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Reportaje:Diseño

La feria ha muerto, viva la feria

La Valencia Disseny Week intenta atraer la mirada internacional

El enorme cartel de "Se vende edificio" que cubre la fachada del hotel Feria de Valencia resume la situación. Hace solo una década las colas ante el restaurante cruzaban el umbral sobre el que ahora cuelga el letrero. No es el único cartel revelador. Vallas publicitarias, orquestadas por la Asociación de Diseñadores Valencianos a modo de necrológica de la lámpara imperio -"RIP: Descanse en paz Lamparita Imperio"- han empapelado las estaciones de metro con provocaciones más sentimentales que macabras y que, en rigor, deberían haber incluido la esquela del propio evento. Agonizante, este año la feria Habitat (www.feriahabitatvalencia.com) ya solo ha sido capaz de congregar a dos grandes del diseño español (los premios nacionales Stua y Andreu World) que, eso sí, eligen la feria de Milán para presentar sus novedades.

Aunque es evidente que el diseño y la feria se divorcian y aunque su muerte viene anunciándose desde hace varios otoños, el asunto es peliagudo porque cada vez son más los que, septiembre tras septiembre, se empeñan en celebrar su renacimiento. La paradoja no es baladí. Los empresarios que no encuentran motivo para exponer en el interior del recinto, insisten en demostrar su buena disposición para reunirse a discutir sobre diseño y para compartir sus ganancias celebrando fiestas, inauguraciones o exposiciones en las que emplean tantos o más recursos que los que gastarían asistiendo a la feria. ¿Qué tiene todo esto que ver con el diseño? Mucho.

Sería un error despreciar el componente social de todos estos actos, sean fiestas, exposiciones o intervenciones. Porque si en una feria de novedades ya no se presentan novedades pero la gente sigue saliendo a la calle a ver y a hablar es porque le interesa el tema. Que la cerveza sea gratis ayuda, está claro. Pero no en todos los locales hay copas. Lo que hay en todas partes es gente hablando. La situación de la feria del mueble más importante del país no parece pasajera porque no es la crisis la que imposibilita presentar novedades, es la lógica la que aconseja no hacerlo. España no es hoy el lugar de hace 20 años cuando cada silla extravagante era una novedad reseñable. Hoy tenemos y sabemos más. Por eso, cuando cualquier novedad tiene un aire de familia, lo lógico es dedicarse a hacer otra cosa. Sea esta hablar, pensar, discutir, rehacer o rectificar. ¿Conviene que el diseño siga flirteando con la moda, con sus profesionales, y abrazándose a su calendario de frenética reposición? ¿Podría ser importante reunirse todos los años a tomar paella a pesar de que no haya nada que mostrar? ¿Sería mejor convertir la feria en un evento bienal? ¿O debería esta emplear su capacidad logística para resituar la muestra de diseño en el escenario de la ciudad?

En realidad, rebautizada sucesivamente en un intento de lifting nominal, la feria Habitat hace años que desborda el recinto ferial. La Valencia Disseny Week -una larga semana de visitas a talleres y showrooms-, apuesta por dar a conocer a la prensa extranjera lo que para los locales ya es familiar. Se aplaude la ambición. Solo que uno debe saber donde se mete. Con la mirada puesta en el extranjero, la competencia es mayor. Nadie quiere viajar desde Alemania para descubrir algo que no tiene entidad. Así, sea diálogo, exposición o itinerario, un filtro de calidad debería colar lo que en Valencia deciden asociar con la palabra diseño. Algunas de las propuestas de este año, como la estantería de Cuatro Cuatros o el juego de mesas que Tres Patas mostró en el Nude han pasado ese filtro. Como en la socorrida sentencia lampedusiana, algo deberá cambiar para que todo siga igual.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de septiembre de 2011