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domingo, 5 de febrero de 2012
Análisis:Economi$mo

Un solo portavoz económico

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Ni siquiera la foto de la reunión de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos, presidida por el mismísimo Mariano Rajoy, ha convencido a los españoles de que hay unidad de criterio en la política económica del Ejecutivo. Los hechos son siempre más potentes que las palabras y no cabe duda de que en los casi 50 días de existencia del nuevo Gobierno se han producido innumerables faltas de coordinación (cuando no contradicciones) entre los ministros de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, y de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro.

El debate de la semana partía de la pregunta ¿puede mantenerse el Gobierno sin un vicepresidente económico? Y la principal conclusión de las opiniones de los expertos (tanto las publicadas en elpais.com como las recibidas en conversaciones con algunos de ellos) es que un Gobierno no puede tener dos portavoces económicos: solo debe haber uno. Y, preferiblemente, que ocupe el cargo de vicepresidente y tenga mando sobre el otro.

Santiago Carbó: "Lo importante es que haya coordinación para convencer a los inversores y Bruselas de que hay una dirección firme y sin fisuras"

Diego Peñarrubia: "Lo habitual es que si Economía y Hacienda se separan sea para darle la vicepresidencia a la primera"

José García Solanes: "Las principales reformas estructurales pendientes requieren un Ministerio de Economía que coordine desde un nivel superior"

Desde instancias cercanas al equipo económico se dan todo tipo de explicaciones sobre las bondades de haber desdoblado la tradicional vicepresidencia en dos ministerios y que sea el propio presidente del Gobierno el responsable máximo de la política económica. Sin embargo, en menos de siete semanas de vida, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, ha tenido que dar la cara en muchas ocasiones para explicar lo que querían decir Montoro o Guindos sobre un mismo asunto, con mensajes claramente diferentes. En alguna ocasión, los mensajes eran opuestos.

Siempre hay iniciados cercanos al poder que ofrecen explicaciones muy elaboradas que justifican los mensajes contradictorios entre los dos ministros. El más rebuscado se produjo hace dos semanas, después de que Cristóbal Montoro afirmara que iba a ser muy difícil cumplir el objetivo de déficit público en 2012 y fue respondido un día después por Luis de Guindos, desde Bruselas, que insistió en que el objetivo seguía vigente y que se cumpliría.

A juicio de estos iniciados, esta bicefalia está perfectamente diseñada y sirve para que uno de ellos lance globos sonda antes de tomar una u otra decisión, para provocar el debate, que será zanjado al poco tiempo por la vicepresidenta. A pesar del espíritu gallego de Mariano Rajoy, la teoría me parece absurda. Sobre todo conociendo a los dos ministros enfrentados.

Los expertos de Economismo coinciden en la necesidad de que más de una voz económica en un Gobierno contribuye a la desinformación. Sobre todo en estos tiempos de crisis e incertidumbres en los que estamos sometidos al escrutinio de los mercados y de nuestros socios europeos.

Diego Peñarrubia explica que "lo habitual es que si Economía y Hacienda se separan sea para darle la vicepresidencia a la primera, porque un Ministerio de Economía separado de Hacienda solo tiene sentido en cuanto que coordine al conjunto del área económica. La principal muestra de ello nos la da el segundo apellido que se le ha puesto al Ministerio: Competitividad. El ministro ha centrado los primeros pasos de esa competitividad en la consolidación fiscal y la reforma laboral, ambos temas fuera de sus competencias, con lo que el lío está servido. Y eso es un problema para todos, salvo que la diversidad de voces forme parte de una estudiada estrategia que permita decir una cosa y la contraria a la vez".

En la misma línea, aunque dando un paso más, se sitúa José García Solanes, que defiende la necesidad de una vicepresidencia económica en el Gobierno. "Las distintas parcelas económicas, y por supuesto las principales reformas estructurales pendientes (financiera, laboral, sanidad y educación), están interrelacionadas y requieren un Ministerio de Economía que las coordine desde un nivel superior", dice. "No hacerlo así creará conflictos (ya los está creando), pero tiene explicación si se tienen en cuenta dos ideas anatema de los partidos liberales".

"La primera", explica García Solanes, "es que cada cual 'haga sus deberes' (¿les suena la frase?). De ese modo, la coordinación sobra: cada ministro en su casa y Rajoy en la de todos. La segunda es el dúo credibilidad / confianza. Sin duda, el jefe de Gobierno español habrá pensado que si la credibilidad antiinflacionista se logra cediendo la política monetaria a un banco central independiente, la mejor manera de transmitir al mundo que en reducción del déficit público no nos gana nadie es asignar esa tarea a un ministerio independiente con gran predicamento en el tema. Aunque ello nos lleve a prescindir de las dos grandes armas estabilizadoras, la monetaria y la fiscal, en plena fase de recesión económica".

Santiago Carbó da una opinión más matizada, aunque coincide con los otros dos profesores en la absoluta necesidad de una mayor coordinación entre ministerios económicos. "Lo relevante no es que haya un vicepresidente económico; lo más importante es que haya coordinación", afirma Carbó. "La coordinación es fundamental, sobre todo ahora que las políticas fiscales, las de competitividad, las financieras y otras de enorme relevancia tienen muchas implicaciones unas sobre otras. Estas interrelaciones marcan un primer nivel de coordinación que se refiere a generar políticas cohesionadas para objetivos comunes como el restablecimiento de la confianza, la austeridad y disciplina presupuestaria o la búsqueda de mecanismos de financiación para la economía real".

Añade Carbó que "el segundo nivel de coordinación se refiere a las acciones de corto plazo, donde es preciso consensuar claramente los mensajes antes de comunicarlos a la sociedad y de implementar las medidas que llevan asociados. En definitiva, no son necesarios más responsables de la política económica, sino la coordinación que se espera para lograr convencer a inversores, analistas y a Bruselas de que hay una dirección firme y sin fisuras".

En definitiva, los mensajes contradictorios dentro de un mismo equipo resultan, a juicio de nuestros expertos, altamente peligrosos en tiempos de inestabilidad financiera, económica y política. La falta de un vicepresidente económico provoca, además, situaciones tan absurdas como que los presidentes de las principales empresas españolas acudan a una reunión convocada con urgencia por el nuevo Gobierno y se encuentren con el ministro de Exteriores animándoles a vender la marca España, mientras que el ministro de Economía y Competitividad ni estaba ni se le esperaba.

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