EDITORIAL

Peor es la incertidumbre

Cada vez resulta más patente el coste de retrasar los Presupuestos hasta las elecciones andaluzas

El presidente del Gobierno considera la rectificación de Bruselas a su propuesta de déficit público como un respaldo a sus reformas económicas. Es cierto que el hecho de que la UE haya aceptado modificar el anterior límite de déficit del 4,4% se debe, en parte, a la positiva percepción que los socios comunitarios tienen de las reformas en España. Pero no es menos cierto que la decisión de exigir 5.000 millones más de recorte empeora la perspectiva de recesión para la economía española durante los próximos tres trimestres.

Se planteó erróneamente la fijación del techo del déficit como si fuera un pulso con Europa y cuando ese pulso se perdió, el Gobierno intenta ahora minimizar el nuevo recorte. La opción más adecuada hubiera sido negociar un nuevo calendario de estabilidad que demorase el objetivo del 3% hasta 2015. Los hechos son que Bruselas ha rectificado una decisión del Consejo de Ministros (esto y no otra cosa es la fijación del 5,3% del PIB en lugar del 5,8%) y que Rajoy ha aceptado un ajuste presupuestario para 2012 de 35.000 millones.

Los economistas más escépticos suponen que en una fase de recesión, con una contracción prevista del PIB del 1,7% durante el presente ejercicio, es imposible reducir el déficit desde el 8,5% del PIB actual hasta el 5,8% o el 5,3%. Cualquiera de ambos objetivos es prácticamente inalcanzable, salvo sesiones intensas de contabilidad creativa; y mucho menos el 3% en 2013. A estos efectos, cinco décimas no deciden el partido. Las cuestiones relevantes después de este juego de órdagos frustrados y posiciones desairadas basadas en un concepto de soberanía totalmente superado son, en primer lugar, saber dónde están los Presupuestos y, segundo, si la corrección prevista del déficit es posible sin subidas de impuestos. Los Presupuestos son imperativos para dotar a autonomías y ayuntamientos del marco económico institucional en el que pueden operar; peor que los recortes es la incertidumbre. Pero no habrá presupuestos hasta después de las elecciones andaluzas.

Solo con subidas de impuestos (IVA, especiales) el objetivo de déficit para 2012 resulta verosímil, porque los efectos recesivos añadirán necesariamente requerimientos añadidos de recortes; sin subidas de impuestos la tarea es un imposible casi matemático. El ministro Cristóbal Montoro ya ha iniciado el viraje al anunciar que se aplicarán “instrumentos fiscales de manera ponderada, equilibrada y justa socialmente y que no afecte a los más débiles”. La acumulación de adjetivos, sin embargo, no aumenta la claridad.

El juego que practicaba el Gobierno de esconderse detrás de las previsiones macroeconómicas europeas primero y de la revisión del déficit después, ha terminado. Si se prolonga más, se verá el truco. Los ciudadanos quieren ver dónde aplicará los ajustes y comprobar si se dispone de una política económica, por supuesto debidamente acordada con los otros socios europeos en el seno del Eurogrupo, para acelerar la recuperación y crear empleo.

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