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El debate sobre la inmigración divide a los conservadores de Merkel

La canciller alemana aviva la polémica al dar por fracasado el multiculturalismo

La entente entre los partidos del Gobierno alemán se resquebraja al calor del debate sobre la inmigración gestado el pasado verano. La coalición entre la Unión Demócrata Cristiana (CDU), su partido hermano de los socialcristianos bávaros, y los liberales se ha enredado en una polémica con acentos populistas en torno a la integración social de los musulmanes. Durante un congreso de las Juventudes Democristianas celebrado el sábado en Potsdam, la canciller Angela Merkel dijo que "los esfuerzos por construir una sociedad multicultural han fracasado absolutamente". Enviaba así un receloso apoyo al líder socialcristiano y primer ministro de Baviera, Horst Seehofer, que el viernes proclamó que "Alemania no debe convertirse en el asistente social del mundo". El católico bávaro ha sostenido en las últimas semanas que Alemania "no es un país de inmigración" y ha abogado por rechazar nuevos "inmigrantes de otros ámbitos culturales". Es decir, nada de musulmanes.

La ministra de Trabajo dice que la economía necesita a los extranjeros

Mientras, una encuesta de la fundación Friedrich Ebert, cercana al Partido Socialdemócrata (SPD), recogía esta semana que casi el 60% de los alemanes son partidarios de "restringir sustancialmente las prácticas religiosas" de los musulmanes. Si bien con un planteamiento bastante impreciso, la encuesta demuestra lo revueltas que están las aguas que gustan a los pescadores de votos. Sin embargo, los democristianos están dejando de nuevo que el debate derive en cacofonía.

En una entrevista publicada ayer, la ministra de Trabajo, Ursula Von der Leyen (CDU), próxima a la canciller, asegura que "hace años que se van de Alemania más personas de las que vienen" y se mostró partidaria de "rebajar los requisitos de inmigración para los que vienen a sacar adelante el país". En un discurso perfectamente opuesto a las declaraciones de Seehofer, Von der Leyen afirma: "Debemos esforzarnos para atraer a los inmigrantes que necesita la economía alemana". En el mismo tenor, la ministra de Educación, Annette Schavan, advertía sobre la falta de personal cualificado en las empresas: "No es la inmigración lo que debe preocuparnos, sino la emigración desde Alemania".

A su vez, el número dos del grupo parlamentario democristiano, Michael Fuchs, señaló que "el ámbito cultural del que provengan los inmigrantes no debe ser el criterio [de acogida]". Según la Cámara de Comercio Alemana, el país necesita 400.000 ingenieros, técnicos y obreros cualificados.

Pero las palabras de Merkel ante las juventudes de su formación política suponen una toma de posición ante la insatisfacción que cunde entre las bases más conservadoras de su partido, crecida con los reveses sufridos por el Gobierno desde principios de año. No obstante, hace un par de semanas y echando mano de su proverbial cautela, Merkel decía del futbolista internacional alemán de ascendencia turca Mesut Özil que "es la demostración de que el islam es parte de Alemania". Lo repitió el sábado ante los militantes en Potsdam, pero obtuvo con ello muchos menos aplausos que cuando certificó la defunción del multiculturalismo.

Está por ver si el giro retórico de Merkel hacia posiciones conservadoras responde a cambios en sus planes de Gobierno. Lo que es incuestionable es su actual vulnerabilidad. Los primeros 12 meses de su coalición con los liberales han supuesto el annus horribilis de una dirigente acostumbrada a vencer. Su actuación en la crisis del euro erosionó gravemente su liderazgo, lo mismo que la derrota electoral de mayo en Renania del Norte-Westfalia. Tanto es así que ya se ha abierto un debate sobre su posible sucesor al frente de la CDU, aunque es improbable que Merkel tenga problemas para ser reelegida en noviembre presidenta democristiana.

Más problemáticos serán los comicios regionales de Baden-Wurtemberg, el próximo marzo. La CDU gobierna el próspero Estado sureño desde 1953. Pero las encuestas recientes dan la victoria a verdes y socialdemócratas. La pérdida de su feudo de Stuttgart sería un revés de consecuencias impredecibles para Merkel y afilaría los cuchillos de los aspirantes a sucederla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de octubre de 2010