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Reportaje:

'Carmen' en chanclas

El Teatro del Liceo convoca a más de dos mil personas para seguir en la playa de la Barceloneta la representación de la popular ópera de Bizet

"No tenías que haber matado a Carmen. Te podías haber venido conmigo, que estaba ahí...". El tenor Fabio Armiliato, el celoso y violento Don José de Carmen, fue la noche del miércoles objeto de este reproche por parte de una simpática setentona que acudió a la playa a ver la popular ópera de Bizet cuyas representaciones cierran esta semana la temporada en del Teatro del Liceo de Barcelona. La obra se trasladó a orillas del Mediterráneo donde fue seguida por dos mil personas gracias a una gran pantalla instalada en la playa de la Barceloneta, de la que, al bajar el telón en el último acto, 'saltaron' los cantantes a la arena a recibir la calurosa ovación del público y también alguna recriminación por el trágico final.

Ni la amenazante lluvia pudo con la seductora Carmen en versión de Calixto Bieito. Las nubes se despejaron para dejar en su honor una estrellada noche y una cálida temperatura. Toallas en la arena, bocadillos, trajes y tacones. Unos optan por improvisar sus butacas tumbados en la playa. Otros esperan su turno para entrar en la gran platea de 2.050 sillas en la plaza del Mar. La longitud de la cola evidencia la expectación que despierta la iniciativa, que ya va por su quinta edición.

Por el tradicional patio de butacas optaron Núria Quintana, barcelonesa de 74 años y habitual de las temporadas del Liceo desde sus adolescencia, y su nieto Arnau Busquets, de 15, que ha hecho su bautismo operístico con esta Carmen. "Me encantaría que le gustara y me acompañara más veces", comenta Núria, que ha elegido este original "escenario" para despertar el gusanillo de su nieto. Y parece que con éxito: "Es muy especial estar aquí, aunque también debe serlo ir al Liceo", afirmaba Arnau en el intermedio de una obra que sigue con atención.

Olas de atrezzo para la ópera

En las otras butacas, las playeras -tumbona y toallas-, la música se mezcla con el rumor del mar. "Voy normalmente al Liceo, soy abonado, pero nunca había una ópera en la playa", explica recogiendo su silla plegable y sus bolsas, Cimarose Van Kuyk, una holandesa que reside en Barcelona desde hace una década. Hasta 20 compañeras del grupo Barcelona Women's Network (Red de Mujeres en Barcelona), punto de encuentro de mujeres de todo el mundo que llegan a la capital catalana, acudieron a sugerencia de una de ellas. "Ha sido fantástico", resume Cimarose, feliz además de haber tenido la oportunidad de saludar a la soprano María Bayo, una de sus artistas preferidas.

También los cantantes del reparto se muestran entusiasmados con la iniciativa. "Normalmente no me gusta ver la ópera en vídeo, pero aquí, en la playa, es otra cosa. Por el sonido que te envuelve, el entorno, la gente... Creo que sí mantiene la emoción de la representación", aseguraba la citada María Bayo mientras recibía la felicitación de los espectadores, muchos de los cuales aprovechaban para fotografiarse con sus ídolos. A Fabio Armiliato podrán verle pronto de nuevo en una pantalla, pero en este caso de cine, porque participa en la película que Woody Allen rueda actualmente en Roma. Interpreta a un tenor "algo especial", desvela. "No puedo decir nada más. Woody Allen no me deja", se excusaba con una sonrisa.

La iniciativa de llevar la ópera a la playa -también se instaló una pantalla en el Palau Robert y se retransmitió simultáneamente a través del Canal 33- apenas tiene detractores. Otra cosa es la versión de Carmen que presentaba en esta ocasión el Liceo. Un montaje firmado por el polémico director de escena Calixto Bieito y que levanta tantos elogios como rechazos. Las dos visiones las representan Eva Visauta y Eva Flo, que aparte del nombre comparten amistad y profesión (ambas son biólogas), pero no su opinión sobre la representación. "A mí sí me gusta la escenografía", comenta Eva Flo mientras su amiga la tilda de "demasiado moderna".

No hay que olvidar Bieito prescinde de los tópicos de la Carmen de Bizet y viaja del siglo XIX a la década de 1970, cambiando a los soldados del Tercio de Dragones por un regimiento de legionarios en Ceuta y a los bandoleros de la Sierra de Ronda por unos contrabandistas. Modificaciones que provocan el habitual estupor y controversia que suelen acompañar a las obras del Bieito y de los que no escapa esta Carmen desde que fue estrenada en 1999 en Peralada (Girona). Pero que logra cautivar a la mayoría de los que acuden a verla, incluso en chanclas.