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Entrevista:ALMUERZO CON... JUAN GRACIA

"Debería haber hecho más cosas antes de enfermar"

¿Cuánto vale lo que vale un riñón? Olvidé preguntar lo sustancial, pero juraría que Juan Gracia Armendáriz (Pamplona, 1965) habrá encontrado miles de respuestas en esas horas que pasa enchufado a una máquina que depura su sangre. ¿Un riñón a cambio de la inteligencia? ¿De la gloria?

-Creo que Roberto Bolaño habría dado un libro suyo por un hígado.

Convengamos que también Juan Gracia Armendáriz daría un libro suyo por un riñón nuevo que le permitiese convertir en realidad cosas tan vanas para nosotros y tan inalcanzables para él como bañarse en el mar, viajar sin reloj o comer a sus anchas en este restaurante que ha elegido como segunda -la primera rebosaba- y segura -la frecuenta- opción. Podría renunciar a Cuentos del jíbaro o La línea Plimsoll, pero el precio más justo a pagar habría sido Diario del hombre pálido (Demipage). Seguro que Juan Gracia habría renunciado gustoso a escribir las impresiones que recogió durante 169 días en hospitales y unidades de hemodiálisis a las que acude desde que en 2008 le extirparon el riñón que le habían transplantado hacía más de dos décadas para suplir una insuficiencia renal. "Sentí como si me hubieran quitado un hermano, como si arrancaran parte de mí", confiesa tras despachar el gazpacho.

El escritor, pendiente de un trasplante, ha publicado un diario con su experiencia

Con ese riñón ajeno, Juan Gracia ha escrito poemas y novelas, ha dado clase en la Facultad de Ciencias de la Documentación, ha ido a China a adoptar a su hija, Alejandra, y ha cubierto siniestros sucesos como el crimen de Puerto Hurraco en su etapa de reportero. Pero los órganos tienen fecha de caducidad. El riñón ajeno dijo un día basta y la vida de Juan Gracia se desmoronó. Se jubiló, se separó, se mudó a Pamplona y se enchufó de nuevo a unas máquinas que depuran y esclavizan por igual.

Nada durante el almuerzo delata la enfermedad, excepto los copos blancos que coronan las patatas y el pollo del menú del día. Son copos de fosrenol, el medicamento que le mantiene a raya el potasio y el fósforo, dos elementos que se le disparan y que le obligan a vetar lácteos, frutos secos, conservas o bocatas de chistorra.

-Un enfermo es una persona ensimismada. Cuando tienes gripe no puedes pensar en nada más que tu gripe. Solo quieres que te quiten el dolor, no es perder la dignidad, es parte del barro del que estamos hechos.

En su diario, cuenta las vidas de sus compañeros de diálisis y sus experiencias con el personal sanitario. Algunas son pavorosas. Otras reconfortan. Es un ejercicio de literatura patográfica que se devora, tenga uno o no una salud de hierro. El escritor-paciente desvela miedos, fantasea venganzas (describe un centro imaginario donde los médicos ensayan en sí mismos los tratamientos) y revive frustraciones, como las dos citas para una donación fallida.

-Que te llamen para anunciar un riñón es como la lotería. No pienso demasiado en ello. La primera vez fue muy decepcionante tras 12 horas de espera. La próxima estaré tranquilo.

-¿Se siente distinto a quienes no esperan un órgano?

-Me siento con menos libertad. Antes hice muchas cosas, pero debería haber hecho más. La vida tiene un sentido del humor acojonante. Cuando era profesor siempre me quejaba de que no tenía tiempo para escribir, ahora tengo todo el tiempo del mundo.

El Rincón de Andy. Madrid

- Dos gazpachos.

- Pollo asado al limón. - Pimientos rellenos.

- Dos cafés y dos copas de vino.

Total: 20 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de julio de 2010

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