EDITORIAL

Pacto de crecimiento

Avanza, sin concreciones, en la Unión Europea la idea de que no basta la austeridad fiscal

La creciente rebelión contra la política de austeridad a ultranza impuesta por Merkel en la eurozona ya tiene nombre: Pacto de Crecimiento. Pero no contenido. El término, en línea con las propuestas del aspirante socialista francés al Elíseo, François Hollande, se lo ha puesto el propio presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. Se va abriendo paso la idea de que la política de austeridad presupuestaria grabada en piedra en el Pacto Fiscal necesita completarse con una estrategia de crecimiento. Pero nadie sabe aún en qué ha de consistir.

Draghi, impreciso, se limitó a apelar a las reformas estructurales. Ayer, el otro Mario, Monti, a la cabeza del Gobierno italiano, consideró que tales reformas no generan crecimiento, por lo que es necesario pensar en nuevas inversiones públicas y privadas en sectores generadores de crecimiento y empleo. Merkel, pese a la perspectiva de perder aliados básicos como Francia y Holanda, se mantiene en sus trece. Habla de impulsar el crecimiento, pero no a costa de más déficit ni nuevos estímulos. Y Sarkozy se niega a flexibilizar los plazos para la reducción de los déficits.

La primera vuelta de las presidenciales francesas ha actuado de catalizador para este viraje aún no general. No solo porque haya llegado en primer lugar Hollande, que puede ganar el 6 de mayo y exigir renegociar el Pacto Fiscal para completarlo con una política europea de crecimiento. También por el temor al crecimiento del populismo antieuropeo de la extrema derecha, que con Marine Le Pen ha obtenido su mejor resultado en Francia, un 18,1%, o que con Geert Wilders ha hecho caer al Gobierno en Holanda al rechazar un segundo recorte este año —aunque el Parlamento finalmente ha encontrado una mayoría para aprobarlo—.

Casi en cada decisiva reunión del Consejo Europeo de los últimos años se ha hablado de crecimiento. En un momento dado para utilizar los sobrantes de los fondos no gastados. En otro, para aprobar e impulsar la Estrategia 2020, sucesora de la de Lisboa, que no ha dado resultados por falta de instrumentos adecuados. Tampoco se habla realmente de suavizar las dosis de austeridad, aunque cada vez son más los países que no van a poder cumplir sus objetivos este año y el 2013. El presidente del Consejo Europeo, Van Rompuy, ha hablado de convocar una nueva reunión extraordinaria para hablar de crecimiento tras las presidenciales francesas, aunque ha alertado de que no hay “soluciones milagrosas”.

España debería ser la primera interesada en este cambio del viento. Los informes del FMI y el Banco de España y el consenso de los expertos de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) confirman los temores sobre una recesión que se prolongará durante 2013 y un aumento de la tasa de paro hasta el 24,6%. Rajoy sigue manteniendo que España cumplirá los objetivos de déficit, en los que solo él cree. Y, mientras tanto, espera a que arranque el tren de la economía europea y arrastre a la española. Pero los ciudadanos y los mercados se preguntan: ¿por dónde va a crecer España?

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