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Crítica:DANZA

Toque al clítoris

La coreógrafa Elena Córdoba avanza en su tozudez expositiva, da un paso más en busca siempre de su estilo, su expresivo conceptual. Desde una sugerente improductividad dramática, establece un torturante reto al físico, exporta la intimidad hasta la contorsión o el estatismo del desnudo, según la pauta de taller escogida.

La obra trata de un estudio de las caderas de la mujer y todo lo que albergan, asegura la artista. Pero va mucho más lejos en la disección consciente. El resultado oprime e impacta.

El poder de la música (a la que injustamente se le niega crédito en el programa) empasta y justifica esa resultante crítica, le da un sentido político específico. Una inexistente estructuración convencional, todo aquello que puede no ocurrir o acaso suceder en mucho menos tiempo, dimensiona la obra en una elegante levedad ralentizada, oscura. Piénsese en las tres gracias, en la posibilidad de una deconstrucción del canon pictórico o escultórico, donde Córdoba explota una pantomima doliente y referida al barroco, pero culminada irónicamente con un repetido y sobrio toque de clítoris que solo se permitiría Anaïs Nin.

RUDDIGORE O LA ESTIRPE MALDITA

A partir de la opereta de Gilbert & Sullivan. Versión: Egos Teatre. Reparto: Anna Alborch, Lali Camps, Rubèn Montañá, Alber Mora, Maria Santallusia, Toni Sans y Francesc Mora. Dirección: Joan Maria Segura. Teatro Fernán Gómez. Hasta el 19 de marzo.

No puede decirse lo mismo de las luces de colorines que no vienen a cuento y perjudican tanto el concepto de la obra como su plástica. Había que abstraerse de los focos cenitales fucsia o verde loro para encontrarse con los cuerpos en su alterante desnudez, en su intención primera.

Fue un estreno accidentado que dice mucho de la profesionalidad de las artistas que estaban en escena: sonó repetidamente un móvil con sintonía de Bach que su usuario se negaba a apagar y consultaba; los ronquidos de un espectador se impusieron en uno de los momentos en silencio y una tos bronquial con peso de barítono estableció una extraña síncopa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de febrero de 2011