No le gusta el lujo, prefiere la vida sencilla. No tiene una fortuna, ha donado su herencia a la ONG Mundo en Armonía, que trabaja en 30 países y que preside. No está casada ni tiene hijos, pero ha vivido grandes amores. Ella misma se define como una excéntrica, por eso sus sobrinos la llaman Pecu, por peculiar. Es Irene de Grecia, la hermana menor de la reina Sofía, la persona que se ha convertido en su confidente, cómplice y fiel acompañante. Con ella estaba el día en que el Rey sufrió una fractura de cadera.

Lleva muchos años viviendo en España junto a la familia real en el palacio de la Zarzuela, pero es muy poco conocida. Se esfuerza en pasar inadvertida incluso hasta la exageración. No sale en las fotos de grupo de los Borbón y Grecia. Cuando acompaña a su hermana en viajes, conciertos o exposiciones se las ingenia para quedarse en un segundo plano. Pero Irene siempre está. Es una figura importante de la familia. Sus sobrinos la ven como una segunda madre, y su cuñado, el Rey, la trata como a una hermana. La misma relación de cercanía mantiene con su hermano mayor, Constantino, y los suyos, instalados desde hace años en Londres.

“Mis éxitos”, dice, “se los debo a mi familia, a mis hermanos, pero mis errores son solo míos”. Esta es una de las pocas reflexiones que ha hecho en voz alta. Fue en una biografía autorizada que Eva Celada escribió de ella en 2007.

Irene cumple la semana que viene 70 años. Nació en Sudáfrica el 11 de mayo de 1942, cuando sus padres los reyes de Grecia Pablo y Federica estaban ya en el exilio. Residió en Roma y luego pasó más de una década en India, en Madrás, que considera su segundo hogar. Allí vivió con su madre, Federica, y recibía la visita de doña Sofía cuando buscaba complicidades.

Pese al desarraigo en que ha transcurrido su vida, es la más griega de la familia. Su sobrina la infanta Cristina es quien más se le parece. Prueba de la unión tía-sobrina es que la hija menor de los duques de Palma de Mallorca lleva el nombre de Irene. Cuentan que le hizo mucha ilusión la elección, pero rápidamente añadió con exagerada humildad: “No será por mí, sino porque les gusta el nombre”.

Como doña Sofía, es vege­ta­riana, toca el piano casi como una profesional, le interesa la cultura maya, los libros de ovnis y la medicina alternativa, aunque en 2002, cuando padeció un cáncer, acudió a una clínica tradicional de Madrid para tratarse con éxito de la enfermedad. Fue una dura época para la familia real que llevó con discreción. De aquellos días solo hay un recuerdo visible. Una de sus señas de identidad siempre fue una larga trenza que convirtió a partir de entonces y para siempre en un pelo corto, con un peinado similar al que caracteriza desde hace años a su hermana la Reina. Su pasaporte es español, y su apellido, “de Grecia”. Habla un español correcto, pero con bastante acento. Con sus hermanos y sobrinos se comunica en inglés o en griego. Y proclama: “Soy griega, aunque en España estoy como en casa”.

Cuenta, sin ningún tipo de rencor, que su hermana y ella no guardan resentimiento hacia su país porque “no somos los primeros que hemos perdido cosas. Siempre piensas en el pasado y te pones fatal. Es mejor pensar en el presente y en el futuro. A mi hermano Constantino le afectó mucho el tema del exilio y lo ha pasado muy mal, pero se ha planteado ir a vivir a Grecia. Gracias a Dios es otra generación y otros políticos. Son mucho más tolerantes ahora”. Visita su país familiar con frecuencia, muchas veces en compañía de doña Sofía, con quien comparte horas de ocio ahora que el Príncipe y las Infantas ya tienen sus familias y el Rey practica otras aficiones. La Reina tiene un reducido círculo de confianza en el que además de Irene están su amiga la princesa Tatiana Radziwill y su marido, el doctor John Fruchaud.

Admira a su sobrino Felipe: “Tiene un sentido del humor muy refinado. Le gusta dialogar, la discusión intelectual”. De su hermana dice: “Tiene unas cualidades que a mí me encantaría tener: serenidad, criterio, responsabilidad. Aguanta muchas horas de trabajo, el estrés. No necesita dormir tanto como yo, por ejemplo, es más fuerte. Además tiene mucha psicología, sabe siempre qué hay que hacer”. Ella, además de algo excéntrica, también es directa, vital y algo impaciente. Gracias a ese carácter logró en 1989, por ejemplo, que 72 vacas viajaran en un Boeing con destino a India. Eran un excedente del que ganaderos cántabros tenían que desprenderse. Ella busca donde sobra algo para dárselo a los más necesitados. Luego llegaron aventuras similares en Vietnam, Afganistán, Guinea Ecuatorial, Haití, y así hasta más de 30 países. Ella es así de peculiar.

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